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POLÍTICAS 4.0 PARA LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Las plataformas colaborativas han transformado el transporte urbano y el turismo, el blockchain tiene el potencial de cambiar por completo el sector financiero y la inteligencia artificial está dándole la vuelta a la manera en que hoy en día se hace ciencia. Las novedades sobre startups e innovaciones digitales que revolucionan industrias enteras y cambian hábitos de consumo nos recuerdan a diario que estamos viviendo en la nueva economía digital, la cuarta revolución industrial en pleno desarrollo.

En este contexto, enfrentamos una creciente complejidad de desafíos con fronteras borrosas entre sectores y una multiplicidad de problemáticas interrelacionadas. Las plataformas dedicadas al transporte urbano también reparten comida, las empresas de agroindustria que usan drones o las empresas que están probando coches autónomos entran a operar en sectores regulados de transporte. Y todo pasa por el uso de datos. En el sector de energía, el desarrollo de energías renovables o las redes inteligentes demandan nuevas capacidades y marcos regulatorios cada vez más apoyados en la generación e intercambio de datos masivos. La sostenibilidad del sector de salud pasa hoy por la atención virtual, en tanto que la salud móvil y el historial clínico electrónico generan cada vez mayores volúmenes de información con potencial de mejorar los procesos de diagnóstico y la efectividad de medicamentos. En la construcción, la digitalización y compartición de datos entre todos los actores de la cadena de valor permite asegurar el cumplimiento de normativas, hacer mantenimiento predictivo de la infraestructura y ahorrar costos.

Asimismo, se trata de un nuevo contexto de cambio tecnológico acelerado e incertidumbre que está alterando el modo en que las empresas innovan y en el cual más actores públicos, privados y ciudadanos participan en la ideación, adopción y uso de innovaciones. Es cada vez más común la innovación abierta: grandes empresas y startups llevando adelante procesos co-creación y colaboración para poder innovar al ritmo que les impone el mercado, con soluciones más baratas y ágiles. Se dan igualmente esquemas de innovación similares desde el gobierno.

¿Cuáles son las implicancias para América Latina y el Caribe?  Si bien algunos países latinoamericanos han formulado ambiciosas agendas digitales nacionales, en general la respuesta de las políticas públicas en la región no está poniendo suficiente foco en la generación de capacidades en el sector privado para adoptar y utilizar tecnologías digitales para su transformación. En este blog analizamos la necesidad de actualizar las políticas de apoyo a la innovación en esta revolución digital para que los países de la región no pierdan la oportunidad de subirse a esta ola digital que puede impulsar la productividad y contribuir a resolver desafíos sociales y ambientales.

América Latina en el nuevo contexto digital

Según estadísticas recientes, las empresas latinoamericanas presentan importantes brechas de adopción en muchas de las nuevas tecnologías digitales con respecto a países de la OECD, lo cual afecta negativamente la innovación y la productividad al tratarse de tecnologías que tienen impactos transversales en toda la economía. Los datos disponibles para ciertos países de Latinoamérica (ver gráfico) muestran que las tecnologías de datos masivos (big data) y computación en la nube son utilizadas por un porcentaje mucho menor de empresas (la mitad o menos) en comparación a los países OECD. Y estas brechas son aún más pronunciadas si se tienen en cuenta el tamaño de las empresas.

uso de tecnologia en empresas

Las brechas en cuanto a la digitalización de servicios públicos son igual de serias. De acuerdo un informe reciente de Naciones Unidas, solo 5 de los 19 países de ALC están entre los 50 más digitalizados del mundo, y según Open Data Barometer, solo un 10% de los datos gubernamentales están en formato abierto.

Pero no solo hay brechas de uso de nuevas tecnologías sino también de conectividad y calidad de la conexión, lo que limita el alcance de los potenciales beneficios de la economía digital. La penetración de banda ancha no supera el 50% en los países latinoamericanos, mientras que en la OECD es cercana al 90% y la velocidad promedio de descarga es de 3.6 Mbps en América Latina y el Caribe (ALC), lo cual está muy por debajo del promedio mundial (9.1 Mbps). Además, si miramos datos del Índice de Conectividad Global de Huawei, observamos que las brechas en cuanto a infraestructura de datos vinculada con nuevas tecnologías de big data, computación en la nube (cloud) o Internet de las cosas (IoT) también presenta serias brechas en la región.

facilitadores tecnológicos

La escasez de talento es otra barrera crucial que está afectando la adopción de tecnologías digitales en los países de ALC, limitando su productividad y sus capacidades para innovar. Cisco estima que en 2019 habrá una brecha de medio millón de profesionales tecnológicos en la región y que en 2025 ascenderá a 1,25 millones solo para programadores. La formación de capital humano con las habilidades digitales (tecnológicas y de gestión) requeridas por el mercado debe estar en el centro de las estrategias de transformación digital del sector público y privado.

Este diagnóstico, unido al escenario de alta complejidad, velocidad de cambio tecnológico e incertidumbre demanda respuestas urgentes, por lo que proponemos algunos lineamientos para desplegar un marco integral de políticas de transformación digital que contribuyan a cerrar estas brechas.

Políticas de transformación digital: una respuesta integral, ágil y público-privada

Para que América Latina y el Caribe (ALC) pueda aprovechar las oportunidades de la economía 4.0 es necesario desplegar políticas públicas 4.0. Ante la complejidad, se propone una respuesta integral. Ante la incertidumbre tecnológica, soluciones abiertas y ágiles. Ante la urgencia y la dimensión de la brecha, una mirada público-privada. Esto significa trabajar de manera simultánea desde la oferta y la demanda para generar las condiciones, los insumos y el desarrollo de las capacidades necesarias, en el Estado y en las empresas, para la adopción y uso de las nuevas tecnologías. Aquí presentamos algunos ejes clave para diseñar e implementar las intervenciones propuestas.

1. Infraestructura digital 

La región deberá cerrar en primer lugar las brechas de conectividad que aún persisten en muchos países y en zonas rurales, pero también deberá prestar atención a la infraestructura y regulación de los datos. Pasan a ser imprescindibles en este nuevo contexto el acceso adecuado a la banda ancha, el almacenamiento en la nube, el procesamiento de datos masivos y de aquellos vinculados a la inteligencia artificial, al Internet de las cosas y a la ciberseguridad, entre otros.

2. Talento digital

Sin capital humano con destrezas digitales para la I+D, la innovación y el trabajo técnico en las empresas, así como sin gerentes con capacidades actualizadas, ALC no podrá aprovechar las oportunidades de la economía digital. Las brechas entre necesidades de las empresas y oferta de capital humano son cada vez más grandes. Dada la urgencia y dimensión de este desafío son necesarias estrategias integrales que aprovechen las innovaciones que están surgiendo en la oferta de formación, desde los cursos masivos (MOOCs) hasta el uso de realidad virtual y aumentada para entrenamiento técnico, pasando por una oferta de cursos técnicos de corto plazo que ayudan a la actualización y adquisición de habilidades en la fuerza laboral provistos por nuevos actores como UdacityL’Ecole 42 o General Assembly, sin olvidarnos que la formación universitaria no podrá permanecer al margen de estas transformaciones. Asimismo, el cambio de mentalidad que impulsará una transformación real de modelos de negocio y puesta en valor de datos de nuestras empresas tiene que venir de los propios gerentes. La apuesta por formación digital debe empezar por ellos.

3. Transformación digital de sectores estratégicos

La transformación digital de cadenas de valor o de sectores tradicionales como energía, salud o construcción requiere de intervenciones específicas en formación, actualización regulatoria, interoperabilidad, desarrollo de estándares y déficits de innovación, las cuales pueden ser atendidas con una mirada por verticales, como es el caso de las iniciativas apoyadas por el Comité de Transformación Digital en Chile o nuevas miradas como el programa canadiense de Superclusters. El impulso al sector TIC y al desarrollo de ecosistemas de emprendimiento, por su impacto transversal en la digitalización e innovación del resto de los sectores también debe ser sujeto de una atención prioritaria en cualquier estrategia digital. Asimismo, los programas de I+D e innovación orientados por misión contribuir a resolver los desafíos estratégicos que enfrentan los países de la región, contenidos en los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas.

4. Adopción digital en pymes

Segmentos de empresas como las pymes, en donde existen mayores brechas de adopción digital, deben ser atendidos con políticas específicas enfocadas en facilitar la difusión y prueba de nuevas tecnologías, así como en el fortalecimiento de las capacidades gerenciales y tecnológicas que permitan desplegar estrategias de transformación digital e impulsar nuevos modelos de negocio. Instrumentos como los vouchers que cofinancian asistencia técnica y asesorías, los centros de extensión e innovación digital que prestan servicios de actualización digital o formación son algunas de las intervenciones que se vienen implementando en varios países de la Unión Europea. El desafío es poder hacer intervenciones que logren generar las capacidades necesarias de manera masiva en las empresas para poder liderar su transformación al nuevo contexto digital.

5. Mecanismos de testeo y pruebas

Así como la innovación abierta en las empresas, los gobiernos también deben probar esquemas ágiles de regulación que incentiven la innovación, protejan al usuario y permitan el aprendizaje rápido y trabajo en conjunto entre empresas, reguladores y usuarios. Esto incluye, por ejemplo, facilitar el testeo de nuevos modelos de negocio, tecnologías y aplicaciones a través de sandboxes regulatorios, en los cuales el regulador otorga un permiso en condiciones de prueba mientras se testean los nuevos productos en entornos controlados, como existen para las fintech en Singapur y Reino Unido; o los testbeds, que son plataformas colectivas para el desarrollo, prueba y aprendizaje conjunto de nuevas tecnologías y productos, como por ejemplo de la tecnología 5G en Finlandia y Reino Unido, de vehículos autónomos en Alemania o de inteligencia artificial en Estados Unidos a través del Industrial Internet Consortium.

6. Compras públicas como gatillo de procesos de digitalización

Mas allá de las intervenciones tradicionales de apoyo a la innovación, el Estado tiene un rol crucial como impulsor inicial de procesos de digitalización a través de la regulación o las compras del Estado. La exigencia de uso de la metodología Building Information Modelling (BIM) en los pliegos de licitación de infraestructura pública o el uso de mecanismos de compra pública de innovación (CPI) son ejemplos de cómo el Estado puede promover la adopción de tecnologías que ya existen en el mercado o contratar el desarrollo de soluciones tecnológicas innovadoras, fomentando la innovación en los ecosistemas y mejorando en el camino la eficiencia de los servicios públicos

politicas de transformacion digital

La cuarta revolución industrial está en plena marcha. Para América Latina y el Caribe, no subirse a esta ola puede traer consecuencias nefastas, no solo desde el punto de vista productivo, rezagándonos aún más en la ruta del desarrollo, sino también aumentando las brechas entre aquellos que pueden acceder a sus beneficios y aquellos que no.

El éxito de la transformación digital depende de unas políticas integrales, que combinen elementos de oferta y demanda, y promuevan una relación de diálogo permanente entre los sectores público y privado para cada uno de los ejes propuestos. Como región debemos adaptar y complementar las políticas de innovación para construir una agenda digital de manera ágil y urgente. La revolución 4.0 requiere políticas 4.0.

Una versión resumida de este articulo fue publicada por los autores, originalmente en el diario El País.

Claudia Suaznábar
CLAUDIA SUAZNÁBAR

Claudia Suaznábar es Especialista Líder en la División de Competitividad e Innovación en el Banco Interamericano de Desarrollo, donde trabaja desde el año 2003. Claudia se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales del Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) (España) y cuenta con una maestría en Gestión Pública y Desarrollo Internacional de la Kennedy School of Government de Harvard University (EEUU). Antes de unirse al Banco, trabajó en el Banco Santander Central Hispano y como consultora de organismos internacionales. Entre sus áreas de especialización se incluyen los temas de innovación, competitividad, y desarrollo empresarial y cuenta con amplia experiencia de trabajo en varios países de América Latina y el Caribe.

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JOSÉ MIGUEL BENAVENTE

José Miguel Benavente es Líder Técnico Principal en Tecnología e Innovación de la División de Competitividad e Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), basado en Chile. Antes de unirse al BID en 2014, desarrolló una destacada carrera como profesor, investigador y autor en temas de desarrollo económico, innovación, productividad, I+D, pymes, emprendimiento y micro econometría, entre otros. También se desempeñó como consultor de organismos internacionales, consejero de gobierno y vicepresidente del Consejo Nacional de Innovación de Chile. José Miguel es Ingeniero Civil Industrial de la Universidad Católica de Valparaíso, máster en Economía de la Universidad de Chile, e igualmente master y PhD en Economía de la Universidad de Oxford (Inglaterra).

Entrevistas a la matemática Cathy O´Neil o el Futuro de los Algoritmos

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“Deberíamos asegurarnos de que la ley se aplique frente a los algoritmos destructivos”

 

Detrás de la aparente neutralidad con la que se vende el ‘big data’ se esconde la perpetuación de sesgos que aumentan las desigualdades en base a datos cuantitativos. Así lo señala la doctora en matemáticas y autora Cathy O’Neil, que indica que el uso masivo de algoritmos, lejos de aportar soluciones más eficientes y equitativas, puede amenazar con su implacable reproducción de prejuicios la esencia misma de la democracia.

La tecnología de la “era de los algoritmos” aumenta y se retroalimenta de los peores prejuicios al generalizar comportamientos, generar modelos y establecer predicciones sobre ellos. Son estas fórmulas quienes deciden cada vez más aspectos de nuestras vidas, bajo una ilusión de neutralidad y objetividad. En este escenario, Cathy O’Neil denuncia el riesgo de perpetuación de sexismo, racismo o clasismo en un contexto de máxima opacidad.

La autora del libro Armas de Destrucción Matemática (Capitan Swing, 2018) es una reputada doctora en matemáticas que quiere que el mundo sea un poco mejor. Su trayectoria vital la ha llevado a desde la academia (Harvard, MIT, Barnard College) al mundo de los fondos de cobertura justo en el momento de la crisis crediticia y el estallido de la burbuja inmobiliaria de la década pasada, y más tarde al activismo social.

Llegado un momento, O’Neil comenzó a preguntarse acerca de los riesgos éticos del ‘big data’, del uso de las matemáticas y de los algoritmos cada vez más oscuros y complejos que pueden condicionar —y de hecho lo hacen cada vez más— nuestras vidas cotidianas. Su privilegiada trayectoria da una interesante visión global de cómo funcionan estos sistemas y, lo más importante, cómo se podrían evitar sus efectos perniciosos.

La concesión de un crédito, la admisión en una universidad, la concesión de un s eguro, todo queda en manos de análisis cuantitativos que desde su aparente neutralidad terminan perpetuando sesgos que hacen que los afortunados lo sean más y los más oprimidos terminen en el desamparo.

Se trata del lado oscuro de los algoritmos, de las construcciones matemáticas que rigen mediante modelos aparentemente neutrales una parte creciente de nuestra vida social. Y que Cathy O’Neil ha bautizado “Armas de Destrucción Matemática”. Y apostilla: “Cómo el Big Data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia”.
La autora estuvo en Madrid, dentro del ciclo Tech & Society de la Fundación Telefónica, y tuvo unos minutos para charlar con Público sobre algunos de los temas de los que es experta.

Fuente: https://www.publico.es/ciencias/entrevista-matematica-cathy-neil-deberiamos-asegurarnos-ley-aplique-frente-algoritmos-destructivos.html

MADRID P. ROMERO  

Si grabase esta conversación con este teléfono inteligente, ¿le molestaría?

No, en absoluto. No soy una persona pro privacidad, sobre todo porque soy estadounidense y por tanto no tengo interiorizado ese derecho. Lo que tenemos en EEUU es un problema diferente a lo que existe aquí, en Europa. Ustedes tienen mejores protecciones y menos problemas al respecto. Esto no quiere decir que no haya que preocuparse por lo que vaya a pasar en el futuro, pero nuestros problemas con los datos son otros.

“Es irónico que la gente más interesada en los temas de privacidad sean hombres blancos con mucha educación”

De hecho, yo no soy la víctima de estos sistemas injustos. Como persona blanca y educada, experta en tecnología, es ridículo que me preocupe por ello, por mi ‘higiene’ de datos. Es irónico que la gente más interesada en los temas de privacidad sean hombres blancos con mucha educación y conocimientos en tecnología. No tiene sentido. Es la gente oprimida, realmente, con perfiles demográficos que se consideran desafortunados —negros, mujeres, pobres, las personas que menciono en el libro y que son objetivo de determinadas estrategias— son vulnerables, no son expertos en tecnologías. Ellos son presa fácil, yo no lo soy. Si yo me voy a internet y la publicidad me sugiere productos de cashmere o seda, para mí será una distracción pero no una práctica depredadora.

En su libro destaca las ideas de círculos viciosos, tóxicos, y del concepto de lo escalable. Es decir, las ‘armas de destrucción matemáticas’ lo son en cuanto a que escalan, son masivas. Son conceptos muy interesantes.

Bien, partamos de la base de que lo importante es que los algoritmos no predicen el futuro, sino que lo hacen para los individuos. Buscan si vas a pagar un préstamo, si vas a ser proactivo, basándose en el comportamiento previo de cada uno. Pero es que no predicen tanto, más bien cambian el futuro, lo modifican y determinan. Se puede usar esa información que se tiene de alguien sobre su historial crediticio para decidir si va a pagar el siguiente préstamo y, por tanto, si se lo van a conceder. Es decir, se va a usar esa información para ver si alguien es una buena apuesta para una compañía determinada. O para decidir si se contrata o no a esa persona.

“Estos sistemas lo que hacen es propagar y retroalimentar los esterotipos que ya existen”

Así que estos sistemas lo que hacen es propagar y retroalimentar los esterotipos que ya existen, como los demográficos. Hacen que quien ha tenido suerte en la vida tenga más suerte y, al contrario, que quien ha tenido menos suerte tenga menos aún. A esto es a lo que me refiero con la escalada.

Asimismo, es importante destacar que confiamos en los algoritmos demasiado. Uno puede pensar: “Hey, no me gusta tu apariencia, no te voy a dar un trabajo”. Y como humanos nos parecería injusto, no lo entenderíamos. Sin embargo, como hay un instrumento, una autoridad digamos científica —el algoritmo— detrás de algunas decisiones similares, pues no nos lo cuestionamos. Por eso mismo veo que existe una escalada.

¿Y a quién echamos la culpa? ¿Quién es el responsable de que esto pase?

Tenemos ese sistema injusto que se alimenta de prejuicios racistas, sexistas, aporafóbicas… Parece que con estos sistemas algorítmicos que denuncia los ricos seguirán siendo más ricos y los pobres, cada vez más pobres.

Este tipo de preguntas son muy importantes, pero tenemos que ser conscientes de que ya se han respondido a través de la ley. Es ilegal discriminar por género cuando contratamos a una persona. Uno puede deducir que es sexista porque el mundo es sexista, pero esto no es aceptable, no puede ser, y tenemos algoritmos que están haciendo esto. Frente a esos algoritmos destructivos lo que sugiero es que deberíamos asegurarnos de que la ley se aplique.

Pero usted misma reconoce que los algoritmos son algo oscuro, secreto. Y cuando se dan situaciones como las descritas se tiende a culpar al algoritmo, a la máquina. “Yo no tengo la responsabilidad, es el algoritmo”. ¿Pero cómo va a tener la responsabilidad una fórmula matemática? Ni siquiera se puede culpar al creador del algoritmo…

Eso es cierto, pero como científica de datos yo estoy aquí para decir que podemos hacer las cosas mejor. No es imposible hacerlo mejor. Y no es ua excusa, en cualquier caso. Si la empresa X está usando un algoritmo cuyos resultados son sexistas se puede hacer que deje de utilizarlo. La realidad es que se puede mejorar la situación. Algunas compañías hacen como que no lo saben, y lo cierto es que tampoco se les requiere que hagan test sobre esos algoritmos. Claro que primero habría que demostrar con pruebas que lo que están haciendo es ilegal y de esta manera obligarlas a cambiarlo, a mejorarlo.

Parece difícil conseguir que el mundo de los algoritmos sea más transparente. ¿Cómo hacer para que los algoritmos sean más entendibles, menos oscuros, tanto para los ciudadanos como —quizá más importante— para los legisladores?

Son cuestiones diferentes. Por un lado, el Reglamento General de Protección de Datos en Europa tiene una parte que puede ser útil para este fin, pero no se trata de una cuestión únicamente estadística: yo quiero saber por qué no se me ha dado un puesto de trabajo o por qué no se me concede una tarjeta de crédito. Quiero saberlo. Y quizá, si lo sé, dentro de un año puedo hacer algo que mejore mi historial para acceder a esos servicios.

“Yo quiero saber por qué no se me ha dado un puesto de trabajo”

Pero ¿y si el sesgo de la máquina es sexista o contiene otro tipo de prejuicios? Esto es algo que hay que preguntarse. De hecho, los legisladores, los políticos, tienen que preguntárselo y dar una respuesta. Estas preguntas se pueden responder, pero no se están planteando porque los ciudadanos no saben que pueden plantearlas.

Parece pues que nadie sabe cuál es la pregunta adecuada: vemos los resultados pero nadie pregunta por los procesos que, insisto, parecen muy oscuros, poco transparentes.

La gente que trabaja en este ámbito es muy inteligente. Se les pide que optimicen las rentabilidades o los beneficios, pero si tuviesen que optimizar las evidencias o pruebas legales también lo harían. Es decir, que a medida que pedimos rendición de cuentas, los matemáticos encontrarían una manera de hacerlo, de eso estoy segura.

Casi todo lo que habla su libro gira en torno al concepto de la justicia, y me resulta curioso ver a una analista de datos, a una matemática, hablar de este concepto. En este sentido, ¿se puede mejorar la justicia con más transparencia? Para mí, el mundo de los algoritmos que deciden cosas sigue siendo muy oscuro. Parece que buscan las grietas para generar situaciones que, al final, no siguen un sentido de justicia sino de mayor beneficio…

Creo que está usted siendo demasiado distópico…

Es que, tal y como usted lo cuenta, parece que vivimos en una distopía.

Creo que deberíamos centrarnos. Estimo que la legislación europea de protección de datos (que no quiero criticar) no se centra lo suficiente en lo que realmente es dañino: los algritmos que violan nuestros derechos, nuestros derechos humanos. Y realmente hay una lista finita de algoritmos que hacen eso, no son todos. No podemos pedir transparencia absoluta de todos los algoritmos. No podemos reemplazar su trabajo por humanos siempre. Estamos hablando de una lista limitada. Por eso, en mi definición de ‘Arma de Destrucción Matemática’ se incluyen los algoritmos importantes, relevantes, y que al mismo tiempo pueden generar mucho daño por dicha relevancia.

Yo me centro en cuatro categorías. En primer lugar, las finanzas: todo lo relativo a los seguros, las hipotecas, tarjetas de crédito; después, lo que tiene que ver con la vida cotidiana: tener un empleo, entrar en una universidad, etc. Por otro lado, el sistema de libertad y justicia, cómo te trata y las posibles condenas que puedes recibir. En cuarto lugar, la libertad de información, en cuanto a la microsegmentacion, desinformación, etc.

La autora Cathy O'Neil en la Fundación Telefónica de Madrid. JAIRO VARGAS

  La autora Cathy O’Neil en la Fundación Telefónica de Madrid. JAIRO VARGAS

De estas cuatro categorías, las tres primeras están razonablemente bien reguladas. Tenemos leyes que dicen cómo contratar de forma justa y sin discriminaciones, o cómo conceder un crédito en igualdad de condiciones, etc. Tenemos normas que luchan contra la discriminación y que obligan a respetar los derechos constitucionales, por supuesto aquí en Europa también. Lo que estoy diciendo es que el los próximos cinco o diez años se tiene que aplicar la ley, simplemente.

En cuanto a la cuarta categoría, la libertad de información, todo es un poco más complicado. Y realmente para la democracia solucionar los problemas aquí es algo urgente. Obviamente es el problema más difícil. Quizá se podría haber empezado por haber usado algoritmos más limitados y más pequeños, que nos hubieran permitido entender mejor cómo funcionan estos universos. Y cómo tendría que ser la rendición de cuentas de haber problemas. Arreglar esta categoría en un momento en el que los algoritmos trabajan a toda máquina va a ser duro.

Con respecto a Facebook, por ejemplo, se podría exigir en cada país que grupos de investigadores independientes pudiesen tener acceso a sus datos para realizar experimentos sociales para que sepamos qué efectos puede tener la propaganda y las campañas políticas sobre los procesos democráticos.

¿Sugiere que los gobiernos fuercen de alguna forma a Facebook a aceptar asesoramientos independientes?

Bueno, la propaganda, la falta de información, la manipulación informativa… para estas cuestiones Facebook recibe millones de dólares. Así que un requisito que yo sugeriría para que Facebook operase en un país sería, quizá, dar acceso a investigadores de ciencias sociales para poder experimentar y pubicar resultados sin intervención por parte de Facebook y con total transparencia. Eso sería un gran ejercicio.

O sea, una reflexión tras abordar sus tesis es que no existe la llamada ‘neutralidad’, al menos en estas herramientas algorítmicas…

No existe la neutralidad. Dejar que las empresas tecnológicas hayan proclamen la neutralidad de sus herramientas y, al mismo tiempo, reciban tanto dinero de campañas políticas para distribuir propaganda, por otro, no se sustenta. O una cosa, o la otra. Por un lado, han recabado dinero porque se dicen capaces de llegar a públicos segmentados e influir en ellos, y por otro le dicen a los usuarios que no tienen responsabilidad alguna porque la tecnología es neutral. No se pueden proclamar las dos cosas.


“La próxima revolución política será por el control de los algoritmos”

Fuente: https://es.weforum.org/agenda/2018/10/la-proxima-revolucion-politica-sera-por-el-control-de-los-algoritmos
Imagen: REUTERS/Mike Segar
En colaboración coneldiario.es  30 oct 2018 Carlos Del Castillo

O’Neil, matemática doctorada en Harvard, posdoctorada en el MIT, fue una de las primeras en señalar que nuestro nuevo emperador también está desnudo. Un algoritmo (o la celebrada Inteligencia Artificial, que “no es más que un término de marketing para nombrar a los algoritmos”) es tan machista, racista o discriminador como aquel que lo diseña. Mal programados, pueden llegar a ser Armas de Destrucción Matemática (Capitán Swing), como detalla en su libro sobre el peligro que representan para la democracia.

Defiende que se ha creado una diferencia entre lo que la gente piensa que es un algoritmo y lo que realmente es un algoritmo. ¿Cuál es?

La gente piensa que un algoritmo es un método para tratar de llegar a una verdad objetiva. Hemos desarrollado una fe ciega en ellos porque pensamos que hay una autoridad científica detrás de ellos.

En la realidad es algo tonto, básicamente un sistema de perfiles demográficos generado a partir del big data. Averigua si eres un cliente que paga o cuáles son tus posibilidades para comprar una casa en base a pistas que has ido dejando cuál es tu clase social, tu riqueza, tu raza, tu etnia…

¿Qué es un arma de destrucción matemática?

Es un algoritmo importante, secreto y destructivo. Injusto para los individuos que evalúa.

Normalmente son un sistema de puntuación. Si tienes una puntuación lo suficientemente elevada se te da una opción, pero si no la consigues se te deniega. Puede ser un puesto de trabajo o la admisión en la universidad, una tarjeta de crédito o una póliza de seguros. Te asigna una puntuación de manera secreta, no puedes entenderla, no puedes plantear un recurso. Utiliza un método de decisión injusto.

Sin embargo, no solo es algo injusto para el individuo, sino que normalmente este sistema de decisión es algo destructivo también para la sociedad. Con los algoritmos estamos tratando de trascender el prejuicio humano, estamos tratando de poner en marcha una herramienta científica. Si fracasa para los individuos hace que la sociedad entre un bucle destructivo, porque aumenta la desigualdad progresivamente.

Pero también puede ser algo más preciso. Puede ser un algoritmo para decidir quién accede a la libertad condicional racista, uno que determina qué barrios sufren una mayor presión policial en función de la presencia de minorías…

¿A quién le pedimos cuentas cuando un algoritmo discrimina?

Es una buena pregunta. La semana pasada salió a la luz que luz que Amazon tenía un algoritmo de selección de personal sexista. Cada vez que ocurre algo así, las empresas se muestran sorprendidas, toda la comunidad tecnológica se muestra sorprendida. En realidad es una reacción fingida, hay ejemplos de algoritmos discriminatorios por todas partes.

Si admitieran que los algoritmos son imperfectos y que potencialmente pueden ser racistas o sexistas, ilegales, entonces tendrían que abordar este problema para todos los algoritmos que están utilizando. Si hacen como si nadie supiera nada pueden seguir sosteniendo esta fe ciega en los algoritmos, que ellos no tienen, pero que saben que el resto del público tiene.

Por eso escribí el libro, para que la gente deje de estar intimidada por los modelos matemáticos. No hay que abandonar la automatización ni dejar de confiar en los algoritmos, pero sí exigir que rindan cuentas. Sobre todo cuando actúan en un campo en el que hay una definición clara de qué es “éxito”. Ese es el tipo de algoritmo que me preocupa. Quien controle el algoritmo controla la definición de éxito. Los algoritmos siempre funcionan bien para la gente que los diseña, pero no sabemos si funcionan bien para la gente objetivo de esos algoritmos. Pueden ser tremendamente injustos para ellos.

Imagen: Eli Pariser, TED/ Pictoline

¿La próxima revolución política será por el control de los algoritmos?

En cierto sentido, sí. Creo que los algoritmos reemplazarán todos los procesos burocráticos humanos porque son más baratos, más fáciles de mantener y mucho más fáciles de controlar. Así que, sí: la cuestión sobre quién tiene el control está relacionada con quién despliega ese algoritmo. Espero que nosotros tengamos un control con rendición de cuentas sobre ellos.

Pero si nos fijamos en un lugar como China, donde hay sistemas de puntuaciones sociales que son intentos explícitos de controlar a los ciudadanos, no tengo tanta esperanza sobre que los ciudadanos chinos puedan ser los propietarios de esos algoritmos. en estos casos estamos hablando de una distopía futura, una sociedad de vigilancia en la que el Gobierno controla y vigila a los ciudadanos con los algoritmos, como una amenaza real. Es algo que puede pasar.

De momento el poder político no ha hecho mucho por mejorar la transparencia de los algoritmos.

Sí, es un problema real. Piensa que desde su posición tendrán en su mano controlar los algoritmos, así que los políticos no quieren renunciar a este poder, aunque sea malo para la democracia.

Es una consideración muy seria. Como digo en el libro, Obama, que fue adorado por la izquierda por su uso del big data para aumentar las donaciones o mejorar la segmentación de mensajes. Pero eso fue un precedente muy peligroso: en las últimas elecciones hemos visto como la campaña de Trump logró suprimir el voto de afroamericanos gracias a esa misma segmentación de mensajes a través de los algoritmos de Facebook.

Publicó su libro en 2016. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

Cuando escribí el libro yo no conocía a nadie preocupado por este tema. Eso sí ha cambiado. Vengo de Barcelona, donde he visto a 300 personas, mayoritariamente jóvenes, preocupadas por este tema. Es un fenómeno emergente a nivel mundial, la gente está empezando a ver el daño, el mal que hay aquí. La mayor parte de este daño algorítmico no se ve, no es visible. Que la gente sea más consciente hace que podamos esperar que haya una demanda de rendición de cuentas. Espero que eso ocurra.

La planificación estratégica está muerta

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La planificación estratégica está muerta. Aquí hay dos nuevas formas de enfrentar el futuro

William Vanderbloemen
Fundador de Vanderbloemen Search Group

El plan estratégico plurianual está muerto. Y está siendo reemplazado
En mi empresa, tenemos un asiento de primera fila para observar innumerables tipos de liderazgo en acción. Tuvimos el placer de acompañar a algunos de los líderes más creativos y emprendedores del país, e incluso hemos sido invitados a intervenir y ayudar cuando el liderazgo deficiente encamina a una iglesia u organización. Una de mis conclusiones más importantes de mis más de 6 años en Vanderbloemen es que los líderes que están dispuestos a adoptar nuevas formas de hacer las cosas suelen ser los que fallan mucho, pero tienen más éxito.
Hay un área en particular donde esto es verdad. Es una forma marginal de pensar en este momento, pero pronto se convertirá en la corriente principal.
Los primeros líderes en adoptar esta idea serán los pioneros: El plan estratégico plurianual está muerto. Y está siendo reemplazado.
Las empresas han operado planes de 3, 5 y 10 años durante mucho tiempo, pero hay un par de razones por las que ya no funcionan.
Primero, la tecnología ha eliminado la planificación de la estructura de su negocio en más de un año o dos. El iPhone está a punto de celebrar su décimo cumpleaños, y Twitter, Facebook y Yelp no son mucho más antiguos. Las cosas se mueven rápidamente en nuestro mundo actual. Gracias a la tecnología, ahora hay varios aspectos de su negocio que están en constante cambio, como decidir qué se debe o no se debe subcontratar, la estructura de su ciclo de ventas y las mejores plataformas para la marca y el marketing. Debe mantener la agilidad y la capacidad de girar una moneda de diez centavos como parte del tejido de su empresa, y la agilidad tiene dificultades para coexistir con un plan rígido de 5 años.
Segundo, el hecho de que los millennials ahora constituyen el mayor porcentaje de la fuerza laboral estadounidense no es propicio para la forma de pensar del plan a 5 años. Los Millennials son la generación de la carrera vertical, y no se quedan con un solo trabajo y compañía como solían hacerlo las generaciones anteriores. Traducción: la continuidad en su negocio se debe encontrar otras maneras, ya que se terminaron los días en que construye su empresa manteniendo a los mismos empleados durante un largo período de tiempo.

Entonces, ¿cuál es el nuevo modelo? ¿Cómo puede mantener la agilidad al frente de su negocio mientras se asegura de tener cierta estabilidad y continuidad en el funcionamiento de su empresa? ¿Cómo piensa estratégicamente sobre el futuro de su compañía sin haber creado un plan de 3 o 5 años?
Los líderes más inteligentes que he visto han dejado de crear planes que duran más de 3 a 6 meses. En cambio, han puesto su energía en construir un gran equipo y una cultura sostenible. Cuando la atención se centra en el equipo, en lugar de en un plan, es mucho más fácil adaptarse en un momento dado al panorama tecnológico en constante cambio. Encontrar personas creativas y capaces en múltiples roles y capacidades significa que no tiene que estresarse por la estructura de su negocio. Al contratar para la cultura y la capacidad, se libera para cambiar la estructura de su empresa a medida que las cosas continúan cambiando. La estructura de su empresa siempre puede ser la más efectiva para el mercado actual. Las personas ágiles conforman una empresa capaz.
Más allá de eso, enfocarse en construir una gran cultura resuelve el problema de un personal más transitorio de milenios. Si está en el tercer año de un plan de 5 años y tiene que reemplazar al personal, puede ser difícil lograr que un nuevo empleado se quede al tanto de dónde está su compañía en el “plan” mientras mantiene el ritmo que ha establecido. Al mantener los planes en el rango de 3 a 6 meses y centrarse en la cultura, se aseguran curvas de aprendizaje más cortas para los nuevos empleados y, en la mayoría de los casos, puede ver las estrategias ejecutadas en el marco de tiempo inicial que deseaba.
La tecnología y el nuevo ADN de la fuerza laboral estadounidense han puesto una fecha de vencimiento en el antiguo modelo de plan de 5 años. Al poner el equipo y la cultura en el centro de su empresa, tendrá toda la agilidad que necesita para adaptarse a los cambios en el panorama del mercado y realmente puede construir una compañía duradera y saludable.
CEO de Vanderbloemen Search Group, una firma de búsqueda de ejecutivos que ayuda a las iglesias y organizaciones religiosas a encontrar su personal clave. Mi pasión es ayudar a los líderes de la fe a construir, correr y mantener grandes equipos. La contratación fue mi problema número uno y un obstáculo como pastor, y es mi enfoque número uno como empresario. Hay un camino para tener una fe seria y construir un negocio serio. En este blog, compartiré lo que estoy aprendiendo a medida que avanzo por ese camino como un hombre de fe y un empresario devoto. Sígueme en Twitter @wvanderbloemen.
Traducción: Lucio Henao lucio@proseres.com
Fuente Forbes.com: https://goo.gl/S4pNyq Octubre 23 de 2018
Image: Beata Ratuszniak a través de Unsplash

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HACIA EL CONSENSO ENTRE LA COSMOVISIÓN INDÍGENA Y LAS PRÁCTICAS DEL DESARROLLO

 agosto 7, 2015
Cada 9 de agosto, las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo. No solo se trata de una oportunidad para tomar en consideración los numerosos desafíos que implica el desarrollo moderno para los grupos indígenas, sino también como los indígenas desafían a las formas contemporáneas del desarrollo y reivindican sus prácticas tradicionales.

El contexto actual no tiene precedentes. En América Latina, los proyectos de desarrollo, las industrias extractivas y la construcción de grandes obras de infraestructura, como represas y carreteras, afectan en grado creciente a la tierra, los recursos naturales y los medios de vida de los indígenas que habitan en áreas remotas. Al mismo tiempo, el creciente empoderamiento de muchos grupos indígenas y su capacidad  para demorar o detener proyectos demorar o detener proyectos con los cuales están en desacuerdo[1] ha demostrado que ahora los responsables de los proyectos deban tener en cuenta las necesidades de las comunidades locales.

Las políticas de salvaguardias y las prácticas de responsabilidad empresarial, social y ambiental han evolucionado como respuesta a los intereses y las presiones de las comunidades indígenas. Esas políticas y prácticas se concentran en aspectos tales como la mitigación de los impactos negativos y la compensación por éstos, generando beneficios para las comunidades locales y desarrollando extensivos procesos de consulta y participación.

Todo esto, ciertamente, han sido importantes avances en relación a modelos de desarrollo en el pasado; sin embargo, los desafíos que han planteado los grupos indígenas respecto a ciertas prácticas de desarrollo no terminan aquí. Sigue siendo poco frecuente que sean tomados en cuenta tanto la cosmovisión de los indígenas como sus estrategias para promover el bienestar colectivo. Esta es la razón principal  de que persisten las tensiones en el emprendimiento de muchos proyectos de desarrollo en territorios indígenas y de que los beneficios potenciales del desarrollo aún no hayan alcanzado a las comunidades indígenas de forma óptima.

De hecho, aunque sus objetivos puedan diferir de nuestras propias nociones de desarrollo, los pueblos indígenas también pueden beneficiarse con el aumento de las oportunidades económicas, de la infraestructura que brinda acceso a servicios sociales, del uso sostenible de los recursos naturales y otros resultados positivos  que pueden ofrecer los proyectos de desarrollo. Para los profesionales del desarrollo, el próximo gran desafío es el establecimiento de un consenso entre sus propios métodos modernos de desarrollo y los criterios y aspiraciones de los grupos indígenas.

La cosmovisión andina ofrece un ejemplo de posibles alternativas para el futuro. Las estrategias de las comunidades indígenas para la promoción de su bienestar colectivo, se centran en valores como la reciprocidad, la igualdad, la formación de consenso y la solidaridad entre las generaciones. Se valora la capacidad de la comunidad para definir su propio destino. La población andina concibe a la Pachamama (la Madre Tierra) como un ser vivo conectado con el mundo humano por medio de un sistema único en base a relaciones interdependientes. Esos conceptos se condensan en la noción de Vivir BienEn este contexto, un criterio de desarrollo aceptable desde el punto de vista cultural, deberá incluir mecanismos para mantener el equilibrio con los seres vivos de la naturaleza, para generar beneficios colectivos, para conferir poderes de decisión a las comunidades locales y para establecer relaciones a largo plazo y recíprocas entre las comunidades y los ejecutores de los proyectos.

Recientemente, el gobierno boliviano reconoció estos conceptos indígenas en la Constitución del país. En 2012, se aprobó la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien. Esta ley concibe a la Madre Tierra como un actor político con derechos específicos, cuya base la constituye el principio de establecimiento de un equilibrio entre las necesidades de desarrollo y la “capacidad de regeneración” de la naturaleza. Ahora, el gobierno boliviano y sus socios internacionales deben responder al desafío de llevar a la práctica esos principios.

Este ejemplo muestra que es posible avanzar hacia el consenso. Hay paralelos entre los conceptos indígenas y los criterios actuales de desarrollo, protección del medio ambiente y sus políticas de salvaguardias asociadas. Por ejemplo, la noción andina de que la Madre Tierra consiste en componentes interdependientes cuya regeneración debe asegurarse, está alineada con nuestro criterio respecto de los ecosistemas integrados que deben protegerse.

No existen las soluciones ya hechas a la medida y lograr un consenso no es un desafío menor, dado la amplia variedad de culturas, conceptos y estrategias indígenas. Es así que ese consenso deberá negociarse muchas veces, con distintos grupos y en distintos contextos. Sin embargo, si queremos consolidar la relevancia del desarrollo para los grupos indígenas y lograr su aceptación a las intervenciones en sus territorios, debe encararse directamente este desafío. A decir del sociólogo Eduardo Gudynas, conforme al criterio de Vivir Bien, “deberá construirse puentes y carreteras, pero tendrán diseños diferentes, se ubicarán en sitios distintos y servirán para fines diferentes de los actuales”.

[1]Abundan los ejemplos. Entre los más conocidos figuran la represa Belo Monte, en el Brasil, cuya construccíón se ha demorado por más de veinte años, la carretera que atraviesa el territorio indígena TIPNIS en Bolivia, y el proyecto de minería Santa Ana, en los Andes peruanos.

 Michael Kent

Entrevista con Amy Webb, futurista

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Cuando los productores de Hollywood necesitan un futuro correcto, llaman a un futurista
Por Molly Wood
13 de septiembre de 2018 | 6:35 AM

Todavía estamos al menos a 15 años de la primera misión humana a Marte, como mínimo. Pero eso no ha impedido a Hollywood saltar hacia el futuro. Hulu, el servicio de transmisión en línea, lanzará mañana una nueva serie llamada “The First”. Está ambientado en la década de 2030 y, como su nombre lo indica, imagina la primera misión humana al Planeta Rojo. Ahora, además de acertar con la astrofísica, los productores del espectáculo tenían que acertar en el futuro. Y, por eso lo llamaron un futurista. Amy Webb es fundadora del Instituto Future Today. Ella suele ayudar a las empresas con la estrategia. Pero, de vez en cuando, consulta películas o espectáculos ambientados en el futuro. Una de las preguntas que tuvo que responder en “The First” fue si los teléfonos inteligentes seguirían funcionando en quince años. La siguiente es una transcripción editada de la conversación de Webb con Molly Wood.

Amy Webb: Una de las piezas clave de la tecnología que las personas notarán es que todos llevan un par de gafas inteligentes y algún tipo de auricular. Y ese es el principal modo de comunicación. Esa es la herramienta principal. La gente ya no tiene teléfonos inteligentes. Y entonces no estábamos tratando de crear algo que se viera bien. Todos los que trabajaron en ese programa querían entender cómo y por qué nos iríamos de los teléfonos inteligentes. Así que creamos todos estos datos. Mi trabajo es [para] recopilar los datos y ejecutar los modelos y resolver todo esto. Y al final, creo que tenemos un paisaje que se siente muy plausible.

Molly Wood: Me pregunto si cuando intentas retratar el futuro cercano si la moderación es un componente importante de eso … Porque te toma un minuto notar los elementos futuros … Ya sabes, en cierto modo es como, “Oh, esos aparatos en la oreja se ven como en lo que evolucionará un AirPod”. Pero no es exagerado.
A. Webb: No. Y en todo caso, la tecnología no debería ser algo en lo que la gente se esté enfocando mientras ven el programa. Debería ser más como “Oh, ok. Eso tiene sentido”. Y luego vuelven a las historias de los personajes. Creo que cuando las películas y los programas muestran su tecnología emergente, la tecnología es parte del tono y tiene un propósito narrativo, pero no es un personaje principal.

M. Wood: ¿Y es ahí donde es más probable que las personas salgan mal cuando intentan predecir el futuro? ¿Tratan de pensar demasiado o inventan cosas que no son simplemente cocidas?

A. Webb: Sí, así que tengo un título de trabajo extraño. Y así, no todos entienden lo que hacen los futuristas. Nuestros trabajos son absolutamente no hacer predicciones. Hay un montón de razones para eso. La razón principal es porque es matemáticamente imposible. Y este es un campo basado en datos. Si mi objetivo es tratar de entender ‘x’ dentro de unos años, no hay forma de que tenga en cuenta cada una de las variables que importarán desde ahora y cuando sea ese momento. Así que es una imposibilidad matemática predecir un futuro donde hay un número desconocido de variables. Así que dicho esto, el objetivo no es hacer predicciones. El objetivo es hacer conexiones. Entonces, dado lo que sabemos que es verdad en el año 2018, ¿cómo es el año 2031?

Fuente: www.marketplace.org/2018/09/12/tech/when-hollywood-needs-get-future-right-they-call-futurist

Traducción Lucio Mauricio Henao V. Octubre 13, 2018

Foresight

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Foresight, revista de estudios de futuros, pensamiento estratégico y política. El número 20.3 ya está disponible. Temas que nos cubren: 

Table Of Contents: Volume 20 Issue 3

Published: 2018, Start page: 221

ISSN: 1463-6689

https://www.emeraldinsight.com/toc/fs/20/3

EN MEDEllÍN ¿QUÉ NOS GANAMOS CON SER LOS MÁS INNOVADORES? y ¡LÍDERES! LOS ESTAMOS BUSCANDO PARA CO-CREAR EL FUTURO DE MEDELLÍN

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Fuente: https://www.rutanmedellin.org/es/especiales/item/que-nos-ganamos-con-ser-los-mas-innovadores

11 de Septiembre de 2018 en Especiales

Que invertimos cuatro veces lo que el promedio nacional en Actividades de Ciencia, Tecnología e innovación (ACTi), que cerca de la mitad de las empresas de la ciudad están innovando, que hoy hay 1,2 billones de pesos disponibles para inversión en capital de riesgo, y que en los últimos seis años, más de 230 empresas de 31 países se han asentado en Medellín.

Estas cifras, aunque reales, se quedan cortas al momento de evidenciar el impacto real que la innovación ha tenido en Medellín desde que, como sociedad, decidimos transformarnos a través de la Ciencia, la Tecnología y la innovación.

Podemos hablar, por ejemplo, de que las empresas que están innovando han visto sus ventas crecer, en promedio, 26 por ciento año a año, pero detrás de este dato hay cientos de organizaciones con historias como la de Sofasa, que en menos de tres meses entrenó a sus colaboradores para desarrollar más de 50 robots que, en total, les ahorran más de 700 horas de trabajo mensual en tareas operativas y repetitivas.

También podemos hablar de que pasamos de tener un fondo de capital de riesgo en 2009, a tener, hoy, 20 fondos con más de 1,2 billones disponibles para ser invertidos en proyectos disruptivos. Brainz, el estudio de videojuegos que recibió inversión de Promotora, fue financiado por Ruta N Capital y finalmente fue adquirido por una empresa de talla mundial, es muestra de cómo un ecosistema articulado puede apoyar negocios en diferentes etapas para lograr salidas exitosas. 

Estos son solos algunos de los casos en los que la Ciencia, la Tecnología y la innovación han transformado y siguen transformando a Medellín hacia una ciudad del conocimiento, con una mejor calidad de vida para todos los que la habitan. Te invitamos a conocer más navegando por las cifras de la Encuesta de Innovación y las historias que hay detrás de estas.

¡LÍDERES! LOS ESTAMOS BUSCANDO PARA CO-CREAR EL FUTURO DE MEDELLÍN

Fuente: https://www.rutanmedellin.org/es/opini%C3%B3n/item/%C2%A1lideres-los-estamos-buscando-para-co-crear-el-futuro-de-medellin

11 de Septiembre de 2018 en Opinión

¡Líderes! Los estamos buscando para co-crear el futuro de Medellín

Para saber hacia dónde dirigirnos, debemos saber bien donde estamos hoy. Así podremos determinar con certeza cuál es el mejor camino posible que debemos seguir. Por eso, como entidad pública sentimos la responsabilidad de asegurarnos de que sea bien conocido lo que ya se ha logrado y lo que está en marcha con respecto a la innovación para que, así, haya mayor posibilidad de que cada nueva iniciativa sea más exitosa y no se pierda la oportunidad de utilizar lo ya disponible desde la innovación en la región.

Por eso estamos convocando a todos los líderes de nuestra sociedad. Líderes empresariales, políticos, juveniles, sectoriales, sociales, educativos: queremos que nos visiten y conozcan los resultados que ha tenido Medellín a través de la innovación, y que podamos nosotros también conocer sus inquietudes e iniciativas al respecto.

El Plan Ciencia, Tecnología e Innovación de la ciudad, puesto en marcha desde 2012, ha completado 6 años en operación. Hoy contamos con datos de medición desde 2014, tomados por el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCyT) y la Encuesta Regional de Innovación, que nos permiten conocer de manera objetiva los excelentes logros que nuestra ciudad está obteniendo en temas relacionados con Ciencia, Tecnología e innovación, al igual que la tangible contribución que ello está produciendo en el mejoramiento de la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

Para saber más, lee “Medellín es la ciudad que más invierte en Innovación en Colombia”

La encuesta anual en innovación de la ciudad ha sido construida y desarrollada con el asesoramiento del OCyT y ejecutada año a año por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) de manera independiente. Consultores del BID han revisado también su diseño y forma de ejecución.

Estos resultados han sido contrastados con datos oficiales disponibles desde el DANE, la CCMA, el Banco de la República, el PILA y Planeación Municipal para determinar de esta forma cómo avanza nuestro territorio en estos importantes objetivos para su presente y su futuro.

Innovar es no conformarse con lo que tenemos, es eliminar los problemas que nos aquejan, es decidir el futuro que deseamos, es transformar la realidad de la forma más rápida y eficiente posible. Innovar no son solo ideas, son ejecuciones, no son acciones de personas individuales, por brillantes que ellas sean, es un trabajo en equipo.

Conoce la historia de cómo Sofasa dio el salto hacia la transformación digital

No saber no es una buena excusa, ¿quieres conocer más sobre los resultados que la innovación le ha dado a la ciudad? ¿Te interesa usar estos datos para obtener resultados en tu empresa? ¿quieres hacer parte más activa del ecosistema de innovación y emprendimiento? Hablemos para construir equipo y avanzar, entre todos, hacia la ciudad que nuestra gente necesita.

Para programar tu visita, escríbenos a rutan@rutan.co con el asunto “Quiero conocer más de la Encuesta de Innovación”.

Políticas sobre trabajo y empleo con orientación al futuro

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Fuente: www.estrategia.cl/texto-diario/mostrar/1182848/politicas-sobre-trabajo-empleo-orientacion-futuro

A principios de junio, fui invitado por el Centro Conjunto de Investigaciones (JRC), del Hub de Ciencia y Conocimiento de la Comisión Europea, como uno de los expositores de diferentes regiones del mundo, en la conferencia internacional en Bruselas del programa de Análisis Tecnológico Orientado al Futuro (FTA 2018). El encuentro propició un debate centrado en las políticas públicas necesarias para enfrentar los desafíos de la era digital y la Cuarta Revolución Industrial (CRI). En particular, hubo especial interés en la problemática del trabajo en este contexto y los diferentes enfoques y opciones con que se está abordando en Europa y otras latitudes.

El análisis se focalizó en las cuestiones siguientes: ¿Qué visión tenemos para el futuro del trabajo? ¿Qué desajustes de habilidades trae la transformación productiva y qué roles jugarán la educación y el aprendizaje? ¿Tendremos que abandonar el paradigma del “pleno empleo”, y qué lo reemplazaría? ¿Cómo puede la política dar forma a la transición al futuro del trabajo?

Sin duda cuestiones fundamentales que están en la mira de los gobiernos, la OIT, la OCDE, la UNCTAD, el BID y diferentes centros de estudios. Por lo demás, no son ajenas a las causas que originan las disputas entre Estados Unidos y otros key players del comercio internacional. Y que se encuentran cada vez más en la raíz de este fenómeno económico contemporáneo: el crecimiento sin empleos.

Sin ir más lejos, habría que ver qué nos muestra el scanner aplicado a nuestra economía, que presenta por un lado un mayor dinamismo y crecimiento (4-4.5%), pero sube el desempleo (7.3%), lo que no se puede explicar solo por un aumento de la fuerza de trabajo o la inmigración. Sobre todo porque en nuestro caso la caída en el empleo se da de manera importante en el sector manufacturero (-2.4%).

Esta situación se produce también en países desarrollados. Según la OIT, las manufacturas en los EE.UU. representaban el 22% del empleo en 1980, luego 10,2% en 2011, y a las tasas de 1980-2011, será sólo 2,87% para el año 2030. La OCDE en sus estudios sobre el futuro del trabajo encuentra opiniones expertas que sitúan en 47% los empleos que en Estados Unidos están sujetos a sustitución, 39% en Alemania o 35% en el Reino Unido.

En nuestra región -el informe más reciente es del BID- en general los trabajadores de América Latina y el Caribe pasan la mitad de su tiempo en tareas que podrían automatizarse. En Argentina y Uruguay, aproximadamente dos tercios de las ocupaciones que existen actualmente corren el riesgo de ser reemplazadas por las tecnologías que ya están disponibles. La tasa de crecimiento promedio de la productividad laboral en la región ha disminuido en los últimos años. En 2016, el producto por trabajador era solo el 29 por ciento de los trabajadores en los Estados Unidos. El desajuste de habilidades en Chile es el doble que en los Estados Unidos.

Entrando en el análisis de una situación que afecta por igual a todos los países, aunque con diferente intensidad y urgencia, en términos generales, por razones metodológicas, creo que debemos hacer una distinción entre “el futuro del trabajo” y “el futuro del empleo“. Entonces, tendríamos que articular las políticas públicas en ambos sentidos.

El futuro del trabajo tiene que ver con la naturaleza y el tipo de trabajos requeridos en la era digital y la CRl, qué tipo de trabajos van a descartarse y cuales necesitarse. En consecuencia, remite a qué tipo de conocimientos, habilidades y competencias deben tener las personas para entrar en el nuevo mercado laboral. Requiere, por tanto, políticas sobre trabajo para la transformación productiva, teniendo en cuenta el impacto económico real del entorno digital en términos de destrucción y creación de puestos de trabajo, para tener la fuerza de trabajo con los niveles de productividad y competitividad necesarios, y con la capacidad de interactuar y compartir trabajo, e incluso responsabilidades, con robots y todo tipo de sistemas automáticos y de inteligencia artificial.

Entonces, hay que estimular la investigación, la innovación, desarrollar competencias, centrarnos en las MIPYMES y las mujeres, la universalización del uso de Internet y la alfabetización digital, lo que significa no solo poder utilizar los instrumentos o programas, sino la capacidad de crear y desarrollar programas. Debemos notar que, a nivel latinoamericano, todavía hay una gran diferencia en el potencial digital, que es la mitad que en Europa y un tercio que en los Estados Unidos. Lo mismo sucede en banda ancha, que es un tercio más bajo que el promedio de la OCDE. Obviamente, la educación es crucial. Pero una educación muy diferente, centrada en las “habilidades blandas”, las competencias de innovación, el aprendizaje de larga duración y la alfabetización digital.

En cuanto al futuro del empleo, estimamos que tiene que ver con una cuestión social, porque a partir de ahora debemos considerar el empleo principalmente como un bien social y no solo como un factor de producción. Por lo tanto, articular políticas sociales para cuidar del empleo en la sociedad como un bien social, para el bienestar de las personas, y no solo para la producción de bienes y servicios.

Considerando la tendencia a la destrucción de empleo en ciertos sectores, generalmente los de personas con bajos ingresos, hay que atender, por un lado, a la necesidad de preservar la mayor cantidad posible de empleos, con medidas específicas orientadas, en primer lugar, a evitar o retardar el reemplazo de personas por máquinas, reemplazos que se deciden muchas veces no por razones de productividad, sino solo por consideraciones como género, edad, necesidades especiales, o simple facilidad de gestión. Asimismo, alentar políticas para facilitar el teletrabajo, la flexibilidad horaria, el autoempleo, y para preservar el contacto humano, etc.

Todo esto significa que el marco normativo debe actualizarse y adaptarse a estas realidades y a este propósito superior. En este sentido, es indispensable una sólida alianza entre los sindicatos, los empleadores y el Estado.

Teniendo en cuenta la estrecha relación entre el empleo y el bienestar individual y social, y la previsible brecha que se irá produciendo entre desocupados y ocupados, es preciso contar con instrumentos para garantizar a todas las personas la posibilidad de cubrir sus necesidades básicas, consideradas integralmente. Un nuevo sistema de bienestar es absolutamente necesario. Nuevos sistemas de pensiones, la salud y el ingreso universal tienen que ser medidas concretas. La pregunta es cómo financiar un sistema de protección social universal. Una de las formas inevitables, es la aplicación de impuestos y cotizaciones a los robots y los demás mecanismos de automatización, como ya se estudia en la UE y en algunos países en concreto.

El paradigma del pleno empleo en términos clásicos, va quedando en el pasado. La ecuación entre el aumento de la población y la destrucción de empleos debido a la tendencia hacia la automatización no permite una sociedad de pleno empleo en términos clásicos. Por lo tanto, es necesario sincerarse, hacerse cargo de esta realidad y crear un Sistema de “ocupación completa”, es decir, que cada persona tenga algo relevante que hacer por sí mismo, su familia, su comunidad y el empleo no sea la única opción. Es un desafío mayúsculo para la gobernanza y la paz social.

Héctor Casanueva

Miembro del Directorio del

Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia.

Vicepresidente Ejecutivo del Foro Académico Permanente

Unión Europea-América Latina y el Caribe. Ex embajador de Chile ante la OMC.

Jugar con el futuro y el futuro de los juegos: vías y posibilidades de las Comunidades Anticipatorias

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Gaming the future and the futures of gaming: on pathways and possibilities of anticipatory commons

Source:  Journal of Futures Studies digital

World Game Seminar at New York Studio School (1969, New York). 
Courtesy of Stanford University Libraries Special Collections

 

By Rok Kranjc

»Make the world work, for 100% of humanity, in the shortest possible time, through spontaneous cooperation, without ecological offense or the disadvantage of anyone«  Buckminster Fuller[1]

»Imagine a future where cities are modeled, tested, designed, and reshaped through interactive, collaborative games« – Ekim Tan[2]

In recent years there has been a major upsurge in theories around and prefigurative experimentation with various alternative institutional models (e.g. commons-based urban co-governance, platform cooperativism, alternative currencies,[3] universal basic assets,[4] circular economy) that challenge the unquestionability of the neoliberal narrative[5] and reflect and integrate to various degrees new and old ideas about possible alternative forms of societal and political economic organization. The many (political) challenges associated with the uptake, experimentation with and scaling of such path-deviant models have prompted parallell developments of more nuanced theories around innovation and institutional change,[6] as well as the articulation and development of novel techniques, tools and platforms that may help incite and facilitate transformations towards sustainability.

With regard to the latter, sustainability foresight is increasingly recognized as a key component. Foresight in short entails various typically participatory and transdisciplinary engagements – e.g. in the form of creating visions, scenarios, backcasts and transition pathways – that help actors better understand and account for possible futures and the processes of change, so that wiser preferred futures and pathways can be created.[7] Additionally, developments in experiential futures and speculative design,[8] generative city gaming[9] and internet and communications technologies (ICTs) enabled network foresight[10] have begun to outline exciting new possibilities of more engaging, strategic, cross-scale, multi-actor, collaborative and anticipatory (i.e. futures oriented) forms of deliberation, cosmopolitan city-making and governance.

Two concepts crucial to zoom in here are anticipatory governance and global foresight commoning. Anticipatory governance may denote practices that involve tools, systems and open knowledge platforms that empower futures-inquiry and futures-making by enabling the smaller and larger scale pre-imagining and exploration of dynamics of change and near and distant future possibilities and in turn informing the development of strategies, pathways, policies, designs and experiments.[11] Global foresight commons has been taken up by some scholars as a concept denoting »a network of globally distributed and shared resources between people, institutions, businesses and other communities, which provides an increasing and useful pool of knowledge, ideas and capabilities that potentiate all of humanity’s capacity to think about shared futures in effective ways.«[12]

While as of yet largely speculative and/or experimental, in very recent years projects have emerged that may be considered as prefigurations or components of more integrated, cross-scale, polycentric and collaborative foresight, knowledge, design and governance supporting systems, i.e. systems that support »wiki-commoning«,[13] social innovation, policymaking, socio-technical-ecological transition design[14] and reflexive transition management.[15] Interesting existing examples of such projects include:

  • Seeds of Good Anthropocenes: a repository that maps more than a hundred initial case studies, and allows, by means of a questionnaire-type interface, for the crowdsourcing of ‘seeds’, i.e. initiatives, at least in prototype form, that represent diverse »social, technological, economic, or social–ecological ways of thinking or doing.«[16]
  • TRANSIT Critical Turning Points: a platform that contains a database and global map of social innovation initiative case studies, and an overview of ‘critical turning points’; i.e. the »breakthroughs, setbacks, and surprises« concerning their emergence and development.[17]
  • Open Futures Library: a »publically contributed, indexed, searchable collection of future scenarios and other images of the future.«[18]
  • Play the City: a transdisciplinary research organization and online platform that researches, develops with urban stakeholders, and offers a database of games around issues such as urban transformation, social change, smart cities, and sharing and circular economy.[19]
  • Foresight Engine: a »platform for engaging various publics in rapid conversation about pressing issues of the future, using basic game dynamics to make it fun and encourage participation.«[20]

The Co-Cities project’s Commoning.city (www.commoning.city) platform may also be regarded as a possible prefigurative constitutent of such systems, which, much akin to Seeds of Good Anthropocenes, counts more than a hundred initial case studies and offers a global map and questionnaire-based crowdsourcing of new entries, albeit with an explicit focus on forms of collaborative city-making and participatory urban governance, and the teasing out, application and refining of institutional design principles for the urban commons.[21]

Numerous questions regarding such systems however remain, of which, to conclude, I outline some of the most pertinent:

(1) In what ways may such and other (digital and/or face-to-face) tools and platforms complement each other in creating more robust and comprehensive toolboxes, or pooling, co-creative and moderation systems; e.g. linking »seed« case studies, designs, design principles and repositories; existing scenarios and other tools for and ways of expressing, experiencing, exploring, playing and experimenting with possible, plausible, probable, desirable, utopian, dystopian, heterotopic and other alternative futures (e.g. films, games, theatrical performances, comics, interactive virtual reality experiences, and artefacts from the future); with ICT enabled network capabilities; new tool and content generation; transition pathway mapping; »citizen sensing«,[22] simulations of (gl-)urban socio-ecological metabolisms; and value and »strong sustainability«[23] based service and product design; in virtuous cycles of open sharing, co-production, experimentation and co-evolution?

(2) In what ways and by what means can lessons learned from such endeavors be transposed to the real world by trandisciplinary communities of practice?[24]

(3) How can such engagements commensurate different interests, worldviews and ways of knowing, and/or make any inherent tensions, discomforts and knowledge gaps productive?[25]

(4) Whose and what kinds of »transformative capacities«[26] are being and can be developed through the use of such approaches, and how do and can these contribute to smaller and wider transformative change?

(5) In what ways may these approaches represent new »emancipatory and egalitarian modalities of politics«[27] and cosmopolitan forms of city-making,[28] and how may these correspond to (i.e. be in conflict with, compliment, transform) existing institutional and actor constellations, norms, roles, responsibilities and power relations?

(6) What are the useful and appropriate forms of analysis, moderation, transposition, codification and meta-data enrichment of small and larger scale workshop, interview, questionnaire, deliberative poll, scenario, game-play, etc., results, for various applications in open knowledge pooling and (co-)creation?

(7) How can »seeds«, theories of change, design tools, etc., be integrated in the form of engaging game based, network enabled, and other (hybrid?) practices of foresight? How can and/or should the mechanics, design and set-up of these today account for and/or incorporate the politics of transformations towards sustainability?[29]

(8) What kinds of tools can enable the evaluation and (re-)combination (through »bricolage«) and multi-tier scaling (i.e. scaling upout and deep)[30] of »seeds« or social innovations to foster more future-fit, multi-dimensional and complex socio-ecological systems oriented experiments, transition pathways and institutional alternatives?

(9) Assuming that today radical transformations are necessary to stay within surmisable planetary boundaries,[31] how can the design and set-up of such tools, systems and platforms ensure that co-creation involving different stakeholders is deliberatively yet normatively geared towards path-deviant and more radical innovation, rather than path-dependency and the status quo?

(10) Can immersive and confrontational experiential futures (e.g. confronting actors with ‘voices of future generations’,[32] or undesirable socio-ecological futures extrapolated from scenarios and simulations of continued status quo) accelerate (social, political, economic, etc.) paradigm shifts, and what may be the ramifications of such tactics and strategies?

 [1] Fuller, B. (1971). The World Game: Integrative Resource Utilization Planning Tool. World Resources Inventory. Carbondale.

[2] https://dezwijger.nl/programma/the-future-of-urban-gaming.

[3] https://roarmag.org/essays/moneylab-conference-alternative-currencies/.

[4] https://medium.com/institute-for-the-future/universal-basic-assets-abb08ca2f0fc.

[5] Longhurst et al. (2017) Experimenting with alternative economies: four emergent counter-narratives of urban economic development. Current Opinion in Environmental Sustainability, 22, 69–74

[6] Haxeltine et al. (2016). TRANSIT WP3 Deliverable D3.3 – A Second Prototype of TSI Theoryhttp://www.transitsocialinnovation.eu/resource-hub/transit-wp3-deliverable-d33-a-second-prototype-of-tsi-theory-deliverable-no-d33.

[7] Inayatullah, S. (2008). Six pillars: futures thinking for transforming. Foresight, 10(1), 4–21.

[8] Dunne, A., & F. Raby (2013). Speculative Everything: Design, Fiction, and Social Dreaming. Cambridge & London: MIT Press; Candy, S. (2010). The Futures of Everyday Life: Politics and the Design of Experiential Scenarios (PhD thesis). School of the Art Institute of Chicago, Chicago.

[9] Tan, E. (2016) The Evolution of City Gaming. In: Portugali J., Stolk E. (eds) Complexity, Cognition, Urban Planning and Design. Springer Proceedings in Complexity. Springer, Cham; Schouten, B., Ferri, G., de Lange, M. & K. Millenaar (2017). Games as Strong Concepts for City-Making. Playable Cities, Gaming Media and Social Effects; Other interesting examples of ‘commons transition’ games include Utopoly (http://www.neilcummings.com/content/utopoly), Transition Ingredients Cards (https://transitionnetwork.org/news-and-blog/transition-ingredients-cards-english-italian-chinese/) and C@rds in Common (http://www.bollier.org/blog/crds-common-learning-about-commons-through-play).

[10] Ramos, J.M, Mansfield, T. & G. Priday (2012). Foresight in a Network Era: Peer-producing Alternative Futures. Journal of Futures Studies, 17(1), 71–90; Raford, N. (2014). Online foresight platforms: Evidence for their impact on scenario planning & strategic foresight. Technological Forecasting & Social Change (97): 65–76.

[11] Ramos, J.M. (2014). Anticipatory Governance: Traditions and Trajectories for Strategic Design. Journal of Futures Studies, 19(1), 35–52; Boyd, E., Borgstrom, S., Nykvist, B., & I.A. Stacewicz (2015). Anticipatory governance for social-ecological resilience. Ambio, (44): 149–161.; Ravetz, J. (2017). From “smart” cities to “wise”: synergistic pathways for collective urban intelligence, JPI Urban Europe – Urban Transition Pathways Symposium; http://actionforesight.net/anticipatory-governance-and-the-city-as-a-commons/.

[12] http://seedmagazine.com/content/article/on_a_global_foresight_commons/.

[13] Iaione, C. (2016). The CO-City: Sharing, Collaborating, Cooperating, and Commoning in the City. American Journal of Economics and Sociology, 75(2): 415-455.

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[15] Voß, J., & B. Bornemann (2011). The politics of reflexive governance: challenges for designing adaptive management and transition management. Ecology and Society 16(2): 9

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[17] http://www.transitsocialinnovation.eu/discover-our-caseshttp://www.transitsocialinnovation.eu/sii

[18] http://openfutures.net/; see also Priday, G., Mansfield, T., & J.M. Ramos (2014). The Open Futures Library: One Step Toward a Global Foresight Commons? Journal of Futures Studies, 18(4): 131–142.

[19] https://www.playthecity.nl/http://gamesforcities.com/.

[20] http://www.iftf.org/foresightengine/.

[21] http://www.commoning.city/; see also https://www.thenatureofcities.com/2017/08/20/ostrom-city-design-principles-urban-commons/.

[22] Gabrys, J. (2014) Programming Environments: Environmentality and Citizen Sensing in the Smart City. Environment and Planning D: Society and Space, 32(1): 30 – 48

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[24] Cundill, G., Roux, D. J., & J. N. Parker (2015). Nurturing communities of practice for transdisciplinary research, Ecology and Society, 20(2): 22.

[25] Vervoort et al. (2015). Scenarios and the art of worldmakingFutures (74): 62–70.

[26] Wolfram, M., Frantzeskaki, N., & S. Maschmeyer (2016) Cities, systems and sustainability: status and perspective of research on urban transformations, Current Opinion in Environmental Sustainability (22): 18–25.

[27] Swyngedouw, E. (2016). Unlocking the mind-trap: politicising urban theory and practice. Urban Studies, 54(1): 55-61

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[29] Patterson et al. (2016). Exploring the governance and politics of transformations towards sustainability. Environmental Innovation and Societal Transitions, 1–16; Avelino, et al. (2016). The Politics of Sustainability Transitions. Journal of Environmental Policy & Planning, 18(5): 557–567

[30] Moore, M.-L., Ridell, D. & D. Vocisano (2015) Scaling Out, Scaling Up, Scaling Deep: Strategies of Non-profits in Advancing Systemic Social Innovation. The Journal of Corporate Citizenship No. 58, Large Systems Change: An Emerging Field of Transformation and Transitions (June 2015), 67–84; Olsson, P., M.-L. Moore, F. R. Westley, & D. D. P. McCarthy (2017). The concept of the Anthropocene as a game-changer: a new context for social innovation and transformations to sustainability. Ecology and Society 22(2):31.

[31] Steffen et al. (2015). Planetary boundaries: Guiding human development on a changing planet. Science, 347(6223): 1259855

[32] Y. Kamijo, A. Komiya, N. Mifune & T. Saijo (2017) Negotiating with the future: incorporating imaginary future generations into negotiations, Sustainability Science, 12, 409-420.

Rok Kranjc is a graduate student at Utrecht University, where his focus is on Geosciences and Sustainable Development. This article originally was published at Labgov.city and has been republished with permission.

Escenario posible año 2038: así será como comeremos 20 años en el futuro?

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Agosto 23, 2018 / 7:00 AM /  IDEAS MUNDIALES DE CAMBIO

Es el año 2038: así será como comeremos 20 años en el futuro?

BY MARIUS ROBLES

Fuente: https://www.fastcompany.com/90222618/what-the-future-of-food-will-look-like-in-2038

Traducción: Lucio Henao Proseres, agosto 2018

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[Fuente de la imagen: westCloud / iStock, Brooke Lark / Unsplash]

Una mirada de ciencia ficción a las próximas dos décadas de desarrollos alimentarios, desde los granjeros robots hasta las comidas impresas en 3D y el control gubernamental de su ingesta diaria de calorías.

Es el año 2038. La palabra “sabor” ha caído en desuso. El azúcar es el nuevo cigarrillo, y hemos logrado reemplazar la sal con plantas sanas. Vivimos en una sociedad en la que comemos frutas cultivadas mediante genética. Bebemos vino sintético, huevos revueltos que no provienen de pollos, carne asada que no se tomó de animales, y pescado asado que nunca vio el mar.

¿Era esto lo que teníamos en mente cuando comenzamos a buscar la transparencia, la trazabilidad y la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario hace muchos años en los primeros años? Hace aproximadamente una década, vivimos un cuello de botella agrícola causado por las temperaturas cálidas que causaron plagas y enfermedades, que comprometieron gravemente las fuentes de alimentos que cultivábamos y consumíamos. Al final, tres cuartas partes de los alimentos del mundo se derivaron de solo 12 plantas y cinco especies de animales. Aprendimos de este error y comenzamos a abrazar la verdadera biodiversidad, cultivamos carne en los laboratorios y pusimos la robótica en las granjas. Pero los avances tecnológicos que han hecho posibles alimentos limpios y sostenibles también han creado algunos escenarios horripilantes.

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[Fuente de la imagen: westCloud/iStock, Jez Timms/ Unsplash]

A los agricultores tradicionales no les quedó más remedio que reinventarse, aunque muy pocos tenían la capacidad de adaptarse al nuevo tipo de agricultura. La mayoría de ellos fueron eliminados por robots. Los vegetales como la coliflor, el repollo y el brócoli habían visto un alza en los precios debido a la falta de trabajadores disponibles para cosecharlos. Los robots redujeron el costo en un 40%.

La agricultura ahora está en gran parte en manos de la generación joven, el 70% de los cuales son graduados universitarios y se refieren a sí mismos como “agricultores urbanos-científicos”. Cultivan todo tipo de plantas en contenedores colocados en las ciudades, utilizando configuraciones hidropónicas eficientes y las últimas tecnología para reducir la brecha entre los ciudadanos y sus alimentos. Las granjas ahora se encuentran en las ciudades y se pueden visitar fácilmente, pero ahora se parecen más a una tienda de Apple que a una granja tradicional.

Además de esta tecnología, los campos que permanecieron para el cultivo se convirtieron en sitios para prácticas agrícolas regenerativas, una serie de pasos más allá de lo requerido para obtener una etiqueta orgánica y que podrían contribuir a combatir el cambio climático mediante el bloqueo del carbono en el suelo.

Vivimos en una era de ultrapersonalización, pero al mismo tiempo, carecemos de cualquier tipo de privacidad. Toda nuestra nutrición sigue un plan, prácticamente no hay libertad de elección. El desencadenante inicial fue el programa piloto de China, basado en el lanzamiento de su sistema de big data e inteligencia artificial que asignó una calificación a cada ciudadano chino, lo que llamaron el plan de crédito social.

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[Fuente de la imagen: PashaIgnatov/iStock, Jakub Kapusnak/Unsplash, Marcus Wallis/Unsplash]

Una vez que las empresas chinas ingresaron al mercado de alimentos en masa, aplicaron su tecnología y modelo de control en todo el mundo. El enfoque en el cambio climático y la seguridad alimentaria llevó a la UE a crear una especie de policía alimentaria. Esta organización utiliza la tecnología y la huella de carbono que deja cada ciudadano para rastrear todo lo que comemos y controlar nuestro nivel de desperdicio de alimentos. La suma de todos estos elementos da como resultado nuestro CFS (Citizen Food Score).

Ellos son capaces de analizar todo, desde el sándwich que tomamos de una máquina expendedora-1,441 gramos de CO2 equivalente, igual a las emisiones generadas por conducir un automóvil durante 10 millas-a nuestros hábitos alimenticios en general. Esto significa que cuando intenta utilizar su huella dactilar en una máquina expendedora, a veces retendrá el producto, ya sea porque excederá su nivel de carbono predeterminado o porque ya ha ingerido las calorías necesarias para ese día.

Un algoritmo calcula nuestro nivel de consumo y el desperdicio que generamos sin necesidad de revisar las bolsas en nuestros contenedores de basura, simplemente en función de lo que compramos en el supermercado, el número de personas en nuestro hogar, y su consumo y hábitos. Esto se usa para imponer multas significativas cuando se detecta un alto nivel de desperdicio.

Hemos terminado con la obesidad, pero aún estamos analizando los efectos sobre la salud de los nuevos productos alimenticios provenientes de los laboratorios. Como medida preventiva, ahora contamos con la Agencia Tributaria de Consumo de Alimentos, que analiza la forma en que comemos por medio de un implante digital o tatuaje, según la categoría. El gobierno hace que cada persona ingiera un nanorobot comestible cada seis meses para evaluar el riesgo de nuestra comida para nuestra salud y el medio ambiente. Las compañías de seguros han comenzado a ofrecer pólizas con primas que varían de acuerdo con nuestros hábitos de salud. Gracias a esos implantes, pueden rastrear casi todo en tiempo real.

Las cocinas han cambiado completamente. Ahora tenemos biorreactores en nuestras cocinas, junto con toda una serie de dispositivos inteligentes de cocina que no solo manipulan o procesan los alimentos, sino que también pueden preparar cualquier plato o receta. Hemos pasado de tener jardines urbanos en el hogar a invernaderos robóticos que producen alimentos a alta velocidad, 500 veces más rápido que el cultivado en el suelo. Incluso tenemos la capacidad de producir alimentos híbridos.

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[Fuente de la imagen: westCloud / iStock, Alan Harman / Unsplash]

Ahora podemos teletransportar comida. El método de transporte que llevó las comidas a nuestros hogares pasó de la motocicleta, la bicicleta y el robot a una conexión de banda ancha. En lugar de enviar la comida, enviamos sus datos. Podemos adquirir recetas y platos elaborados por los mejores chefs en sus restaurantes. Una vez que los “compramos”, nuestras impresoras de alimentos 3D pueden replicarlos en el hogar en cuestión de segundos. Los sintetizadores de alimentos en polvo pueden crear aperitivos simultáneos y cambiantes, con 10 o 20 sabores diferentes en cada bocado.

Esto sucedió después de que las empresas digitalizaran todos los productos alimenticios del mundo, lo que les permitía imprimirlos en 3D. Crearon una base de datos digital de alimentos que almacenaba información sobre el sabor, el color, la forma, la textura y los nutrientes de diferentes tipos de alimentos. El usuario simplemente tenía que seleccionar el tipo de comida que deseaba de la base de datos y su impresora 3D creaba pequeños cubos en forma de esa comida, que luego se inyectaban con los sabores, colores y nutrientes correspondientes.

La inteligencia artificial se enredó por completo en nuestras vidas y también en nuestras cocinas. A cada ciudadano se le asigna un algoritmo de sabor predictivo, similar al ADN culinario, que registra todos los recuerdos y sabores relacionados con los alimentos desde nuestra más tierna infancia. Ya que comprende perfectamente todas nuestras necesidades culinarias, puede anticipar nuestros estados de ánimo e instruir a nuestros dispositivos de cocina para preparar el plato más apropiado. Todo lo que necesitamos se registra en una única base de datos.

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[Fuente de la imagen: westCloud / iStock, John Canelis / Unsplash]

Los pocos restauradores que quedan tienen el mismo nivel de responsabilidad que los médicos en cuanto al cuidado de la salud de sus clientes. Los restaurantes solían atender a las emociones, en lugar de exclusivamente a los estómagos. En aquel entonces, no solo alimentaban a los comensales, sino que también servían como escenario de reconciliaciones, negociaciones, conspiraciones, declaraciones de amor, reuniones intelectuales, conversaciones profundas y un largo e indescriptible etcétera. Hoy en día, la mayoría de los restaurantes se han convertido en virtuales. Todavía preparan platos, pero los envían a tu casa. Ya no tienen mesas y sillas para que los comensales se sienten. El progreso realizado en la conservación de alimentos nos permite disfrutar de cualquier menú, desde la mejor cocina de alta calidad hasta los mejores bocadillos, en la comodidad de nuestros hogares.

Todos los clientes que todavía visitan restaurantes en persona encuentran un espacio lleno de sensores que rastrean las operaciones en la cocina y los movimientos de los comensales. La mayoría de los restaurantes descarga el FCS (Food Citizen Score) de sus comensales y el algoritmo predictivo del sabor (ADN culinario) mientras cruzan la puerta, para obtener información sobre el peso, la altura, los requisitos dietéticos y los objetivos de la condición física. Sus aplicaciones proporcionarán asesoramiento nutricional personalizado y recomendarán opciones de comidas. Los clientes también proporcionan una muestra de saliva, para que el restaurante pueda hacer una referencia cruzada de su composición genética contra estudios actualizados, para informarles si tienen una probabilidad significativa de una predisposición genética a las intolerancias alimentarias y también para informar los contenidos dietéticos específicos de el menú perfecto que armarán.

La abundancia, junto con la capacidad de inteligencia artificial de anticipar cada decisión, ha vaciado nuestras mentes y nuestras vidas de cualquier preocupación relacionada con la comida. Pero como resultado, hemos destruido el placer de comer: nunca nos lamemos los labios con anticipación.

 

Marius Robles es el CEO y cofundador de Reimagine Food, el primer centro de interrupción del mundo que se centra en anticipar el futuro de los alimentos. Actualmente está terminando su libro Eatnomics: The New Food Economy, que proporciona una nueva perspectiva sobre hacia dónde se dirige el futuro de los alimentos, junto con las oportunidades y desafíos que se presentarán. Esta es una obra de ficción. Los personajes, negocios, lugares, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor o se usan de manera ficticia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

BY MARIUS ROBLES

Fuente: https://www.fastcompany.com/90222618/what-the-future-of-food-will-look-like-in-2038

Traducción: Lucio Henao Proseres, agosto 2018

 

 

 

 

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