Tag Archives: Globalización

Más sobre el cisne negro

Comments off

Más sobre el cisne negro

Alberto Benegas Lynch (h)

https://www.infobae.com/opinion/2018/04/20/mas-sobre-el-cisne-negro/

En realidad el problema central de las sociedades consiste básicamente en el deseo irrefrenable de gobernantes por manejar vidas y haciendas ajenas. Por introspección sabemos lo que queremos y, sobre todo, somos también concientes de los cambios que operan en nuestro interior y en el medio que nos rodea. No somos la misma persona hoy que la que fuimos ayer ni seremos la misma mañana, debido a que incorporamos otros conocimientos, otras perspectivas y otras preferencias. Seguimos manteniendo la misma identidad, pero nuestros horizontes no son los mismos si hemos aprovechado el proceso de prueba y error en nuestras vidas. Las circunstancias y las situaciones son permanentemente cambiantes, lo cual nos hace modificar decisiones previas. Esto es lo que precisamente no toman en cuanta los burócratas que pretenden administrar lo que concierne a otros.

La interacción libre y voluntaria entre las partes permite un proceso de win-win en el contexto del óptimo Pareto, esto es, que cada uno de los participantes en una sociedad abierta mejora su posición respecto a la que tenía antes de la transacción. Esto es lo que no entienden llamados líderes del mundo libre como hoy Donald Trump, que ha iniciado una guerra comercial, en verdad un oxímoron, puesto que, como queda dicho, por definición, el comercio apunta a la obtención de ganancias para todas las partes involucradas. Nadie interviene en una actividad comercial si no es con la idea de ganar. La terminología de las así denominadas “guerras comerciales” no figura en los diccionarios fuera de los aparatos estatales que ponen palos en las ruedas.

Como también se ha apuntado, en el contexto del mercado el sistema de precios basado en la propiedad privada trasmite información sobre qué hacer y qué no hacer. En esta situación, los empresarios están incentivados para satisfacer al prójimo al efecto de incrementar su patrimonio, de lo contrario, incurre en quebrantos.

Si los aparatos estatales se inmiscuyen en el mercado, se distorsionan los precios y, por lo tanto, la contabilidad y la evaluación de proyectos también quedan desdibujadas, con lo que la asignación de los siempre escasos recursos se dirige a áreas distintas de las que se hubieran aplicado si no hubiera habido la antedicha intromisión, cosa que se traduce en derroche de capital, que, a su vez, implica una contracción en los salarios e ingresos en términos reales.

En otros términos, la intervención gubernamental en los negocios privados no solo bloquea la referida información, sino que concentra ignorancia en los así llamados planificadores estatales, en lugar de abrir cauce al aprovechamiento del conocimiento siempre disperso y fraccionado. Como ha apuntado Michael Polanyi, cada uno en el spot tiene sus habilidades, a veces “conocimiento tácito” cuando no lo puede explicitar, pero en todo caso ninguno de los operadores en el mercado tiene la visión de conjunto. Como también se ha subrayado desde la escuela escocesa en adelante, este proceso produce un resultado que no ha sido previsto por ninguno de los participantes. Solo en las mentes afiebradas de los megalómanos cabe la posibilidad de improvisar perspectivas omnicomprensivas que intentan manejar, con los resultados catastróficos por todos conocidos.

Antes he escrito sobre lo que a continuación expongo, pero estimo que es del caso reiterar aspectos de lo dicho. De tanto en tanto aparecen libros cuyos autores revelan gran creatividad, que significa verdaderos desafíos para el pensamiento. Son obras que se apartan de los moldes convencionales, se deslizan por avenidas poco exploradas y, por ende, nada tienen que ver con estereotipos y lugares comunes tanto en el fondo como en la forma en que son presentadas las respuestas a los más variados enigmas intelectuales.

Este es el caso del libro de Nassim Nicholas Taleb, titulado El cisne negro, publicado por Paidós en Barcelona (que me recomendó en su momento mi amigo y ex alumno Enrique Pochat). El eje central del trabajo de marras gira en trono al problema de la inducción tratado por autores como Hume y Popper, es decir, la manía de extrapolar los casos conocidos del pasado al futuro como si la vida fuera algo inexorablemente lineal. Lo que se estima como poco probable, ilustrado en este libro con la figura del cisne negro, al fin y al cabo ocurre con frecuencia.

Ilustra la idea con un ejemplo adaptado de Bertrand Russell: los pavos que son generosamente alimentados día tras día. Se acostumbran a esa rutina, la dan por sentada, entran en confianza con la mano que les da de comer hasta que llega el Día de Acción de Gracias en el que los pavos son engullidos y cambia abruptamente la tendencia.

Taleb nos muestra cómo en cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas. Nos muestra cómo en realidad todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos” (salvo algunos escritores de ciencia ficción). Nos invita a que nos detengamos a mirar “lo que se ve y lo que no se ve” siguiendo la clásica fórmula del decimonónico Frédéric Bastiat. Por ejemplo, nos aconseja liberarnos de la mala costumbre de encandilarnos con algunas de las cosas que realizan los gobiernos sin considerar lo que se hubiera realizado si no hubiera sido por la intromisión gubernamental que succiona recursos a que los titulares hubieran dado otro destino.

Uno de los apartados del libro se titula “Suguimos ingnorando a Hayek” para aludir a las contribuciones de aquel premio Nobel en Economía y destacar que la coordinación social no surge del decreto del aparato estatal, sino, como queda dicho, a través de millones de arreglos contractuales libres y voluntarios que conforman la organización social espontánea y que las ciencias de la acción humana no pueden recurrir a la misma metodología de las ciencias naturales, donde no hay propósito deliberado sino reacción mecánica a determinados estímulos.

La obra constituye un canto a la humildad y una embestida contra quienes asumen que saben más de lo que conocen (y de lo que es posible conocer), un alegato contra la soberbia gubernamental que pretende administrar el fruto del trabajo ajeno en lugar de dejar en paz a la gente y abstenerse de proceder como si fueran los dueños de los países que gobiernan. En un campo más amplio, la obra está dirigida a todos los que posan de sabios poseedores de conocimientos preclaros del futuro. Y no se trata de memoria insuficiente para almacenar datos, como ha puntualizado Thomas Sowell, el problema medular radica en que la información no está disponible antes de haberse llevado a cabo la acción correspondiente.

Por su parte, Teleb pone en evidencia los problemas graves que se suscitan al subestimar la ignorancia y pontificar sobre aquello que no está al alcance de los mortales. Es que, como escribe, “la historia no gatea: da saltos” y lo improbable, fruto de contrafácticos y escenarios alternativos, no suele tomarse en cuenta, lo cual produce reiterados y extendidos cementerios ocultos tras ostentosos y aparatosos modelitos matemáticos y campanas de Gauss que resultan ser fraudes conscientes o inconscientes de diversa magnitud, al tiempo que no permite desembarazarse del cemento mental que oprime e inflexibiliza la estructura cortical. Precisamente, el autor marca que Henri Poincaré ha dedicado mucho tiempo a refutar predicciones basadas en la linealidad construidas sobre lo habitual, a pesar de que “los sucesos casi siempre son estrafalarios”.

Explica también el rol de la suerte, incluso en los grandes descubrimientos de la medicina como el de Alexander Fleming en el caso de la penicilina, aunque, como ha apuntado Pasteur, la suerte favorece a los que trabajan con ahínco y están alertas. Después de todo, como también nos recuerda el autor, “lo empírico” proviene de Sextus Empiricus que inauguró, en Roma, doscientos años antes de Cristo, una escuela en medicina que no aceptaba teorías y para el tratamiento se basaba únicamente en la experiencia, lo cual, claro está, no abría cauces para lo nuevo.

El positivismo ha hecho mucho daño a la ciencia al sostener que no hay verdad si no es verificable; a lo que, por una parte, Morris Cohen responde que esa proposición no es verificable y, por otra, Karl Popper ha demostrado que nada en la ciencia es verificable, es solo corroborable provisoriamente que debe estar abierta a posibles refutaciones.

Los intereses creados de los pronosticadores dificultan posiciones modestas y razonables y son a veces como aquel agente fúnebre que decía: “Yo no le deseo mal a nadie, pero tampoco me quiero quedar sin trabajo”. Este tipo de conclusiones aplicadas a los planificadores de sociedades terminan haciendo que la gente se alimente igual que lo hacen los caballos de ajedrez (salteado). Estos resultados se repiten machaconamente y, sin embargo, debido a la demagogia, aceptar las advertencias se torna tan difícil como venderle hielo a un esquimal.

En definitiva, nos explica Taleb que el aprendizaje y los consiguientes andamiajes teóricos se lleva a cabo a través de la prueba y el error, y que deben establecerse sistemas que abran las máximas posibilidades para que este proceso tenga lugar. Podemos coincidir o no con todo lo que nos propone el autor, como que después de un tiempo no es infrecuente que también discrepamos con ciertos párrafos que nosotros mismos hemos escrito, pero, en todo caso, prestar atención al “impacto de lo altamente improbable” resulta de gran fertilidad. Al fin y al cabo, tal como concluye Taleb, cada uno de nosotros somos “cisnes negros” debido a la muy baja probabilidad de que hayamos nacido.

Por último y en tren de no desperdiciar el tiempo, para actualizar nuestras potencialidades en busca del bien y en lo posible evitar sorpresas de nuevos cisnes negros, debemos bucear en nuestros propios interiores. En este sentido, consignamos al margen que también resulta de interés prestar atención a tantos autores que conjeturan sobre lo que ocurre mientras dormimos en cuanto al significado de los sueños, puesto que no es menor el hecho de que durante una tercera parte de nuestra vida no estamos despiertos, por lo que una persona de 75 años ha dormido 25 años. Un tiempo tan prolongado que no justifica desentenderse de lo que allí sucede.

El autor es Doctor en Economía y también es Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Ilustración: Daniela Martín del Campo

Comments off

Utopía de la patria

Revista Nexos VIERNES, 6 DE ABRIL DE 2018, https://www.nexos.com.mx/?p=35483 

Álvaro Ruiz Rodilla
—1989—

“No amo mi patria/ su fulgor abstracto/ es inasible”. En estos versos iniciales de “Alta traición” han fincado su relación con México varias generaciones. El poema citadísimo de José Emilio Pacheco sigue así: “Pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos/ cierta gente/ puertos, bosques, desiertos, fortalezas […]”; y desde ahí empiezo: un punto y aparte, o verso de pie quebrado, con el que recordar que los nacionalismos alimentan ideologías nefastas y, peor aun ahora, con ese despertar xenófobo que ha ganado terreno en Estados Unidos y Europa. Aun así, es imposible rechazar el apego al territorio y a su gente. La idea de “México” me lleva primero a pensar en un territorio del pasado, la tierra perdida de la infancia, las plazas y avenidas que vieron nacer a mis padres. El lugar exacto en el laberinto de Borges: la vida a la que llegamos por una puerta de entrada desconocida, al igual que ignoramos la de salida. La otra idea de “México” es menos una sensación y más una construcción intelectual: la historia y la geografía que compartimos, los ingenios de una lengua juguetona, con sus modismos y su música que nos amarra y apacigua, los espejos enterrados de nuestra identidad imaginada, siempre plural y cambiante. Ninguna de esas ideas de México deja de ocuparme y atormentarme, a veces como una mano grotesca y proteica que me aplasta, otras como un paisaje de mar y aire que se abre.

 

         Aunque del país de nuestros padres recibimos, con todos sus bemoles, una clase media más sólida, la transición democrática, universidades de primer nivel y una cultura escéptica ante el legado de la nación revolucionaria, parece que en el México de 2018 todo queda por hacer. Nuestro país es un erial de fosas y desaparecidos, de tierras sin ley en donde ha vuelto la tiranía feudal y el cobro de suelos. La guerra del narco tiene cada vez más las características de una guerra civil. Un poeta que renuncia a sus versos luego del atroz asesinato de su hijo es el símbolo que nos define ahora. Los hijos de México mueren en un campo de batalla inasible. ¿Qué pasará con toda una generación de jóvenes arrastrados por la ola de violencia que levantó esta guerra? ¿Cómo es su presente desesperado, aislado? Al futuro del país lo pueblan sombras errantes y ríos de sangre.

Podremos imaginar, a contracorriente, utopías siempre deseables. Pero ya es una esperanza áspera concebir que quien escoge el camino del trabajo honesto, el cansancio de las más de cuatro horas diarias en transporte público, el riesgo de atravesar zonas feminicidas, de ser asaltada, secuestrada o violada, es un héroe anónimo cotidiano porque resistió al poder avasallador de la violencia, de las redes y el dinero criminales. La altura de nuestras esperanzas, ahí, se reduce. En el horizonte se agolpan los nubarrones del delito institucional y la corrupción eterna. El cielo se cierra sobre islas de miedo, inseguridad y pesimismo. Nuestras expectativas suelen situarse entre dejar de empeorar o resignarse a consignas inútiles y amargas: “todos los políticos son iguales”; “todos roban”.

Es de todos conocida la frase de Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no contenga la isla de Utopía no vale la pena mirarlo siquiera, pues deja por fuera imaginar el único país en que la humanidad siempre desembarca”. Está claro que el XXI no es el siglo del idealismo. Pero vale la pena pensar en ese mapa, no desde la abstracción impuesta sino desde una imaginación serena. Recuerdo un proyecto impulsado, en 2011, por la revista La Vie des Idées: pensar el mundo en 2112. En vez de vaticinar más catástrofes, abrir ventanas de posibilidades. Varios intelectuales imaginaron, entonces, ese mundo futurístico; otros hicieron el ejercicio de ficción retrospectiva: escribir la historia desde el 2112. Techo salarial igualitario a partir del control fiscal y el control ecológico, reducción drástica de presos y cárceles, creación de una Asamblea Ciudadana Rotatoria con elecciones mediante sorteo, revolución de la movilidad urbana mediante el reemplazo del vehículo privado de combustión por transporte público inteligente —personal y masivo— y la reorganización urbana en polos de trabajo y vivienda, etcétera. Se dice fácil, pero lo importante no es la validez de estas ideas —hoy parecen risibles o descabelladas— sino constatar que también, en su época, parecía utópica la abolición de la esclavitud, el sufragio universal, la emancipación de las mujeres, el derecho a la educación o el seguro social. Y, sin embargo, estos principios alimentaron nuestras aspiraciones democráticas durante siglos.

En el México de hoy, todo lo anterior es mucho pedir. La utopía inmediata está más bien en pacificar el país, encontrar a los ausentes o darles sepultura a nuestros muertos. Porque al final —vuelvo a saquear al clásico— “quizá no es tiempo ahora./ Nuestra época nos dejó/ hablando solos”.

 

Álvaro Ruiz Rodilla
Investigador y editor en nexos en línea.

Prediciendo el futuro de largo plazo hacia el 2118

Comments off

Predicting the Long-Term Future – 2043, 2118, and 2218

Tomado de: Fast future publishing, https://us10.campaign-archive.com/?u=b2bac6b3fa5b485c0809f5c81&id=b937ebb586 or http://mailchi.mp/fastfuturepublishing.com/2018-12gdpr, 04/06/2018

The team at Fast Future have been doing an exercise to envisage scenarios of what our world might look 25, 100, and 200 years into the future. Here are the outcomes. We’d welcome your thoughts on these scenarios, and your own views on how our world might play out.

2043: How the world might look in 25 years 

Artificial living – artificial intelligence (AI) will permeate our world. The technology will be in use across every aspect of society from healthcare and education to entertainment and financial services. Smart systems could manage our social lives, help us select the ideal partners for dating, marriage, and reproduction, monitor our health in liaison with our doctors, and personalise our education so content is delivered in the way we learn best. The technology will be making legal decisions in court, determining our benefit payments, fact checking politicians, and powering the transport sector.

Smarter money – By combining the power of AI and blockchain, the concept of money could evolve into electronic tokens with far more types of assets tradeable within the one “currency”. For example, we might earn tokens from our employment, as rewards from retailers and airlines, and as micro-credits for completing workplace training or school learning tasks. Instead of simply liking a track from a musician, we could now make a micro-payment to them with a fraction of a token. This evolution from cash and cryptocurrencies towards a universal means of exchange could mean the end of cash and foreign exchange markets.
Rohit Talwar, CEO, Fast Future

Autonomous city centers – Following a widely invoked policy to ban petrol and diesel fuelled vehicles from city centers, the same happened with manually driven cars. An era marked by exponential change has seen changing ideas of asset ownership, radical leaps forward in AI, increasingly efficient electric propulsion units for vehicles, and the emergence of smart city infrastructures. These relatively smooth transitions led to other changes in cities, including the removal of redundant traffic signals and the remodelling of some street intersections.

Autonomous cargo aircraft – While most passengers are sceptical about an autonomous plane ride to their destination in the sun, cargo has no such qualms. While regulations allow the operation of autonomous aircraft for cargo purposes, they are still operated between specialist cargo hub airports, separate from passenger traffic.

Autonomous commuter trains – Overground and subway / metro commuter services are now fully automated in many cities. At busier stations and at peak travel times, train staff supervise the safety of passengers at the station, but the trains themselves are fully autonomous with AI systems driving the train and monitoring passengers. As yet, long distance express trains retain on board crews, although much like civilian aircraft, the drivers’ roles are to supervise the systems and provide on board customer service.

The first 3D printed Moonbase – Following a series of missions to create an autonomous 3D accommodation manufacturing facility on the Moon’s surface, the facility is now ready. The Moonbase will support greater and more extensive autonomous and human exploration of the Moon’s surface and serve as a base for onward missions to deep space.
Steve Wells, COO, Fast Future

Food revolution – Within next 25 year every aspect of the life we know will change. The way we produce our food will change. Fruits and vegetables might be grown in buildings controlled by AI rather than on farms, meat could be cloned, and we might see widespread consumption of 3D printed food.

Asia rising – Looking at the development of the Asian market, is reasonable to expect that within 25 years world economic and industrial leadership will have passed to China and India. The growth of China and other Asian economies will continue to outstrip more developed nations as see Asian nations as the driving force of the world economy rather than the USA and European countries.
Karolina Dolatowska, Researcher, Fast Future

Agricultural disruption – The food chain will undergo a major transformation led by AI, vertical farming and lab grown meat. Hydroponics plants, fruits, and vegetable might change agriculture as we know it, and help revolutionize the food industry. Overpopulation is having major consequences, driving a lack of growing space and food in many parts of the world. The growing global population will force us to find creative solutions. Having AI-controlled hydroponic vertical farms on the sides of buildings might be one of the solutions.

Artificial meat – In-vitro cloned meat could be another future solution to our food supply problems. While lab grown meat may still face many challenges, such as flavour control, it also has many advantages such as less waste, less risk of viruses, reduced space requirements, and lower emissions and environmental impacts among others. These benefits seem to outweigh the disadvantages and drawback of traditionally reared livestock. The idea of artificial meat might disturb us, nonetheless this solution seems to be finding its way into our diets.
Helena Calle, Researcher, Fast Future

Water innovation – As climate change continues to alter rainfall patterns worldwide, water may become an increasingly scarce resource. Regions with the financial capital may be able to invest in the latest microfiltration technologies, thus allowing constant recycling of waste water into drinkable water. Desalination plants may be the solution in arid regions along coastlines. Hopefully, as technology improves, and costs fall, the issues associated with desalination, namely high energy usage and residual salt, could be resolved to such a degree that coastal regions all over the world would be able to afford desalination.
April Koury, Researcher, Fast Future

Artificial wombs – within the next 25 years it may be possible to prevent preterm mortality in infants by use of artificial wombs that provide all the conditions required to safely achieve full development and birth of a foetus. This technology would at first be used to save at-risk pregnancies but may over time become a reproductive technology available to consumers interested in having a baby without pregnancy.

Antibiotic failure – Many pathogens are gaining immunity to the antibiotic medicines available today. Without antibiotics, common illness and medical procedures, even pregnancy and childbirth, could become endangering events. In the next 25 years, is it possible that we will experience “the end of antibiotics” (as the World Health Organization put it in 2016)? Fortunately, the microbial threat is being met with advanced drug development, allowing medical researchers to explore new approaches to fight superbugs. New strategies on the horizon range from genetic modification of germs and implantable semiconductors through to the discovery of new antibacterial agents in soil.
Alexandra Whittington, Foresight Director, Fast Future

2118: How the world might look in 100 years 

The world has been transformed by the rise of artificial intelligence (AI), the emergence of artificial superintelligence (ASI), and the reworking of economic and financial systems using distributed technologies such as blockchain. The majority of people now work on a voluntary basis as all their basic needs are catered for by guaranteed incomes and free universal services such as transport, food, education, and utilities. Old notions such as government have been replaced by community decision making and the community at large now owns the intellectual property for all new advances in science and technology. The community is also a 50% shareholder in every business, with the returns reinvested based on priorities set by the community. You can still work if you want to – but no one has a job, we just play various roles in society, and self-organisation by activities is the way most things get done.

Society leads a far more balanced existence on the planet – only using what we need, managing our resources more sustainably. The focus of education is on maximising the individual’s talents and potential, and with lifespans of 150 years or more now routine, there is plenty of time to try our hand at everything we’d like to do. Wealth has been redistributed with a maximum multiple of ten between the assets of the richest and poorest, but most assets are in public ownership. Education centres such as schools, colleges, and universities have become the gathering centre for the community, where anyone can attend free courses, run 24/7/365 and delivered by anyone who has something to say – either in presence or via a variety of electronic delivery services.
Rohit Talwar, CEO, Fast Future

“A world divided between abundance and automation – where technology has been deployed for the good of society; where products and services are basically free across a numbers of linked nation states and trading / political blocks with reasonably successfully harmonised taxation and regulatory systems – and the rest; states initially side-lined as politically and economically incompatible and a number of disparate nation states struggling to make the transition to the “modern” world, and a source of unrest within their own borders and internationally, have basically divided the world in two.

Colonies on the Moon and Mars are beginning to thrive with corporate governance. Given the colonisation – initially through a moon base staging post to Mars – was established by the private sector rather than the state players involved in the 1960’s and 70’s space race, there was little that governments on earth could do other than hang onto their coat tails as the technology developed came through company R&D activities. Both the Moon and Mars became staging posts for autonomous missions deep into the solar system as the search and commercialisation of other planets gathers pace.”
Steve Wells, COO, Fast Future

2218: How the world might look in 200 years

“In 2218 the natural systems of the earth could be well on their way to rebounding from the brink of collapse. If today’s decision-makers choose to put resources toward avoiding ecological collapse (including strict adherence to carbon policies, and full support for development of renewable energy), the world of 2218 might be a more healthy and balanced place where life can be supported for hundreds of years to come. Some scientists, including the late Stephen Hawking, warn that we have 100 years of life left on this planet. Instead of exacerbating the issues for another 100 years, we could solve the problems we have created on earth which threaten life as we know it. If we take that advice today, and begin repairing things now, we may have a very desirable, functional and safe ecosystem for future generations to enjoy. If we do not, I doubt there will be much to see in 2218”
Alexandra Whittington, Foresight Director, Fast Future

Earth has become part of the Inter-Galactic Federation of Planets (IGFP). The period from 2020-2050 saw a series of inter-related and cascading collapses of the economic, trade, financial, political, environmental, and social systems that had previously steered growth and progress. Advances in technologies such as AI had only served to accelerate dysfunctionality and wealth disparity. After the chaos of systemic failure, the planet gradually moved to adopt open, fairer, and more ecologically sound governance practices. As Earth started to establish a new equilibrium, so members of the IGFP started to make contact and introduce us to their values, ways of life, and advanced science and technology. Earth finally joined the IGFP in 2120 after a prolonged period of transition and adjustment.

In 2018, the New Earth now pursues an ecologically sound path and stewardship of the planet is a core part of the education curriculum alongside community engagement and civic responsibility. Abundance has become a reality, money no longer exists as a means of exchange, but citizens can accumulate credits for their acts of learning and service. Credits can be traded for the rights to visit the most distant of planets or to work on the most community focused initiatives. Manufacturing of goods is largely in the hands of technology, and ownership has been replaced by usership, with sharing a key organising principle across society. Everyone can have a say on every issue, and an elected IGFP governance council serves strict two year time limits to steward through the choices made by citizens.
Rohit Talwar, CEO, Fast Future

Los Precarios languidecen en el peldaño inferior del sistema laboral mundial

Comments off

Las 5 mentiras más grandes del capitalismo global

Image: REUTERS/Gary Hershorn/Files (UNITED STATES – Tags: CITYSCAPE SOCIETY) ATTENTION EDITORS: PICTURE 04 OF 40 FOR PACKAGE ‘NYC – A SEASON IN THE CITY’ SEARCH ‘NYC HERSHORN’ FOR ALL IMAGES – RTX13TBE

15 ene 2017

Los Precariat se pueden dividir en tres otros grupos: los Atavists, que añoran un pasado perdido; Nostalgics (nostálgicos) que esperan en vano un presente, un hogar; y Progressives (progresistas) que esperan un futuro perdido. El último grupo incluye mayormente a los que van a la universidad solo para terminar con muchas deudas y poca esperanza de una carrera o desarrollo personal.

El primer grupo, los Atavists, es el que ha participado del alboroto político al apoyar el Brexit, el triunfo de Donald Trump, la Liga Norte de derecha en Italia, el Frente nacional de Marine Le Pen en Francia, y otros populismos nacionalistas en otros lugares de Europa. Básicamente, en cada lugar que parece ganar la derecha populista.

Pero los Progressives también se han revelado, parándose codo a codo con los gustos de Podemos en España, Bernie Sanders en los EE. UU., Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, el Alternativet en Dinamarca y los nuevos movimientos de izquierda en Alemania, Portugal y Escandinavia.

Mientras tanto, las minorías, los inmigrantes y los refugiados que forman parte de los Nostálgicos, están latentes, y con seguridad no podrán seguir mucho más sin esperanza.

La era del odio

Hay claramente mucho odio allí afuera, un gran descontento sobre las élites y el orden establecido que alimenta bastante energía política. Los tres grupos de los Precariat están reaccionando de diferentes maneras al crecimiento de la desigualdad e inseguridad económica de las últimas tres décadas; todos han visto el desmantelamiento del sistema de distribución de ingresos del siglo 20 que vinculó ingresos y beneficios a trabajos.

Por el interés de la competitividad en una economía mundial globalizada, los gobiernos de todas las facetas introdujeron reformas al mercado laboral que promovían flexibilidad pero acentuaban inseguridades de Precariat. Al debilitar las normativas para los bancos y las compañías financieras, permitieron que los financistas tengan más ingresos mientras empujan a los Precariat a mayores deudas. Reforzaron derechos de propiedad de todo tipo: físicos, financieros e intelectuales, que dieron una participación mayor de ingresos y riqueza a los poseedores de activos a expensas de todos los demás. Y otorgaron recortes impositivos para los ricos y subsidios generosos para las empresas, mientras demandaban reducciones en el gasto público para equilibrar presupuestos, cortaban beneficios para los Precariat y bajaban la renta absoluta y relativa.

En cada caso, el argumento era que las medidas impulsarían el crecimiento económico, al agrandar la torta para que todos puedan compartirla. En cambio, casi todas las ganancias han ido a una pequeña élite mundial, que, sin sorprender realmente, ha presionado incluso para obtener más. No hubo compensación alguna.

Y cuanto más se presente este prospecto fraudulento, más enojadas se pondrán todas las partes de los Precariat. Las feas consecuencias políticas deberían estar claras para todos.

No es demasiado tarde para que las democracias liberales presenten reformas transformadoras que respondan a los problemas de los Precariat mientras promueven el desarrollo y el crecimiento económico. Pero hasta ahora solo hubo palabras donde se necesitan acciones. Las élites liberales deben realizar verdaderas concesiones o encontrar los valores que reclaman conservar, tolerancia, libertad, seguridad económica y diversidad cultural, a un gran riesgo, en especial cuando se trata de la ira de los Atavists.

Lo primero que hay que hacer es enfrentar el sistema actual del capitalismo rentista. Aquí es donde una creciente proporción de riqueza va a propietarios de activos ya privilegiados (rentistas), mientras que los ingresos de la mayoría de los trabajos disminuyen de valor. John Maynard Keynes predijo en 1936 que el desarrollo del capitalismo durante el siglo 20 terminaría en “la eutanasia de los rentistas”, cuando la captación de rentas se haga más difícil. La realidad ha mostrado lo contrario. Las empresas y financieras han aprovechado su creciente influencia para inducir a los gobiernos y organizaciones internacionales a que construyan un marco global de instituciones y normativas que permitan a las élites maximizar sus ingresos por rentas.

El capitalismo moderno está basado en cinco mentiras:

1. La primera mentira es el reclamo de que el capitalismo mundial se basa en mercados libres. Sin exagerar, podríamos decir que lo que se ha construido es el sistema de mercado menos libre que se pueda imaginar. Además, la propiedad intelectual resulta ser una de las principales fuentes de ingresos por rentas, a través del poder de mercado creado por la divulgación de marcas (fundamental para una identidad corporativa), derechos de autor, derechos de diseño, indicaciones geográficas, secretos comerciales, y sobre todo, patentes.

Las industrias de alta aplicación de tecnología y conocimientos, que ahora representan más del 30 % de la producción mundial, ganan lo mismo o más en ingresos de renta por derechos de propiedad intelectual como por la producción de bienes o servicios. Esto representa una elección política de los gobiernos alrededor del mundo para otorgar monopolios sobre conocimiento a intereses privados, permitiéndoles restringir el acceso público al conocimiento y elevar el precio de obtenerlo, o de los productos y servicios que representan. No por nada Thomas Jefferson dijo que las ideas no deberían ser sujeto de propiedad.

2. La segunda mentira es que se necesitan fuertes derechos de propiedad intelectual para alentar y recompensar los riesgos de inversión en investigación y desarrollo. Incluso es el público, los contribuyentes normales, que soportan el costo de mucha de esa inversión. Muchas de las vacas lecheras empresariales derivan de la investigación financiada públicamente, en instituciones o universidades públicas, o a través de subsidios y exenciones tributarias. Además, la mayoría de las innovaciones que dieron grandes resultados en ingresos de rentas a las empresas o individuos son el resultado de una serie de ideas y experimentos atribuibles a muchos individuos o grupos que no son recompensados. Y muchas patentes se presentan para bloquear a la competencia o evitar demandas, y no están pensadas para ser explotadas para la producción.

3. La tercera mentira es que el fortalecimiento de los derechos de propiedad es bueno para el crecimiento. Por el contrario, al aumentar la desigualdad y distorsionar los patrones de consumo, se obstaculizó el crecimiento e hizo que el crecimiento existente sea menos sustentable. El crecimiento lento e inestable desarrolla frustración económica para millones, sin mencionar los riesgos políticos que vienen con ella.

4. La cuarta es que los beneficios crecientes reflejan la eficiencia administrativa y un retorno a asumir riesgos. En realidad, el aumento de participación en beneficios ha ido principalmente a aquellos que reciben un ingreso de rentas, en gran parte vinculado con activos financieros.

5. “El trabajo es el mejor camino para salir de la pobreza”. Esta es la quinta mentira, y la más importante políticamente. Para millones de personas entre los Precariat, es una broma pesada.

Guerra a los salarios

Esta es la clave. El sistema de distribución de ingresos se ha deshecho. En toda la OCDE, los salarios reales se han ido estancando durante tres décadas. La parte de ingresos que va al capital ha ido aumentando y es mucho más elevada de lo que solía ser. Y los asalariados con altos ingresos se llevan una mayor participación del ingreso que va al empleo, afectando más a los Precariat.

Tres relaciones económicas ilustran lo que sucede con los salarios. Primero, solía ser el caso de que cuando crecía la productividad, los salarios crecían en paralelo; ahora, en los EE. UU. y en otros lados, los salarios no cambian. Segundo, solía suceder que cuando aumentaban las ganancias, los salarios aumentaban; ahora, los salarios no cambian. Tercero, solía suceder que cuando aumentaba el empleo, los salarios promedio también aumentaban; ahora, los salarios promedio incluso pueden caer, porque los trabajos nuevos pagan menos.

Sin importar cuán duro trabajen los Precariat, enfrentan escasas perspectivas de escapar de una vida de inseguridad económica. Y cuanto más se mantenga esa verdad inconveniente, mayor es el peligro de que escuchen a los populistas autoritarios de cuasiverdad que ofrecen revertir la historia. La única forma de escapar a estas “políticas del infierno” es construir un nuevo sistema de distribución de ingresos apropiado para el siglo 21.