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Pandemia: ¿una maldición o una bendición disfrazada?

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Sergio Bitar 23 abril, 2020

Esta crisis podría desatar energía y voluntad para transformar la forma de vivir actual, enfrentar el gran desafío del cambio climático, la desigualdad y el individualismo. Será prolongada y ardua, pero creará una gran oportunidad de construir un mundo mejor. Dependerá de la resolución política, la conciencia social y lo que haga cada uno de nosotros. Entonces, esta pandemia podría devenir una bendición disfrazada.

Si se maneja bien, esta pandemia del coronavirus podría crear condiciones propicias para impulsar transformaciones cruciales. Podría devenir una “bendición disfrazada”. Esta pandemia, cuyos efectos serán mucho más sustanciales y duraderos que los que percibimos ahora, puede ser una señal anticipada, una potente advertencia y una alerta para que el ser humano se disponga a cambiar de manera radical su forma de vivir y organizarse.

Hasta días antes de la difusión exponencial de los contagios, el tema más angustiante era el cambio climático. Los datos se iban tornando alarmantes. Los últimos informes nos advertían los riesgos de escasez de alimentos, subidas del mar, amenazas a poblaciones costeras, calor y sequía, incendios, deshielos, desplazamientos de población. Esta pandemia ha pospuesto esas preocupaciones, pero no las ha hecho desaparecer. Por el contrario, ambos fenómenos globales –pandemia y cambio climático– se imbrican entre sí. Cabe reflexionar, entonces, cómo transformar la crisis sanitaria, económica y ecológica en una oportunidad para efectuar reformas que permitan a la humanidad, y a cada gobierno, abordar con audacia y responsabilidad lo que vendrá.

Así lo advierte Hans Joachim Schellnhuber, director emérito del Potsdam Institute: “El cambio climático está llegando al fin del juego, muy pronto la humanidad deberá elegir entre tomar acciones sin precedentes o aceptar que ya es muy tarde y sufrir las consecuencias… si continuamos por el camino actual hay un alto riesgo de terminar con nuestra civilización. La especie humana sobrevivirá de alguna manera, pero habríamos destruido casi todo lo construido en los últimos 2000 años” (Existential climate-related security risk: A Scenario Approach, David Spratt & Ian Dunlop, mayo 2019).

Siendo esta pandemia la primera crisis realmente global y sistémica, ella se propaga a todas las esferas de la vida. Abarca a todos los países, sectores sociales, razas, religiones, grupos etarios; amenaza la salud; se entrelaza con el cambio climático; destruye empleos y daña la actividad productiva y financiera; aumenta la pobreza, y modifica los comportamientos de cada uno de nosotros.

No tenemos claro cómo se retroalimentarán todos estos procesos, pues no hay experiencias que nos guíen. Pero sí intuimos que cambiará la organización de la vida, veremos transformaciones institucionales y de comportamiento, de gran magnitud. La vulnerabilidad personal, que no exime a nadie, nos dispondrá a prevenir y actuar de forma radical. Transformaciones urgentes, que han sido peligrosamente postergadas, serán más viables de realizar. Dependerá de la conciencia de la sociedad y del liderazgo político. Por primera vez el ser humano encara a un mismo enemigo desconocido. Sin duda, este trauma nos sensibilizará también sobre la trascendencia del cambio climático para el futuro de la especie humana.

Anticipación y diseño de nuevas estrategias

Inevitablemente, la atención de los gobiernos y de cada persona, en medio de la incertidumbre y el temor, se vuelca a lo inmediato. ¿Qué podemos atisbar si levantamos la mirada?  Es imprescindible analizar escenarios futuros. La prospectiva, o foresight en inglés, es un método para pensar y situarnos en distintos horizontes, incluso los más dramáticos. Solo así podremos identificar los obstáculos y oportunidades que pueden surgir. La prospectiva complementa la atención a lo inmediato, al explorar y detectar futuros plausibles. Nos da tiempo para adelantarnos, diseñar nuevas estrategias y salir mejor parados. Al analizar distintos escenarios, desde los más moderados, de continuidad, hasta los extremos, de disrupción, se puede disminuir la incertidumbre y seleccionar los que parecen más plausibles para concentrase en ellos y deducir cursos de acción más efectivos.

Esta herramienta es aún más requerida cuando distintos pensadores vaticinan que “la actual pandemia global COVID-19 será vista en retrospectiva como un gran acelerador que nos hizo transitar desde la continuidad del pasado a una nueva era. Solo un acontecimiento como este, que desarma todas nuestras nociones preconcebidas, un quiebre epistémico, tiene el poder transformador general para alterar la condición humana”, así registra Nathan Gardels (The World Post, 21 marzo de 2020).

Hacer sistemáticamente el ejercicio de prospectiva ayuda a los gobiernos, organismos internacionales, instituciones, empresas y sociedad civil. Facilita una reflexión sobre estrategias para encarar diversos escenarios. A partir de ese ejercicio es posible identificar qué iniciativas son transversales y cuáles conviene poner en práctica lo antes posible.

Algunos países avanzados cuentan con capacidades de prospectiva, otros emergentes tienen muy escasos recursos humanos e institucionales para escrutar futuros y anticipar. Es indispensable, por tanto, crear unidades de futuro en los principales centros de gobierno, fortalecer los existentes y conectarlos con equipos de las regiones, empresas y universidades.

¿Qué amenazas se avizoran en el horizonte?

Advertido de los riesgos de errar en circunstancias tan inciertas, aventuro cinco amenazas principales.

  • La transformación climática del planeta modificará la vida, incluso la realidad sanitaria actual. Los virus podrán mutar con los cambios climáticos y surgirán riesgos nuevos. Las pandemias, no las guerras nucleares, serán el mayor peligro de la humanidad. La escasez de agua pondrá en riesgo el consumo humano, afectará la producción de alimentos y provocará migraciones. La altura del mar subirá por el derretimiento de hielos en el Ártico y la Antártica, amenazando ciudades costeras; las inundaciones afectarán a numerosas ciudades y particularmente a las poblaciones donde habitan los pobres; los incendios acrecentarán la deforestación, reduciendo la captura de CO2. Además, como lo advierte la FAO, “el cambio climático impacta la agricultura más allá de los rendimientos de los cultivos (…) afecta también la calidad de los suelos, el ecosistema de los peces y los stocks, la diversidad de los paisajes, la epidemiología y la resistencia antimicrobiana a las pestes y enfermedades” (FAO, The Future of Food and Agriculture: Alternative Pathways to 2050, 2018).
  • Aumentará la desigualdad. El coronavirus puede socavar aún más el sostén económico de las familias modestasMientras no se descubra un tratamiento para los enfermos y vacunas para los sanos, el combate a la pandemia se hará conteniendo la propagación y contagios a través de mascarillas, distanciamiento, cuarentenas y toques de queda. Crecerá la angustia ante el desempleo, el temor ante la recesión económica, y el desabastecimiento de bienes y servicios. La brecha digital puede crecer elevando la desigualdad. En este momento histórico, todos los países enfrentan un dilema mayor: cuánta protección a la salud y cuánta reactivación económica para recuperar empleos y proveer servicios básicos.
  • Estados débiles que carecen de capacidad de conducir, coordinar, financiar y ejecutar las acciones necesarias para proteger a la población. El Estado deberá crecer para proteger la salud de todos, y aplicar mecanismos inéditos de entrega de dinero directamente a cada persona para alimentarse y sobrevivir, y a las empresas para mantener empleos y recuperarse. El nuevo desafío será cómo generar más igualdad con menos recursos. Para crecer, deberán ocurrir modificaciones mayores en la organización de la producción y del consumo, la reducción de la contaminación, digitalización y robotización, diálogo social y consultas ciudadanas, hábitos y comportamientos.
  • La democracia está amenazada. Antes que estallara esta pandemia la democracia estaba asediada en cada país, con gobiernos, instituciones y elites deslegitimadas. Cundía el malestar de rechazo a la desigualdad y la corrupción, una economía casi estancada y protestas sociales en ascenso. La pandemia y la crisis económica agudizarán estos fenómenos. Si a ellos se agrega el temor y la vulnerabilidad, que predisponen a muchas personas a transar libertad por seguridad, aumentan las tentaciones autoritarias. La expansión de la digitalización, el seguimiento y trazabilidad de cada persona, el pago directo a desempleados y pobres para que sobrevivan, pueden abrir paso a sistemas de vigilancia y control social inéditos. Las fuerzas armadas que supervisan cuarentenas y toques de queda pueden tornarse habituales. Pueden acentuarse las actitudes individualistas, pues el temor de ser contagiado puede despertar el egoísmo en vez de la cooperación, y las nuevas tecnologías para cuidar a cada ser humano de la enfermedad pueden servir también para espiarlo y limitar su libertad. El Estado de derecho está en riesgo.
  • El mundo no está preparado para colaborar eficazmente. La disputa geopolítica entre EE.UU. y China no amainará y puede echar por tierra la colaboración global. Tal tensión retardaría la superación de las pandemias y la recuperación económica, esencial para los países que necesitan de reglas internacionales convenidas. “Las desigualdades entre los países y entre grupos sociales que aumentaron la fragilidad del sistema mundial deben ser abordadas de una vez por todas” (CEPAL, Informe Especial, COVID 19, abril 2020). Yuval Harari apunta bien que el dilema de la humanidad es “entre nacionalismo aislacionista y solidaridad”, y advierte que el uso extendido de las tecnologías y la preferencia humana por ceder privacidad y ganar seguridad coloca a la humanidad en el dilema de “gobiernos autoritarios de vigilancia o empoderamiento ciudadano” (The World after Coronavirus, Financial Times, 21 de marzo).

Las oportunidades de cambio

Paralelamente a las amenazas, se crearán circunstancias favorables para realizar transformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales que se hallaban pendientes, bloqueadas, o que nunca se habían viabilizado. Es importante vislumbrar esos cambios para anticipar la acción. Veamos algunos.

  • Máxima prioridad será transformar los sistemas de salud, crear un sistema público potente al que accedan todos los habitantes, en condiciones básicas iguales. Después de la gran epidemia de 1918, se transformaron los sistemas de salud, con autoridad central y predominio público. Similar proceso tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial, cuando creció el Estado de bienestar y la equidad. Luego de la pandemia de 2020 el ímpetu será mayor y podría abarcar múltiples iniciativas, formar más personal médico, elevar los recursos para investigación científica, remunerar la labor de cuidado a los vulnerables, mayoritariamente mujeres, coordinar esfuerzos mundiales de investigación y control de armas biológicas. “La salud pública puede transformarse en el eje de la política exterior”, señala Ed Yong en How the Pandemic Will End (The Atlantic, marzo 25, 2020).
  • La digitalización se expandirá exponencialmente a todos los ámbitos de la vida. Las familias de menores ingresos no cuentan ni con habilidades digitales ni dispositivos, ni acceso a banda ancha. El acceso digital es un servicio público y, por tanto, es un derecho que el Estado debe asegurar a todas las personas. La salud será el primer ámbito de intervención y reforma, igual tendencia se dará en educación y el comercio, que verá rápidos progresos, con nuevos sistemas de venta, bodegaje, transporte y pago. Sin embargo, en América Latina la infraestructura y la educación digital son insuficientes y desiguales. Se requerirá de una densificación de la infraestructura, fibra óptica y equipos. Igualmente debe regularse la nueva estructura empresarial, para limitar la concentración en muy pocas empresas integradas verticalmente, que oligopolizan las comunicaciones mundiales y pueden poner en jaque la libertad de expresión y la privacidad, esenciales en una democracia.
  • Los países velarán por su seguridad alimentaria y sanitaria. Tras la interrupción del transporte y cierre de fronteras se ha tomado conciencia de la fragilidad de las cadenas internacionales de producción y del abastecimiento de bienes básicos, alimentación y medicamentos. Ya antes de las actuales inquietudes por escasez, un informe de FAO (op. cit), ponía en duda la capacidad de alimentar a una población mundial que sigue creciendo y se aproximaría a 10 mil millones en 2050. Hay países exportadores de alimentos que, en medio de la pandemia, están suspendiendo envíos al exterior para asegurar su abastecimiento interno. La alta proporción de medicamentos producidos en China e India expone a una dependencia que los países preferirán evitar. Los gobiernos, probablemente, querrán asegurar el abastecimiento interno y tomar distancia de fallas que acontezcan en otras latitudes.
  • Se fortalecerán las políticas de inclusión social. Este virus será un catalizador de la lucha por la igualdad. “Solo las plagas catastróficas y las guerras han impulsado a las sociedades en el pasado a fundamentalmente enderezar la desigualdad social”, señala el historiador de Stanford Walter Scheidel (en su libro The Great Leveler). Se necesitará mayor presencia del Estado para ejecutar nuevas políticas sociales y apoyar directamente a cada familia. Luego de la crisis, se pueden avizorar fuertes presiones para avanzar hacia un nuevo sistema de protección social con garantía a derechos básicos. Un nuevo pacto social será indispensable para absorber al impacto de los cambios tecnológicos en el futuro del empleo. La robótica y la inteligencia artificial elevarán la productividad, pero también provocarán desempleo en quienes realizan labores rutinarias. Sin una acción enérgica en favor de la alfabetización digital y la protección del trabajador y su familia durante la transición a nuevos empleos, se elevará la desigualdad. Si los países consiguen avanzar en inclusión, tendrán menos conflictividad, más acuerdo social y legitimidad para progresar. Esta es una condición para gobernar en sociedades democráticas.
  • Nuevas reformas para afianzar el respeto a los Derechos Humanos, elevar la participación y distribuir el poder. La opinión pública exigirá a los gobiernos, partidos políticos y organizaciones sociales empoderar a los ciudadanos y ampliar la inclusión. Los poderes especiales que se le puedan delegar a un gobierno durante una emergencia deberán ser proporcionales, temporales y estar sujetos a la fiscalización de otros poderes del Estado, de la sociedad civil y de los medios de comunicación. Asegurar el derecho igualitario al agua y al acceso digital será una demanda de la ciudadanía. El avance de la democracia dependerá de lograr la cohesión social, la igualdad y de compartir un proyecto nacional solidario.
  • Los Estados nacionales asumirán un mayor poder de conducción estratégica, que haga imperar las prioridades de la sociedad sobre las decisiones del mercado. Una mayor gravitación del Estado en la conducción de la sociedad Estado no implica un aparato central burocrático ni propietario de innumerables empresas públicas que reemplacen a las privadas. Las nuevas instituciones públicas se extenderán en dos direcciones. Una, hacia la descentralización, donde las personas puedan ejercer su participación y decisión en forma directa, más cercanas a sus municipios y autoridades locales. La otra, avanzar hacia la colaboración y coordinación internacional, alejarse del aislacionismo, fortaleciendo las instancias multilaterales, a fin de responder a los problemas globales que afectan a todos los países.
  • Acciones multilaterales para afianzar la colaboración global. En medio de esta crisis global, salvo la OMS, ha habido escasa intervención de organismos internacionales. Incluso en la Unión Europea, el sistema más sofisticado de integración, cada nación ha reaccionado separadamente. La lógica de “sálvese quien pueda” ha evidenciado la frágil estructura mundial para encarar los enormes desafíos. La forma en que EE.UU. y China regulen su pugna estratégica es esencial para configurar un nuevo orden internacional.  Naciones de Europa, América Latina, Asia y África pueden concertar su colaboración para reformar y reforzar las instancias multilaterales en salud, alimentación, energía, finanzas, cambio climático y paz. Las Naciones Unidas, el FMI y el BM deben desempeñar un rol muy superior al que ejercen hoy. “Los líderes mundiales deben acordar de inmediato el compromiso de destinar 8 mil millones de dólares y financiar las más urgentes brechas de combate al COVID-19” (Plan de Berggruen Institute, del ex Primer Ministro de Inglaterra Gordon Brown y de miembros del 21st Century Council, 12 de abril de 2020)
  • Comportamientos más colaborativos, menos competitivos. ¿Puede aflorar un mundo donde se morigere el individualismo y florezca la solidaridad, donde cada persona aprecie lo esencial y descarte lo superfluo y el despilfarro, donde se aplaque la arrogancia de creer en la supremacía sobre la naturaleza o pensar que somos inmunes? Crecerá la responsabilidad compartida en el hogar y veremos una presencia más activa de la mujer en las actividades públicas.
  • “Hoy creo que tenemos que desacelerar un determinado ritmo de consumo y de producción y aprender a comprender y a contemplar la naturaleza” (entrevista a Papa Francisco, ABC, 8 abril de 2020). La sociedad civil deberá adquirir más poder y autonomía para emprender acciones de interés público y las empresas deberán asumir responsabilidades sociales. Una democracia con poder distribuido está más capacitada para crear una sociedad cohesionada. ¿Cómo estimular y consolidar los valores y actitudes solidarias activas? El mundo que emerja y las posibilidades de cambio dependerán, como señala D. Levy-Strauss, de cuánto cambiarán las preferencias colectivas como consecuencia de la prolongación y profundidad de esta crisis (L´Etre, l´Avoir el le Pouvoir dans la Crise, Slate, abril de 2020).

Chile y América Latina

La anticipación de escenarios y tendencias ayuda a identificar cursos de acción y a preparar programas de futuro en América Latina. La situación actual podría desatar un gran impulso transformador y con ello evitar que se acentúe el rezago, social, económico y democrático de la región.  Surge una gran oportunidad de realizar transformaciones como las siguientes.

  • Una gran reforma del sistema de salud. La segmentación entre lo público y lo privado ha provocado diferencias de calidad inaceptables, que están en el origen de protestas pasadas y latentes en todos los países latinoamericanos, y del estallido social de octubre 2019 en Chile. Emergerán nuevas condiciones favorables para efectuar reformas contundentes, crear un seguro universal, proveer de medicamentos a precios controlados, elevar la producción nacional de genéricos, reforzar el rol público en producción y distribución. Salud no es solo medicamentos y atención médica, también exige terminar con el hacinamiento, y proveer servicios y bienes públicos universales y de mejor calidad. Porque la salud del más modesto es requisito para la salud del más pudiente, todos dependemos de todos.
  • Afirmar la democracia y combatir las tendencias autoritarias. La democracia representativa exigirá numerosas reformas político-institucionales. En América Latina se deberá equilibrar el excesivo poder presidencial. La región carece de mecanismos efectivos de diálogo social, y deberá crearlos para consultar y alentar la participación de la comunidad en las elecciones y decisiones de política pública. Sin instaurar nuevas modalidades de democracia participativa no se logrará fortalecer la democracia representativa. También será prioritario revisar las funciones de las fuerzas armadas. Cuando la principal amenaza ya no son las guerras, ellas deberán especializarse y colaborar en emergencias nacionales y globales, especialmente las derivadas del cambio climático. Igualmente, se ha de reformar a las policías para que actúen en la preservación del orden público con respeto a los Derechos Humanos y al Estado de derecho. A su vez, las nuevas formas de comunicación social deben propender al empoderamiento ciudadano. La democracia requiere resguardar la veracidad, dignidad, libertad y privacidad, impedir el abuso, la distorsión, la manipulación. Por ello será imprescindible regular a las redes y a las grandes empresas que controlan el sistema de comunicaciones sociales.
  • Crear un nuevo sistema de protección social. Sin mayor inclusión social, el sentido de comunidad se debilita y se comprometería la profundización democrática. La aceleración de la digitalización y la consiguiente amenaza de desempleo exigen proteger a las trabajadoras y los trabajadores y sus familias en la transición, y apoyarlos con un gran plan de alfabetización, formación e investigación digital. El llamado “dividendo digital”, fruto de una digitalización vertiginosa, deberá distribuirse mejor. Parte de este proceso se traducirá en la implantación progresiva de un ingreso básico universal que garantice la sobrevivencia de todas las personas y les otorgue autonomía para desarrollarse y aportar a la comunidad. La pandemia hará imperiosa la creación de un nuevo pacto social.
  • Un Estado que conduzca, incluya e innove. Será una prioridad lograr eficiencia y probidad en la provisión de servicios y bienes públicos de calidad para todos, sin exclusión. Sin embargo, eso no basta, el cambio principal radica en la redefinición de sus funciones y el robustecimiento de sus capacidades. Se necesitará un Estado que convoque a la acción conjunta de los principales actores de la sociedad, un Estado solidario que active la inclusión social, un Estado catalizador que impulse la innovación productiva, un Estado garante de una cultura de respeto, dignidad y creatividad, que mejore la convivencia.
  • Un salto en tecnología digital. La educación digital y la infraestructura de acceso son aún débiles. Ambas son esenciales para universalizar y mejorar la atención de salud, educación y potenciar la actividad productiva futura. El trabajo a distancia exigirá la producción de plataformas, equipamiento, capacidad de transmisión, almacenamiento, procesamiento y diseño de algoritmos. América Latina tiene la oportunidad, y Chile la ventaja única, de apoyarse en la intensa actividad astronómica para aumentar su capacidad tecnológica digital. Un gran programa digital representa una tremenda oportunidad. La digitalización y el trabajo a distancia hacen posible también corregir otro gran problema: la excesiva concentración territorial. Las macrociudades generan deseconomías de escala, deterioro de la calidad de vida, hacinamiento, saturación del transporte público. Las ciudades medianas y pequeñas pueden ofrecer una vida mejor.
  • Nuevas bases productivas para crecer y sustentar el bienestar social. La recuperación económica dependerá de la profundidad y duración de la caída. Los países más resilientes podrán recuperarse antes. La clave es la flexibilidad y agilidad para reconvertir actividades productivas e iniciar nuevas. Cada país tiene actividades dominantes y puede crear nuevas actividades competitivas. Chile tiene la ventaja inicial de que sus principales exportaciones –alimentos y cobre– mantendrán una alta demanda. Los alimentos, producidos en tierra y mar, serán claves en condiciones de mayor restricción global de tierra y agua, al igual que el cobre para abastecer la electrificación del planeta (sensores Internet de las Cosas, energías renovables, electromovilidad). Ambos, lamentablemente, enfrentan obstáculos: los alimentos, la aguda restricción de agua; el cobre, su remplazo parcial por reciclaje u otras aleaciones con aluminio o grafeno. Chile debe realizar programas macizos para superar la escasez de agua y aprovechar la abundancia de energía solar. La desalación es imperiosa y posee dos ventajas: cercanía al mar y energía solar. Chile puede desarrollar un plan que incluya el diseño y fabricación de plantas desaladoras y plantas generadoras de energía solar, producir agua y descarbonizar la matriz energética. Ambas son esenciales para la reducción de la contaminación ambiental. El crecimiento solo será posible con un esfuerzo sustantivo en investigación científica y formación técnica. A su vez, las empresas deberán relevar su responsabilidad pública. No basta seguir con la lógica única de maximizar utilidades, han de atender los problemas de la comunidad, cuidar el medio ambiente, innovar, pagar sus tributos, abrir espacio a las mujeres con igualdad de derechos, y a las nuevas generaciones
  • Acción multilateral para fortalecer el sistema internacional. Los desafíos globales no podrán superarse si el mundo se polariza y prosigue la pugna entre China y EE.UU. La pandemia, la economía y el cambio climático requieren una intensa cooperación entre estados, organismos internacionales y actores no estatales. El riesgo de desacoplamiento entre estas dos principales potencias es alto y la disputa puede extenderse al campo tecnológico-militar y también a los “modelos políticos” que representan cada una de ellas. El antídoto para contener esa disputa es el multilateralismo. El G20 debe potenciarse y constituir equipos ministeriales en temas críticos, como la salud y la alimentación, invitando a otros países. Un paso crucial es fortalecer a la OMS, la OMC, impulsar reformas de las NU, el FMI y el Banco Mundial, para crear nuevas instituciones internacionales después de esta prolongada hibernación.

Anticipar para construir un mundo mejor

La prospectiva sirve para anticipar y actuar. Es un modo de pensar que mejora las decisiones al advertir riesgos y detectar oportunidades. América Latina, y Chile en particular, debe reforzar su capacidad de estudio de escenarios posibles y de estrategias nacionales. Cuando se anticipan las transformaciones pueden impulsarse con antelación, es lo que hay que realizar ahora, no esperar la “nueva normalidad”. “Los líderes que ganaron la guerra no esperaron la victoria para planear lo que seguiría. (…) El mismo tipo de prospectiva se necesita ahora” (El virus desnuda la fragilidad del contrato Social, Editorial Financial Times, 3 de abril de 2020).

En esta pandemia cada uno de nosotros se siente vulnerable, frágil y solo o sola. Y también constata que se puede vivir consumiendo menos productos superfluos y conspicuos, viviendo con más igualdad y protegiéndose mutuamente, contaminando menos.

Esta crisis podría desatar energía y voluntad para transformar la forma de vivir actual, enfrentar el gran desafío del cambio climático, la desigualdad y el individualismo. Será prolongada y ardua, pero creará una gran oportunidad de construir un mundo mejor. Dependerá de la resolución política, la conciencia social y lo que haga cada uno de nosotros.  Entonces, esta pandemia podría devenir una bendición disfrazada.

https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/04/23/pandemia-una-maldicion-o-una-bendicion-disfrazada/amp/

«RESET»

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No lo imaginábamos. Nadie. Y aún nos parece una pesadilla de la que vamos a despertar con el alba. Claro que se acabará, algún día. Cuanto más ayudemos todos, antes se acabará. Esto incluye a todos los que aprovechan indecentemente la tragedia para aventajar sus intereses. Aparquemos nuestras diferencias aunque luego arreglemos cuentas.

Nunca habíamos afrontado una amenaza de esta índole, ni siquiera con la gripe de 1918, porque la globalización y el entreverado de economías, culturas y personas repercuten en tiempo real en cualquier barbaridad que hagamos en cualquier punto del planeta, tales como los mercados de especies salvajes. Humanos depredadores, preveníos de vosotros mismos. Ni nuestro extraordinario avance científico y tecnológico nos puede proteger de nuestra inmensa estupidez. Por eso si sobrevivimos, no volveremos a lo mismo. O si volviéramos, recurriría la pandemia, esta o las próximas, hasta que hagamos un reset de lo que éramos.

 Sólo hay futuro en una reencarnación colectiva de nuestra especie; se habla de cambio de paradigma

Sólo hay futuro en una reencarnación colectiva de nuestra especie. Esto no tiene que ver con el trasnochado debate ideológico entre capitalismo o socialismo, porque anda que el socialismo realmente existente también se lució. Se habla de cambio de paradigma. Y algo hay de eso. Por ejemplo, esta pandemia debería haber dejado claro que la sanidad, incluyendo obviamente la higiene pública y la salud preventiva, es nuestra infraestructura de vida. Y que no podremos vivir permanentemente del heroísmo de sanitarios que enferman masivamente por falta de equipamiento. Habrá que invertir prioritariamente en sanidad publica porque la privada sirve para lo que sirve, pero cuando hay emergencia tiene que ser absorbida por la pública. Esta inversión es cuantitativa y cualitativa, en material, en equipamiento hospitalario, en atención primaria, en educación del conjunto de la población, en investigación, en remuneración de los sanitarios y en formación de médicos, enfermeros y sanitarios en general, con universidades y escuelas reforzadas y mejor dotadas para que puedan acoger muchas más vocaciones de servicio.

Ahora se pone en evidencia, más allá del sistema sanitario, la necesaria prioridad de lo público en la organización de la economía y la sociedad. Que no es estatización, porque cada fórmula de defensa del interés público debe adaptarse a las características de cada sociedad. De la misma forma en que la Gran Depresión y la II Guerra Mundial exigieron romper con el fundamentalismo del mer­cado para proteger derechos sociales y la vida en general, aun conservando el dinamismo del mercado para aquello en lo que es útil. De la misma manera se hace necesaria una revitalización del sector público acompañada de una reforma que lo desburocratice y despolitice.

Por ejemplo, se ha podido constatar la hipocresía social e institucional del respeto a los viejos, a quienes se deja en situación de extrema precariedad cuando las familias no pueden ocuparse de ellos. En parte por la privatización de las residencias, que muestra que la lógica de ganancia no se adecua a un cuidado costoso en personal y equipamiento. Pero también en la asistencia pública residencial porque los recortes presupuestarios y la negligencia de muchas instituciones han abandonado a su suerte a nuestros viejos, como demuestra el altísimo porcentaje de defunciones registradas en esos auténticos campos de muerte durante la pandemia. Sólo una intervención pública masiva, no únicamente en gasto, sino en gestión, puede evitar que esto se repita.

De inmediato se argumenta que cómo se paga. Es evidente que con nueva fiscalidad y aumento de la productividad, no hay otra. Lo cual no quiere decir más impuestos para la gente, sino obtener recursos de allá donde está concentrado el 75% de la riqueza mundial, a saber, los mercados financieros globales y las grandes multinacionales evasoras legales de impuestos precisamente por su movilidad fiscal y su manejo de los entramados legales. Planteando además el incremento de la productividad, que pasa por recursos humanos (o sea, sector público), ciencia (o sea, sector público), infraestructura tecnológica (conexión público-privado) y transformación empresarial mediante la aplicación de nuevo conocimiento y tecnología a la gestión de las empresas. Adentrándose también en el complejo terreno de la productividad y eficiencia del sector público, desde la administración hasta la educación.

Sin embargo, el reset más profundo es el que está teniendo lugar en nuestras mentes y en nuestras vidas. Es el darnos cuenta de la fragilidad de todo lo que dábamos por descontado, de la importancia de los afectos, del recurso a la solidaridad, de la importancia del abrazo, que nadie nos va a quitar, porque más vale morir abrazados que vivir acoquinados. Es el sentir de que el dispendio consumista en el que hemos malgastado recursos no es necesario, porque unas tapas en una terraza entre amigas no necesita mucho más. ¿Saben que los escandalosos traspasos multimillonarios del fútbol se han terminado? Y los Messi del mundo no por eso van a dejar de jugar, porque lo llevan en la sangre.

El reset necesario es un portal a otra forma de vivir, otra cultura, otra economía. Mejor lo valoramos porque la alternativa es la ­nostalgia masoquista de un mundo que se fue para no volver. La vida sigue, pero otra vida. Depende de nosotros que la hagamos maravillosa.

LOS FALSOS PROFETAS DE LA POSPANDEMIA

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La pandemia generada por el CORVID-19 disparó infinitas especulaciones sobre el mundo posible después de la crisis. Especular es enormemente atractivo. Es gratuito, salvo que uno invierta sus propios limitados recursos – vida, tiempo, dinero. Compartir ilusiones y miedos es una oportunidad tentadora, pero se puede convertir en un ejercicio narcisista cuando se tiran al viento pronósticos vagos, en especial en circunstancias como estas.

La buena prognosis demanda perspectiva, lo cual es difícil considerando que estamos en medio de la pandemia, un terremoto que sacude a la vez a sistemas políticos, económicos, sociales e informativos. De hecho, expertos en la pronosticación basada sobre big data y complejas inferencias, como epidemiólogos, asesores financieros, y estimadores de riesgo empresarial han mostrado cautela más que una confianza arrolladora. Saben que no sabemos qué vendrá. La pandemia puede ser un game changer, pero no sabemos hacia dónde.

Como comunidad global, jamás hemos vivido algo similar. Es una situación sin precedentes, conclusión que aunque habitualmente es dicha con facilidad en este caso puede aplicarse. Jamás hubo tal grado de conexión mundial que explique tanto la rápida dispersión del virus como sus inmediatas consecuencias en la vida cotidiana. Esta pandemia no es directamente comparable a las recurrentes epidemias que azotaban pueblos europeos, la gripe “española” de 1918 (en realidad, “norteamericana” ya que se originó en Kansas), o las varias epidemias de una década atrás (SARS, Ebola). La historia ofrece importantes sugerencias, pero no brinda lecciones que se puedan calcar y aplicar a futuro. Que la pandemia del CORVID-19 sea incomparable no quiere decir que sea peor o mejor, sino que plantea interrogantes únicos sobre los que carecemos de respuestas obvias: duración, continuación, impacto económico y laboral, epidemias recurrentes. Las condiciones actuales son demasiado fluidas para ponernos en el rol de pitonisas.

En este paraíso de incertidumbres, reputados filósofos publicados en varios sitios en Internet sus pronósticos sobre la pospandemia. Estos vaticinios fueron reproducidos en el libro Sopa de Wuhan, titulo infeliz considerando que ignora que no hay que ligar enfermedades con nación, etnia o religión que alimentan el racismo y la xenofobia reinante.

El infaltable Slavoj Zizek, siempre listo para anunciar que el futuro es inevitablemente socialista, aventuró que “el virus matará al capitalismo”. Lo describió como “la técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos”, analogía obtenida no de las lecciones de la toma de la Bastilla o la guerrilla de Sierra Maestra, sino de la película Kill Bill. Fiel a su estilo punzante y combativo, Zizek no explica como ocurriría tamaño proceso, si se viene un socialismo global o acotado a algunos países, o si vivimos en la antesala de un socialismo leninista, lacaniano o ligeramente caviar. Pareciera que Zizek se regodea en que sus especulaciones salvajes atraigan atención, y que le aburre elaborar argumentos sistemáticos y estratégicos sobre el gran momento de quiebre capitalista.

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Uno asume que alguien con un currículo pobre de pronósticos certeros y profuso en juicios ofensivos, como dice razonablemente Moeller-Nielsen, se hubiera llamado a modestia sobre la situación actual. En especial con temas que están fuera de sus zonas de expertise como epidemiologia, virología y economía. Ludwig Wittgenstein aconsejó “que sobre lo que uno no puede hablar, uno debe estar en silencio”. Recordemos que hace una década Zizek predijo que el sistema capitalista se acercaba a su punto final. Y que apostó por Trump en la elección de 2016 especulando que así el liberalismo norteamericano se radicalizaría, lo cual llevaría a la aceleración de las contradicciones en el corazón del imperio. Mezcló ilusiones primaverales con facultades analíticas.

Apoyar a Trump es, como mínimo, irresponsable y cínico, en particular si no se sufren directamente los embates de sus promesas y políticas nefastas contra mujeres, inmigrantes, minorías, salud y educación. Esperar el surgimiento de un actor revolucionario en una supuesta extremización muestra un conocimiento superficial de la política estadounidense. El probable candidato demócrata Joe Biden es un máximo representante del establishment desde hace cuatro décadas. De igual modo, existe un enorme apoyo por causas centristas o moderadamente de izquierda en grandes sectores de la opinión pública sobre tema urgentes como la economía, la desigualdad, la violencia, el racismo. Las propuestas más destacadas de Bernie Sanders, el supuesto líder de la izquierda radical en los ojos de Zizek, son convencionalmente socialdemócratas en un país afirmado a la derecha del conservadurismo europeo del siglo veinte. No hay radicalización. No hay guerra civil en los demócratas. La revolución puede esperar sentada.

Byung-Chul Han, otro filósofo influyente en ciertos círculos intelectuales, observa astuto que Zizek se equivoca al inferir que el virus es la estocada final al capitalismo. Han predice un capitalismo recargado y el surgimiento de formas alternativas de movilización. La revolución se hace con personas más allá de situaciones particulares, dice con acierto. Han avizora más de lo mismo (o peor). La razón es sencilla: no hay evidencia concreta que ayude a imaginar una trayectoria diferente. Sin embargo, se apura al sentenciar sin evidencia que “el virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte”.

Hay ejemplos cabales de solidaridad y unión canalizadas por plataformas digitales, como así también movilizaciones para que los gobiernos sean sensibles y atiendan de forma urgente la situación de los más excluidos. El aislamiento físico no necesariamente individualiza cuando se pueden mantener y recrear formas de comunidad. De hecho, expertos en temas de sociabilidad digital, como Sherry Turkle, vienen anticipando nuevas formas de construir y mantener lazos sociales. Varios ejemplos durante la pandemia confirmarían esta idea, en tanto personas a lo ancho del planeta se han replegado en la vida social digital para combatir la separación, ansiedad, miedo, depresión, y soledad.

Giorgio Agamben, otra estrella de la filosofía contemporánea, descarta la importancia del COVID-19 con una frase históricamente equivocada (“es una gripe normal”, sentencia similar a la de otros expertos en virología como Jair Bolsonaro y Donald Trump). Flirtea con teorías conspirativas sobre la “invención” de la pandemia sin ofrecer pruebas. Sus piruetas discursivas desconocen un cuerpo de conocimiento que categóricamente concluye lo contrario, lo cual es una omisión de conveniencia o desprolijidad intelectual. Como cualquier teoría conspirativa, pretende estar libre de esa pegajosa molestia de mostrar evidencia irrefutable sobre una confabulación. Es difícil creer que los Estados necesitan generan pánico colectivo, como argumenta, y que la pandemia sea un momento finamente planeado. No está claro que “los Estados” y el capitalismo están ganando o que hayan “necesitado” la crisis considerando que el gran capital global atravesaba un espléndido momento en la última década después de la recesión del 2008. Varios criticaron a Agamben por sus especulaciones, como Paolo Flores d’Arcais, director de la revista de izquierda MicroMega, quien lo acusó de propagar la “filosofia del cazzo”.

Un punto común en estas predicciones distintas es la desprolijidad: especular sobre temas que se carece de evidencia y desconocer trabajos metódicos sobre epidemiologia, economía y vida digital. Es tentador dar impresiones del momento en medio de la abundancia de información y la velocidad de los acontecimientos. El problema son las boconadas que muestran el mismo rigor que las visiones de un tarotista improvisado.

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Filosofar sobre el futuro, de forma omnívora, es sencillo. Solo basta pensar y hablar al micrófono abierto. Sin embargo, se cae fácil en generalizaciones que dejan a un lado lo que expertos saben y desconocen. En un mundo de celebridades intelectuales, se emiten visiones aventuradas y rimbombantes (¡Viene el socialismo! ¡Estamos solos! ¡Hay conspiración!) que corren con ventaja sobre diagnósticos y especulaciones cuidadosas, difícilmente atractivos para los grandes titulares. Conclusiones como “No tenemos certezas”, “Hay varios escenarios posibles” o “Es complicado” carecen de similar encanto en un mundo de frases máximas y trilladas. En la infinita lista de profecías ligeras e incumplidas, la charlataneria du jour hace recordar el apotegma de Lao Tzu, “Quienes tiene conocimiento, no predicen. Quienes predicen, no tiene conocimiento”.

La pandemia revela un conjunto de problemas. Acentúa debilidades en los sistemas de salud a nivel nacional y global, producto del vendaval del mercantilismo exacerbado, los laberintos bizantinos de organizaciones internacionales, así como la ignorancia y el cortoplacismo del liderazgo político. Muestra fragilidades de economías que  priorizan los intereses del gran capital y condenan a millones al trabajo informal sin protección social de ningún tipo. Expone la falta de preparación a pesar de las constantes alertas de expertos en salud y servicios de inteligencia  sobre posibles pandemias. Desnuda el vacío de liderazgo y coordinación a nivel mundial.

La pandemia también abre otra oportunidad para el cinismo de gobiernos que prefieren redoblar la apuesta por la ignorancia y la satanización de los críticos. Magnifica las enormes desigualdades sociales para enfrentar los múltiples frentes de la crisis (distanciamiento social, cuarentena, desempleo, transporte, acceso a alimentos y salud). Deja ver el instinto autoritario de gobiernos que no dudan en aprovechar la crisis para concentrar poder y perseguir a disidentes. Refleja déficits en la producción y el consumo de información certera, empática y amplia. Confirma la dependencia que tenemos de plataformas comerciales offline y online para la distribución de información de interés público y el contacto mediatizado.

Estas son las circunstancias que deben ser incorporadas a la hora de imaginar futuros posibles. No hay modelo único de sociedad que nos espera en la pospandemia por la sencilla razón que no hay situaciones o condiciones idénticas. Cada país enfrenta la pandemia y sus efectos con lo puesto en términos de calidad de sistemas públicos y privados de salud, tradiciones de individualismo y solidaridad, preferencias ideológicas, escenarios de poder, capital humano e institucional.

Países donde el populismo viene en alza, como Hungría, India, y Filipinas quizás estén más cerca de soluciones proto-fascistas y de una rápida transición al barbarismo que de la solidaridad, la ayuda mutua o una versión benigna del socialismo. Es factible que otros, como Estados Unidos, insistan con las mismas políticas que condujeron a la crisis, gracias a la descomunal influencia de los grupos de poder y a dosis abundantes de etnonacionalismo, racismo, desigualdad, subsidio corporativo, y anti-globalismo. Algunos países quizás migren a un estatismo acentuado con escaso control social, bajo el argumento que soluciones férreas desde arriba son imprescindibles en situaciones de emergencia y riesgo. En cambio, pareciera que otros países optarían por medidas keynesianas en la economía y por apuntalar el estado de bienestar en áreas como salud, transporte, pensiones, cuidado infantil, trabajo doméstico, y educación. Esto implicaría un reacomodamiento político significativo por la sencilla razón que nadie concede nada ligeramente, aun cuando se agudiza el riesgo global.

La suspensión o eliminación del neoliberalismo en servicios sociales no ocurrirá solo porque sus estandartes vayan a aprender las dificultades de construir sociedades para minorías. Los libertarios no dejan de serlo porque se dan cuenta de sus errores, piden disculpas, prometen hacer trabajo comunitario, y conceden derrota agitando la bandera blanca. Cuando disminuya el sentimiento de riesgo y urgencia actual, es imaginable una reversión al estado pre-pandemia. Tantas veces se dio por muerto al neoliberalismo que sorprendería que este fuera un nuevo episodio de una realidad que se repite en un loop eterno, como la vida en El Dia del Marmota. No sabemos lo que se viene ni si será mejor o similar para todxs.

Las salidas de la pandemia, cualquier sea su horizonte moral y visión social, demandan ideas, política y poder. No es una refundación o transformación brusca caída del cielo. Por el contrario, como muestran distintos estudios históricos sobre pos-epidemias, hay una continuación de tendencias anteriores y desvíos limitados impulsados por acciones particulares. Si bien es cierto que las crisis pueden producir cambios fundamentales, las ideas y el poder de la imaginación juegan un papel fundamental.

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Recojo la observación de Alain Touraine en una entrevista reciente en El País, “Lo que más me impresiona ahora, en tanto que sociólogo o historiador del presente, es que hacía mucho tiempo que no sentía un tal vacío imaginación responsable”. Sin ideas ni imaginación responsable y rigurosa es imposible pensar soluciones progresistas que permitan construir sociedades más equitativas y mejor preparadas para combatir epidemias y otros problemas, con especial atención a los más necesitados y urgidos en un mundo instalado en la derecha y con fuertes tendencias irracionalistas y autoritarias.

Si algo aprendimos de cambios estructurales en la economía y la sociedad en el último medio siglo es la importancia de las ideas circulantes y su capacidad de influencia en el poder. Las crisis abren la posibilidad de cambio real, pero las acciones dependen de las ideas existentes. La lección de cualquier quiebre estructural y giro social es desarrollar ideas alternativas, mostrar su efectividad e institucionalizarlas hasta que parezca de sentido común implementarlas. Esto fue dicho por Milton Friedman, ideólogo clave del neoliberalismo, pero podía haber sido dicho por cualquier revolucionario más allá de simpatías ideológicas.

Cuando se piensa a partir de pálpitos, sin considerar múltiples factores y saberes, sobresale el dogma y las consignas fáciles. No hay que confundir expectativas con posibilidades, ni aspiraciones con situaciones existentes y tendencias de largo plazo. Debiéramos ser modestos a la hora de hacer conjeturas y respetuoso de los datos y tendencias. Ser utópico o pesimista puede ser una virtud; avizorar futuros deseables como deporte, sin explicación coherente y seria, es inútil. El arte de la barata profecía no ayuda a comprender el presente. Como una silla mecedora, nos mantiene entretenidos sin llevarnos a ningún lado.

Como observó Richard Rorty, “la filosofía no es un campo en el que uno logra grandeza ratificando las intuiciones previas de la comunidad”. Se precisa pensamiento serio, fundado, flexible, imaginativo con perspectiva histórica y social. Ideas hechas, frases ostentosas y promesas superficiales devuelven el júbilo de la tribuna propia, pero no ayudan a enfrentar el desafío. Se necesita trazar líneas para entender cómo llegar a un futuro mejor desde la preocupante situación presente. Se necesitan hojas de ruta sensibles a las circunstancias y los recursos sociales disponibles – ideas, instituciones, estrategias, públicos. Esta es una necesidad urgente en medio de la muerte, la desesperación, y el aumento de la miseria social.

  • Silvio Waisbord –  ACADEMICO

    Silvio Waisbord es Profesor en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos en George Washington University, Estados Unidos y actualmente es profesor invitado en la Universidad de Pennsylavnia. Es autor y editor de dieciocho libros sobre periodismo, política y comunicación. Ver más

  • Julieta De Marziani  ILUSTRADOR

    Julieta De Marziani tenía 23 años y estaba desempleada. Le dijeron que había un laboratorio “de algo”, con horario corrido y buenos sueldos y fue. Era un laboratorio fotográfico. Ver más

Prologando un una nueva vida activa

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Por una nueva vida activa: prólogos a cada discurso posible sobre un futuro mejor

Para que los discursos sobre un futuro mejor después del final de la pandemia no sean ilusorios, es necesario pensar en un cambio real de paradigma en el orden social y cultural del mundo. En esto, la tecnología tiene un papel auxiliar, no uno central. El verdadero progreso humano pasa por una nueva «vida activa» que reemplaza el modelo (im) productivo del presente y una nueva relación con los habitantes no humanos del planeta.

Aunque es prematuro, cualquier reflexión sobre el mundo que seguirá al final de la pandemia de Covid-19, la más grave que la humanidad ha enfrentado desde 1918, no debe tratar tanto con las semillas del futuro presente hoy, sino con Nuestra visión del mañana. Nunca como en este momento, el paso del futuro previsible al futuro preferible es indispensable; porque es fácil imaginar que, cesó la emergencia y encontrar los medios para limitar los futuros ciclos a través de las vacunas contra la gripe, terapias o prácticas de salud pública, todo puede volver a la normalidad, mientras que es obvio que una parte creciente de la población mundial no quiere en absoluto una mero retorno al pasado .

Navega en un presente incierto

La epidemia de peste que se desencadenó en Europa a mediados del siglo XIV cambió radicalmente las estructuras sociales de finales de la Edad Media, favoreciendo la apertura y el progreso cultural, económico, científico y político. Es de esperar que algo así también ocurra en el futuro cercano. Como en la sociedad belle époque , aunque dominada por innovaciones tecnológicas rápidas, transformaciones y prosperidad, hubo una amenaza abrumadora de una amenaza oscura, similar al iceberg que en 1912 hundió la mayor maravilla de la ingeniería naval de la época, el Titanic, y que se manifestó en toda su violencia con La Primera Guerra Mundial, que disolvió antiguos imperios y desencadenó una aceleración del cambio que tendría repercusiones durante todo el siglo XX, por lo que en los últimos años, aunque intoxicados y deslumbrados por el extraordinario progreso de la ciencia y la tecnología, sentimos que el camino tomado era, después de todo, el mejor, y que algunas incógnitas peligrosas corrían desde el futuro . Ahora que hemos llegado al punto de inflexión, percibimos cómo nunca antes la fragilidad del presente y la imponderabilidad del futuro.; nuestra forma de andar segura y decidida se ha vuelto incierta, estamos a tientas, sentimos que la sólida realidad está fallando bajo nuestros pies y tenemos la impresión de navegar por las arenas movedizas.

Esta percepción deriva del hecho de que lo que parece imposible e impensable ha reemplazado el futuro posible y pensable . En la vida de cada uno de nosotros, llega el momento en que nuestra realidad sólida se ve desafiada por la aparición de factores impredecibles e inesperados; La capacidad de aceptar estas incógnitas y adaptarse en consecuencia es una parte integral del proceso de maduración de cada ser humano. Esto es tanto más cierto para los equipos sociales. Observadores autorizados ya han demostrado que una pandemia viral como la que estamos experimentando no puede encajar completamente en la serie «cisne negro», porque tal escenario ya había sido ampliamente previsto por todos los expertos y las alarmas a este respecto se han lanzado durante años en todas las oficinas institucionales del mundo. Aun así, sin embargo, la crisis nos tomó por sorpresa, debido a la extensión del contagio y la velocidad con la que cambió radicalmente nuestras vidas. Es difícil argumentar que podríamos habernos preparado de otra manera; no hay planes compartidos e incluso en la emergencia actual hemos visto a la comunidad científica dividirse en las medidas a tomar. Esta incertidumbre se debe al hecho de que un virus sigue siendo un agente biológico, como tal dotado, aunque en su simplicidad intrínseca, con elementos de imponderabilidad con respecto a un fenómeno físico; y un contagio, en una sociedad complejacomo el global en el que vivimos, es, por definición, un «sistema complejo» que elude las leyes y los modelos predictivos.

Tecnología para una sociedad menos frágil.

Entonces es natural pensar en cómo hacer que el mundo del mañana sea menos vulnerable a crisis como esta, lo que los expertos nos aseguran que volverá a encontrarnos: especialmente desde las dos últimas epidemias, aunque contenidas, debido al coronavirus (SARS y MERS) verificado solo hace unos años, demuestra que la capacidad de este tipo de virus para atacar a los humanos se está acelerando de manera inquietante. Sin lugar a dudas, necesitamos que la humanidad sea capaz de captar nuevas crisis con mucha anticipación e implementar las contramedidas necesarias a tiempo. Aún más, necesitamos modelos sociales más resistentes contra pandemias de este tipo: para las cuales el trabajo inteligente es bienvenidopara mantener las actividades administrativas en funcionamiento, la automatización de fábricas para continuar la producción, el comercio electrónico para garantizar la continuidad del negocio, la eficiencia de la cadena de suministro para optimizar los suministros, la digitalización de la escuela y la universidad para Permitir que los estudiantes continúen entrenando.

La innovación tecnológica nos ha puesto en posición de amortizar parcialmente el daño.de esta crisis, por lo que es absolutamente necesario continuar en este camino para que el futuro no nos sorprenda sin preparación. Se ha señalado correctamente, por ejemplo, que se ha reducido el miedo a los efectos de la pandemia en un país como Estonia, donde la innovación digital se ha desarrollado por completo; Está claro que si una persona mayor puede pagar su pensión en una cuenta bancaria en línea y puede llevar a cabo otros tipos de servicios, desde pagar facturas hasta comprar alimentos, a través de una aplicación, tendrá menos necesidad poner en grave peligro su salud en una cola en las oficinas de correos o en el supermercado, minimizando también la incomodidad inexorable que conllevan las medidas de distanciamiento social. Más aún, una persona mayor que usa personas maduras y responsables.Las redes sociales y los canales de comunicación en línea con los seres queridos y el resto del mundo experimentarán la incomodidad de la soledad en menor medida. En una empresa de este tipo, también es más fácil para el gobierno introducir medidas de apoyo a los ingresos , ya que cualquiera puede solicitar en línea y recibir dinero directamente en su cuenta, sin tener que hacer cola en el banco o la oficina de correos o en el oficina de seguridad social. Todo esto debe convencernos de la necesidad de superar la reticencia natural al analfabetismo digital para crear una sociedad más inteligente capaz de gestionar de forma remota la gran mayoría de sus funciones, sin que nadie se quede atrás.

Auténtico progreso humano

Pero la tecnología por sí sola no es la respuesta. Al releer las crónicas de las epidemias de peste que azotaron cíclicamente a Europa durante casi cinco siglos, descubrimos que las soluciones adoptadas no eran muy diferentes de las actuales (aislamiento, sobre todo) ni el impacto social era diferente : “Detención de actividades familiares , silencio de la ciudad, soledad en la enfermedad, anonimato de la muerte, abolición de los ritos colectivos de alegría y dolor: todas estas fracturas agudas con usos cotidianos fueron acompañadas por una imposibilidad total de formular planes para el futuro «, escribe el historiador Jean Delumeau en su miedo en el oeste. La diferencia entre ahora y entonces viene dada, por un lado, por las posibilidades que la tecnología nos ofrece para sentirnos mucho menos solos y permitirnos continuar, en su mayor parte, nuestra rutina diaria dentro de nuestros hogares; por el otro, por el hecho de vivir en un sistema de bienestar que no deja a las personas en dificultades. No vemos y no veremos muertos en las calles que nadie pueda recoger, lazar de víctimas de la peste abandonadas a la muerte, personas enfermas clavadas en la casa sin comida, hambre y miseria en todas partes. Si es cierto, como dijo el Papa Francisco, que es «antes de sufrir» que «se mide el verdadero progreso de los pueblos», no hay duda de que ha habido un progreso genuino entre las epidemias de ese tiempo y las de hoy. Sentimos con mucha más responsabilidad la necesidad de proteger el derecho de todos a la vida y al cuidado, para garantizar incluso a aquellos que no tienen medios de subsistencia. El progreso tecnológico y el progreso social deben ir de la mano.

Los riesgos de un mundo en el que solo el primero, el progreso tecnológico, forja nuestro futuro son claros. Hoy en día, aquellos que trabajan en el trabajo inteligente a menudo se encuentran trabajando muchas horas más que antes, porque, con la excusa del trabajo ágil, el límite de horas de trabajo es menor . Los grandes volúmenes de datos se ponen al servicio de los proyectos de control social que, si se lleva a cabo por regímenes no democráticos, terminan muy pronto para convertirse en instrumentos de opresión . La hipertrofia de la producción industrial conduce a una reapertura rápida de fábricas, desafiando las obligaciones de salud pública, en virtud de una supuesta superioridad de las necesidades del mercado en comparación con las de los individuos, especialmente si las personas más expuestas son las«Fuerzas improductivas» , es decir, los ancianos.

La tentación de un retiro al ciberespacio

La tentación de retirarse de la vida social es abrumadora. Novelas famosas como The Naked Sun de Isaac Asimov o The Possible of an Island de Michel Houellebecq ya nos han confrontado con un posible resultado de medidas radicales y duraderas de distanciamiento social para salvaguardar nuestra seguridad. Estos escenarios post-humanos no parecen estar muy lejos, si es cierto que una parte importante de nuestra vida diaria ya tiene lugar en un entorno virtual (redes sociales, la web, herramientas de teleconferencia, etc.). Es totalmente concebible un mundo en el que nuestras relaciones cada vez más atomizadas tengan lugar totalmente a distancia, para salvaguardar nuestra longevidad.; aunque un pequeño virus fue suficiente para mostrarnos la ilusión de esos vagos proyectos radicales de longevidad de los que a menudo escuchamos.

Por otro lado, la respuesta colectiva a la pandemia, a pesar de algunas voces importantes en contrario, muestra que para nuestra sociedad no hay «desperdicio de vidas» , que la necesidad de proteger el derecho a la vida de una sola persona es suficiente para imponer medidas. precauciones extraordinarias, en oposición a un modelo social en el que la vejez o la enfermedad (sin mencionar la muerte) se relegan a los márgenes de lo existente. Un futuro inclusivo no solo puede beneficiar a los más jóvenes, los más productivos, los más integrados, los más saludables, sino que tiene en cuenta el hecho de que la parábola de la existencia humana se completa con la vejez (para muchos) y la muerte ( para todos) Ignorarlo significa crear una sociedad esquizofrénica, incapaz de comprender el significado de la existencia y, por lo tanto, aún más incapaz no solo de adaptarse a lo imposible e impensable, sino también de construir cualquier futuro con significado.

En su crónica de la plaga de 1348, Jean de Venette escribe: “Cuando cesaron la epidemia, la peste y la mortalidad, los hombres y mujeres restantes se casaron en competencia. Las mujeres sobrevivientes tuvieron una increíble cantidad de hijos (…). Pero, por desgracia, el mundo no salió mejor de esta renovación: de hecho, los hombres eran aún más codiciosos y tacaños, porque querían tener mucho más que antes «. De ahí la naturaleza ilusoria de los discursos de aquellos que creen que, como por arte de magia, el mundo del mañana será diferente al anterior. Está claro que este no será el caso a menos que insistamos en un cambio de paradigma real en el orden social y cultural del mundo . En esto, la tecnología tiene un papel auxiliar, no uno central. Si, para obligar a las personas a quedarse en casa, un gobierno tiene que usar drones, los sistemas de reconocimiento facial y las aplicaciones de control de movimiento, además de prestar su lado a las desviaciones autoritarias, empujan hacia la responsabilidad del individuo. Por el contrario, el progreso auténtico necesariamente pasa por una mayor responsabilidad para cada uno . Solo si somos capaces de introducir en nuestros comportamientos la obligación de limitar nuestra libertad en beneficio de la supervivencia de los más débiles, demostraremos que somos capaces de construir un futuro mejor e inclusivo. De lo contrario, delegaremos cada vez más nuestra libertad de toma de decisiones a las máquinas.

Repensar la condición humana.

Aquí Hannah Arendt viene al rescate . La filósofa y politóloga estadounidense, en su libro The Human Condition (1958), traducida por nosotros con el título Vita activa , nos ofrece importantes consejos para el futuro. Cuando la desorientación que nos afecta a la mayoría de nosotros deriva del hecho de que no podemos llevar a cabo nuestras actividades diarias, ese es nuestro trabajo, porque todos se reconocen e identifican a sí mismos en el trabajo que hace, Arendt nos recuerda que el trabajo no coincide con la actuación. , en efecto: el » homo faber , el hombre la producción , lleva a cabo su trabajo de manera aislada, incluso cuando él se encuentra en un entorno de mucha gente, como una fábrica o una oficina de espacio abierto. La otra ilusión del trabajo es que siempre es productivo, «por inútil y no duradero que sean sus productos». La suspensión de todas las obras no esenciales, impuestas por el gobierno italiano, nos hizo darnos cuenta, tal vez por primera vez, que una parte no indiferente de nuestras obras no es, de hecho, necesaria,si no para garantizar nuestro sustento. Como una parte preponderante de la producción está automatizada, surgen nichos de empleo completamente auxiliares, que encuentran justificación solo en el círculo vicioso del capital necesario para mantener la relación entre productores y consumidores, sin la cual nuestra sociedad industrial colapsaría. Como explica Arendt en cambio: «La realidad y la fiabilidad del mundo humano se basan principalmente en el hecho de que estamos rodeados de cosas más permanentes de la actividad con la que se producen, y potencialmente más permanentes que la vida de sus autores». Está claro entonces cómo, en un mundo basado en la productividad como un fin en sí mismo, la realidad se desintegra rápidamente cuando se interrumpe el proceso de producción,

Una vida activa , por el contrario, enfatiza el discurso y la acción, condiciones fundamentales de la pluralidad humana.. “La acción, a diferencia de la fabricación, nunca es posible de forma aislada; estar aislado significa ser privado del poder de actuar. La acción y el discurso requieren la presencia de otros «, escribe Arendt nuevamente. En el mundo actual, el «cómo» ha reemplazado al «por qué», el medio, el proceso de producción, se ha vuelto más importante que el final del producto terminado. De manera especular, la tecnología reemplaza a la ciencia, de modo que las soluciones técnicas a los problemas sociales se aplican sin preguntar primero si hay formas más simples y responsables de lograr el mismo fin. Si cedemos a la tentación de refugiarnos en el ciberespacio, donde ni los virus (aparte de los cibernéticos) ni las bacterias pueden alcanzarnos y donde podemos engañarnos a nosotros mismos de que vivimos eternamente,La misma dinámica en el trabajo en el mundo actual también nos llegará . Ya hoy, plataformas digitalescomo Facebook, en realidad nos piden que trabajemos para generar valor, en la forma de los datos que regalamos. A cambio, nos dan la oportunidad de mantener una vida social activa, pero incluso eso podría sacrificarse pronto: ante la posibilidad que se le da al usuario de llevar a cabo discursos significativos, Instagram y TikTok reemplazan los modos de fructificación cada vez menos estructurados, a lo que solo es muy minucioso y al doblar la lógica nativa de esas redes sociales, algunos usuarios pueden pasar mensajes capaces de actuar en el mundo (piense en los memes). El trabajo físico se traslada al mundo digital y se libera cada vez más de la producción física, acelerando la alienación social. Podemos y debemos tener el coraje de imaginar un mundo nuevo donde la vida activa volver a ser centrales para la existencia humana y hacerlo a través de nuestra vida social.

Un nuevo modelo de bienestar para la sociedad post-empleo.

Ante el bloqueo de la producción, la solución más fácil, porque idéntica a la lógica del pasado, es pedir un rápido retorno a la normalidad reactivando fábricas, empresas y establecimientos comerciales. Pero, ¿por qué no imaginar algo igualmente simple, pero innovador, cómo garantizar a todos aquellos que no tienen ingresos una base económica con la que reiniciar la economía? ¿Por qué no pensar en liberar el trabajo del apoyo económico ? Si esto representa una solución de emergencia para la que incluso los políticos y economistas más desenfrenados consideran una opción concreta, mañana podría convertirse en una práctica. Si lo pensamos bien, lo que genera más angustia hoy es la impresión de que, al no funcionar, uno está inactivo, improductivo, no vivo. Pero es una ilusión generada por la identificación incorrecta, continuada durante siglos, entre la acción y el trabajo. Un futuro en el que todos los medios de subsistencia están garantizados es un mundo en el que desaparecerá una miríada de trabajos improductivos, inútiles y sin sentido y en el que la acción social en su forma más noble volverá al centro de la sociedad. Luego se liberarán los potenciales necesarios para el progreso humano auténtico, inclusivo y solidario ; incluso más que hoy podemos poner nuestro tiempo y nuestras habilidades al servicio de propósitos más nobles, como ayudar a los que se quedan atrás, los desfavorecidos, los pobres del mundo, los que viven y sufren lejos de nosotros.

Si hay algo que la crisis que estamos experimentando hoy nos enseña, es que el progreso no coincide con la innovación . Para que la innovación tecnológica y científica produzca un progreso real, deben fortalecerse los vínculos entre los seres humanos; El progreso real que percibimos hoy, en comparación con las crisis pandémicas similares del pasado, radica en la empatía que nos empuja a sacrificar el interés de hoy en el bienestar del futuro, la vida de los jóvenes para la supervivencia de los mayores, en un enfoque transgeneracional , la única forma posible de construir un futuro que no sea en detrimento de los más débiles, entre los cuales también debemos contar las generaciones venideras, que hemos privado de muchos de los medios que se nos otorgan.

Desde este punto de vista, las tecnologías son extraordinariamente útiles, ya que no podríamos lograr todo esto sin la automatización de los procesos de producción, la digitalización de los servicios, la desmaterialización de la burocracia; y ni siquiera sin las herramientas que nos permiten hoy aumentar nuestra esfera social, construyendo nuevas redes de interacción. Pero las tecnologías solo son preparatorias para esta transformación: son un medio, no un fin. Si actuar significa, escribe Hannah Arendt, tomar una iniciativa, comenzar, mover algo, la acción, desde este punto de la vida, está muy lejos del trabajo, lo que implica un proceso repetitivo. La diferencia entre la fuerza del proceso de producción, «completamente absorbido por el producto terminado en el que se agota», y la fuerza del proceso de acción, radica en el hecho de que este último «puede crecer a medida que sus consecuencias se multiplican», y estos Los procesos son independientes «del deterioro de los materiales y la mortalidad de los hombres tanto como la duración de la humanidad misma». La acción, por lo tanto, entendida como la esencia auténtica de la condición humana, es lo que nos permite reabrir un futuro cerrado por la estasis de repetición del mundo en el que vivimos.. Para usar una hermosa frase de Marcel Proust, «se les impone la inmovilidad de las cosas que nos rodean (…) por la inmovilidad de nuestro pensamiento hacia ellos».

Un nuevo modelo de convivencia en la Tierra.

Y, sin embargo, la coexistencia de aliados, en la que se desarrolla nuestra vida colectiva, se nos presenta hoy como una amenaza para nuestra supervivencia. Mañana como hoy, nuestro prójimo podría representar un riesgo de contagio ; Este miedo es lo que más nos impulsa hacia un futuro en el que el aislamiento de emergencia se convierte en una práctica diaria. Pero el razonamiento es incorrecto: porque hay una manera de anticipar nuevas pandemias, y es prevenir las zoonosis, es decir, evitar el salto del patógeno del animal al hombre. ¿Cómo podemos hacerlo? Al mejorar radicalmente nuestra relación con la biosfera . No olvidemos que siempre tenemos un gran problema por delante que nos impone una fuerte hipoteca en el futuro. El coronavirus pasa, yoEl cambio climático permanece. Hay, sin duda, una conexión entre los dos; o más bien, la aceleración de los procesos de transformación de los coronavirus (y no solo ellos) es posible gracias al Antropoceno , a partir de esta nueva era en la que el dominio del ser humano se ha extendido a todo el planeta y a toda la vida que contiene. Todos somos conscientes de que nuestra relación con la naturaleza se ha deteriorado irremediablemente.; la quema de bosques destruye hábitats esenciales para especies animales que ni siquiera sabemos que existen, y también nos priva de la posibilidad de acceder a sustancias contenidas en plantas, árboles, hongos y otras plantas que pueden ser esenciales para nuestra supervivencia, como nuevos principios activo contra bacterias resistentes a los antibióticos tradicionales. Al privar a otras especies vivas del futuro, a su vez comprometemos nuestras posibilidades para el futuro. En este contexto, entornos como el de los mercados húmedosLos animales chinos, donde los animales son sacrificados mientras aún están vivos, y cuyos fluidos corporales se mezclan con otras especies humanas, se convierten en incubadoras de bombas bacteriológicas con un potencial extintor para la especie humana. Las granjas intensivas donde nacen y se desarrollan enfermedades del ganado son otras fuentes primarias de saltos de especies de enorme peligro.

Hablando del progreso humano, se ha dicho que el progreso auténtico consiste en la capacidad de empatizar con la vida de los demás , sentir compasión por ellos y actuar para mejorar sus condiciones. Ha llegado el momento de extender esta consideración al dominio de los no humanos, para «hacer nuevas alianzas entre humanos y no humanos», como escribe el filósofo Timothy Morton. La retirada al mundo digital solo nos da la ilusión de poder vivir sin el resto de la biosfera , quizás incorporándonos a la realidad virtual que, sin embargo, se ejecutan en servidores que son parte de este mundo y que se ven afectados por las condiciones del planeta. Además, ahora la neurología y la filosofía cognitiva nos han demostrado que no puede haber inteligencia incorpórea: la encarnaciónes decir, la encarnación de la mente en un cuerpo físico es un requisito previo esencial para el nacimiento de la autoconciencia, porque solo a través de la interacción sensorial con el mundo llegamos a comprendernos a nosotros mismos . Por lo tanto, abandonamos cualquier ilusión de un escape a la trascendencia tecnológica y aceptamos la necesidad de un acuerdo con el mundo del que formamos parte. Solo a través de este proceso evitaremos que la naturaleza, que hoy representa la otredad más radical e inconcebible para nosotros, se convierta en una amenaza real para nuestra supervivencia.

El mito del darwinismo social sigue dominando hoy en día , lo que nos empuja a creer que, en esencia, la existencia es la supervivencia, por lo que ante un riesgo directo para nuestra seguridad, cada estructura social se ve obligada a ceder y llevarnos de vuelta a la «vida desnuda». « homo homini lupus» . Es una idea equivocada y pseudocientífica; La selección natural, más allá de cierto nivel de complejidad, premia la cooperación, no la competencia . Esto se aplica a la especie humana, como lo demuestra la historia reciente; pero también se aplica a otras especies y a las relaciones entre nosotros y ellos. Somos capaces de superar las limitaciones de las leyes de la naturaleza e impulsar la evolución hacia un futuro de cooperación y reconciliación con la biosfera. Esto no tiene nada que ver condiscursos primitivistas o retroutopistas . No se trata de volver a un ideal como estado imaginario de la naturaleza, al «mito del buen salvaje». Las tecnologías y la innovación desde este punto de vista serán una vez más indispensables para mitigar nuestro impacto ambiental, salvaguardar la biosfera y entrar en comunicación con la vida no humana.

Son quizás objetivos tan ambiciosos que es fácil confundirlos con utopía. Pero no hay necesidad de llegar mañana; se trata de indicar un horizonte dentro del cual estructurar la acción de esta y las próximas generaciones, hacia un futuro diferente de la mera proyección del presente, que promueve un cambio auténtico, no una fachada. Obviamente, habrá otros «futuros preferidos» que difieran de esto y sus posibles variaciones. Tomar conciencia de ello es un requisito previo indispensable para comprender que es la acción del individuo forjar un mundo nuevo, no la marcha implacable de las fuerzas impersonales.. Una vez más, el primer paso es el empoderamiento personal: no delegar el destino de nuestro mundo a la tecnología, sino comprometernos a realizarlo personalmente. Ningún discurso sobre el futuro es posible sin esta primera conciencia esencial.

Traducción del Italiano, Lucio Henao Abril 10 2020

“El futuro de la humanidad no son los niños, son los mayores”: Humberto Maturana

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Maturana: “El futuro de la humanidad no son los niños, son los mayores”

De visita en la Región del Biobío, el Premio Nacional de Ciencias conversó sobre la importancia de que los niños crezcan en un espacio que acoja, escuche, se diga la verdad y donde sus preguntas sean contestadas. “Sólo así se transformará en una persona reflexiva, seria y responsable”, aseguró.

Alejandra Jara

 “Cuando uno aplaude a alguien sin haber escuchado nada, entonces uno aplaude las expectativas”, dijo un sorprendido Maturana apenas subió al escenario de la escuela Hipólito Toro y Salas de Chiguayante, en la región del Biobío, donde fue invitado ayer miércoles a inaugurar el año académico.

La noticia de que visitaría la región se masificó rápido y decenas de personas, ajenas a la comunidad educativa del establecimiento, llegaron hasta el colegio para escuchar al Premio Nacional de Ciencias, arriesgándose incluso a que no las dejaran entrar.

Bastó que lo mencionaran como el invitado de honor de esta ceremonia, donde también se premió a los profesores destacados de Chiguayante, para que el público estallara en aplausos mientras las cámaras, que transmitieron en directo su presentación vía streaming, enfocaron a varios jóvenes y adultos que se acomodaron como podían al interior del auditorio donde reinó el silencio durante los poco más de 20 minutos que duró su presentación.

“Pero las expectativas nunca se cumplen, ni las propias, ni las ajenas. Lo cual es bueno. Uno puede escuchar sin prejuicios, sin supuestos, sin exigencias y uno puede hablar también desde la espontaneidad”, recordó el biólogo y autor de El árbol del conocimiento (1984), antes de comenzar a hablar de “Amar educa”, el tema central de su ponencia.

El futuro de la humanidad

“Los niños, niñas y jóvenes se van a transformar con nosotros, con los mayores, con los que conviven, según sea esa convivencia. El futuro de la humanidad no son los niños, somos los mayores con los que se transforman en la convivencia”, dijo Maturana en la mitad de su presentación.

El biólogo se dio cuenta de lo sorprendidos que quedaron los auditores con esta aseveración y continuó: “Nosotros hoy somos el futuro de la humanidad. Los niños se transforman con nosotros. Van a reflexionar, van a mentir, van a decir la verdad, van a estar atentos a lo que ocurre, van a ser tiernos, si nosotros los mayores, con los que conviven, decimos la verdad, no hacemos trampa, o somos tiernos”, explicó.

Por lo tanto, el enseñar, como parte de la convivencia, es indicar, apuntar la mirada, guiar la reflexión, pero “en cualquier caso los niños se van a transformar con los mayores con los cuales conviven”, agregó el biólogo.

“Cuando decimos que amar educa, lo que decimos es que el amar como espacio que acogemos al otro, que lo dejamos aparecer, en el que escuchamos lo que dice sin negarlo desde un prejuicio, supuesto, o teoría, se va a transformar en la educación que nosotros queremos. Como una persona que reflexiona, pregunta, que es autónoma, que decide por sí misma”, sostuvo.

Maturana explicó que una de las cosas que surge del lenguaje es la conciencia. Y que existen dos preguntas fundamentales que los niños viven. Una de ellas es “¿mamá cómo se hace?, lo que revela que el niño quiere hacerlo bien. “Todos queremos hacer bien las cosas que sabemos y por eso preguntamos”, aclaró el biólogo.

Y la otra pregunta es la que le hace la mamá o el papá al niño: “¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?”. “Esa es una pregunta maravillosa, lleva la mirada sobre sí mismo. Abre el espacio de la reflexión”, dijo Maturana.

Y enfatizó: “Amar educa. Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas, nos damos tiempo para estar allí con el niño o niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable que va a escoger desde sí”.

Porque el acto de escoger es fundamental y constituye un acto de conciencia, aseguró el Premio Nacional de Ciencias Exactas. “El poder escoger lo que se hace, el poder escoger si uno quiere lo que escogió o no, ¿quiero hacer lo que digo que quiero hacer?, ¿me gusta estar dónde estoy?”, son algunas de las preguntas que aparecen”, explicó Maturana.

El origen de los problemas

En su ponencia, Maturana también abordó que los problemas humanos nunca son de inteligencia, sino corresponden a conflictos de emociones. “Son todos conflictos de deseos y se resuelven con la reflexión”, dijo el experto.

También explicó que los humanos hacemos teorías, es decir, constructos lógicos que se fundan en premisas básicas aceptadas a priori desde la emoción. Y para resolver las discrepancias con los otros “hay que ver las coherencias del ámbito en el cual estamos hablando”, agregó el Premio Nacional de Ciencias.

Si no nos podemos poner de acuerdo, es porque estamos en ambos teóricos distintos. Estamos argumentando desde premisas básicas diferentes. “Y la única solución es mirar desde donde estamos diciendo lo que estamos diciendo”, sostuvo Maturana.

En este tema, el ex académico del MIT fue consultado por uno de los asistentes sobre cómo transformar la política pública en educación que está volcada a los indicadores.

“Conversando”, respondió el experto y agregó que “El colegio de profesores se transformó a lo largo de la historia en un sistema gremial, pero en su origen era un sistema de reflexión académica sobre la educación. Un modo de conversar sobre lo que hacemos. Porque si no conversamos ¿qué diremos ante las autoridades gubernamentales?”, se preguntó.

Por lo tanto, lo que hoy hay que responder es “¿qué queremos con la educación”, dijo el biólogo. Es decir, saber si queremos formar jóvenes que se preparen para la competencia del mercado laboral o para una convivencia democrática, honesta, de mutuo respeto, en la colaboración, en la reflexión.

“Ese es nuestro tema, tenemos que conversar. Pero no tenemos que tratar la conversación como algo banal (…) Tenemos que atrevernos no en una huelga, sino en la conversación y la reflexión”, aseguró el Premio Nacional de Ciencias.

Amar educa

“Para que el amar eduque hay que amar y tener ternura. El amar es dejar aparecer. Darle espacio al otro para que tengan presencia nuestros niños, amigos y nuestros mayores”, sostuvo Maturana.

Por eso, la educación es la tarea más importante de un país. “Define el ámbito de convivencia en el que ese país se va constituyendo, momento a momento, día a día”, agregó el biólogo.

Como yo lo había mencionado anteriormente, en este ámbito la reflexión juega un rol fundamental porque permite mirar dónde estamos. “Si no reflexionamos vamos a caer en un fanatismo, en un ámbito de autoridad absoluta para el que otro obedezca”, aseguró Maturana.

Pero a nadie le gusta obedecer, porque es una negación de sí mismo. Sin embargo, en el colaborar “tengo presencia, soy libre, escojo”, lo que recordó que es importante aplicar en la crianza de los niños.

“La educación es una transformación en la convivencia y seguirá un camino u otro según la teoría desde las cuales actuemos. Las teorías no son superfluas, definen el espacio en el que nos movemos y las aceptamos. Pero si aceptamos las teorías aceptamos las premisas básicas desde donde se constituyen, de modo que tenemos que ser siempre, o deberíamos ser capaces, de preguntarnos las premisas básicas desde donde se construyen las teorías, el sistema lógico con el cual fundamentamos lo que hacemos”, concluyó el Premio Nacional de Ciencias.

Descubren el sistema cerebral que anticipa el futuro

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Un modelo de pensamiento rápido y la lógica difusa procesan la probabilidad

El cerebro dispone de un sofisticado sistema para anticipar el futuro: necesita prepararnos para reaccionar ante cualquier eventualidad y, según una investigación realizada en el Instituto Max Planck (Alemania), lo consigue de forma rápida y con un consumo mínimo de energía.

Saber lo que va a pasar, ya sea inmediatamente o algo más tarde, es un factor crítico para la supervivencia, pero también algo cotidiano: necesitamos saber si va a llover mañana o estamos atentos al disparo que anuncia la salida en una carrera deportiva.

De forma no consciente, el cerebro realiza matemáticas complejas para procesar la información que procede del entorno a través de los sentidos.

Pero cuando se enfrenta a la eventualidad de prepararnos para el futuro, apura sus cálculos: no solo necesita saber qué va a ocurrir, sino también, y no menos importante, cuándo.

La nueva investigación ha descubierto cómo se las ingenia el cerebro para anticipar el futuro, ya sea en circunstancias normales o excepcionales: recurre a un sistema de pensamiento rápido y a la lógica difusa para que reaccionemos adecuadamente.

Pensamiento rápido y lógica borrosa

El sistema de pensamiento rápido es la forma más corriente que usa el cerebro para procesar información. Es instantáneo y consume muy poca energía. Es el sistema intuitivo y emocional.

Descrito por primera vez en 2011 por el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, este sistema nos permite, por ejemplo, saber que una cosa está más cerca que otra, caminar sin fijarnos, detectar alegría en la expresión de una persona, o leer, sin pretenderlo, un mensaje publicitario sencillo.

El cerebro recurre también a la lógica borrosa o difusa, una propiedad que es muy difícil de replicar informáticamente, pero que permite procesar información a partir de datos imprecisos: por ejemplo, cómo va a ocurrir algo y cuándo.

La lógica borrosa regula también la mayor parte de nuestras vidas: frecuentemente recibimos instrucciones como “gira un poco más a la derecha” y “no vayas tan rápido”.

Gracias a la lógica borrosa, nadie nos dirá: “muévete 28 cm en rumbo verdadero de 136º” o “reduce en 3,8 metros por segundo tu velocidad”. Aunque esos enunciados son genéricos, somos capaces de reaccionar con precisión y ajustar la marcha del coche en el sentido pretendido.

Densidad de probabilidad

Los investigadores del Instituto Max Planck han descubierto además que el cerebro se vale un modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad (FDP o PDF en inglés) para anticipar el futuro.

Este modelo permite al cerebro precisar con exactitud lo que va a pasar y cuándo. Asume que va a ocurrir independientemente del momento y realiza una estimación de cuándo va a tener lugar.

Distribuye la probabilidad de ocurrencia a través del tiempo en que puede producirse, para obtener una mayor seguridad en la precisión y disipar así la incertidumbre: ha determinado que el tiempo de reacción a un evento estocástico (no determinista) es proporcional al recíproco de su probabilidad.

Así nos prepara para cualquier eventualidad presente o futura, ya sea que la información sensorial proceda de la visión, de la audición o del sistema somatosensorial, que procesa estímulos relacionados con el tacto, la temperatura, la propiocepción (posición del cuerpo) y la nocicepción (dolor).

Entresijos cerebrales

El éxito del cerebro en la anticipación del futuro no depende solo del modelo utilizado, sino de la selección previa que ha debido realizar para cumplir su cometido.

En primer lugar, eligió el modelo de pensamiento rápido frente al modelo de pensamiento lento, también descrito por Kahneman.

Este segundo modelo es lógico y deliberativo, funciona muy despacio y consume mucha energía. Asociado a la experiencia, lo usamos para actividades mentales difíciles como los cálculos matemáticos complejos.

Cuando va a anticipar el futuro, el cerebro descarta este modelo y prefiere el sistema de pensamiento rápido porque lo que prima es acertar con rapidez algo que puede ocurrir.

En segundo lugar, el cerebro debió elegir también entre el modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad y una alternativa también disponible: el modelo tasa de riesgo, más conocido por su expresión inglesa Hazard ratio.

Cálculos complejos

Este segundo modelo, empleado comúnmente para medir el riesgo financiero, sirve para calcular la probabilidad solo ante una situación inminente. Hasta ahora se creía que era el usado por el cerebro para anticipar el futuro.

La nueva investigación ha comprobado sin embargo que el cerebro escoge la función de densidad de probabilidad porque le permite añadir a la información de qué va a ocurrir, el cuándo tendrá lugar.

Por último algo no menos sorprendente: a pesar de que el cerebro escoge un sistema de pensamiento rápido para anticipar el futuro, calcula algo muy complejo (el factor tiempo a través de la probabilidad), una función que corresponde al sistema de pensamiento lento.

Lo consigue a través de la lógica borrosa y confirma así que este sistema de pensamiento rápido es muy eficaz.

Es tan potente que sirve incluso para las tribus amazónicas que no conocen los números: su sistema de pensamiento rápido es capaz de procesar también una compleja información de probabilidad tal como lo hace nuestro cerebro, a pesar de que sus miembros no pueden saber si quiera la edad que tienen.

Fuente: https://invdes.com.mx/ciencia-ms/descubren-el-sistema-cerebral-que-anticipa-el-futuro/

Predicciones en imágenes

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33 predicciones futuristas hechas en el pasado: erróneas, acertadas y disparatadas

La tecnología avanza de una forma impresionante, lo que hoy es lo más avanzado e innovador en unos años se convierte en obsoleto, y ya no digamos en unos años, en unos cuantos meses para el caso de algunos dispositivos. Al estar dentro de estos temas todos los días, tal vez podemos olvidar cómo ha sido esta evolución, o bien, perder la capacidad de asombro, por ello las cosas que hablan del futuro suelen entusiasmarnos, aunque se trate de prototipos o ideas, ya que nos hace imaginar cómo será la vida dentro de algunos años.

Pero estas predicciones no son algo exclusivo de estos días, es más, ahora se ha dejado un poco esto, ya que hace varios años era una práctica común donde se solía imaginar con máquinas, robots, hologramas… vamos, con tecnológica que llegaría a facilitar la vida de los seres humanos. Todo esto tuvo su explosión a inicios del siglo XX, donde la mira estaba puesta en el siguiente siglo y donde se suponía que llegaría el cambio más radical de todos.

Esto se volvió una especie de género por sí mismo, algo que se le conoce como Paleofuturo. De aquí surgieron columnas en diarios, revistas y publicaciones especializadas, donde todas se dedicaban a predecir cómo sería nuestra vida en el futuro gracias a la tecnología. Y ahora, hemos decidido viajar en el tiempo y hacer un repaso por esas magnificas publicaciones, viendo cómo se suponía que deberíamos vivir hoy día.

1899 – El sueño de volar

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A finales del siglo XIX, el artista francés Jean-Marc Côté imaginaba cómo sería el año 2000, esto a través de una serie de postales que se pueden encontrar en la Biblioteca Nacional de Francia. En ellas Côté plasmaba una visión futurista donde el hombre podía volar, era capaz de tocar varios instrumentos a la vez, y la crianza de los animales y las granjas eran operadas por máquinas.

1990 – No habrá coches en las grandes ciudades

Trafico

Eso es lo que proponía John Elfreth Watkings en un artículo publicado en ‘The Ladie’s Home Journal’, que se publicó entre 1889 y 1907. El escritorio afirmaba que no habría coches en las grandes ciudades porque, sino que solo circularían por túneles, bien iluminados y ventilados, o por encima de las ciudades. La realidad es otra: en lo que va de año se han fabricado más de 10,5 millones de coches.

1990 – Trenes a 241 km/h

TrenImagen | Wikimedia Commons con licencia CC BY-SA 4.0

En el mismo artículo, John Elfreth Watkings afirmaba que en el año 2.000 ya habría trenes capaces de moverse a 241 km/h. Bueno, no exactamente en el año 2.000, pero China ya tiene operativos los primeros trenes bala capaces de circular por las vías de forma autónoma a 350 km/h. Si en la predicción anterior pecaba de optimista, en esta ocasión se podría decir que se ha quedado corto.

1910 – Cine por correspondencia

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Siguiendo con las postales francesas, para 1910 se empezaron a popularizar ya que era una forma divertida de imaginar el futuro en el año 2000, se seguían mostrado importantes avances, como maquinas automáticas en peluquerías, policías voladores (porque alguien tenía que controlar el tráfico aéreo), pero sin duda la más interesante es que la que tenemos encima de esta líneas, que nos presenta un sistema de cine por medio de correspondencia y sí, es a color y con audio integrado.

1910 – Ciudades techadas

Ciudades Techadas

Otra postal de lo más peculiar es la que predice una ciudad completamente techada para evitar las lluvias, tormentas, etc. La postal deja ver una plaza con una placa colocada justo encima en la que, aparentemente, hay una especie de cristales que dejarían pasar la luz del sol. No parece demasiado práctico, desde luego.

1910 – Nuestro propio avión personal

Zeppeling Personal

En los últimos meses hemos asistido al lanzamiento de diferentes prototipos de vehículos aéreos personales, aunque a estos proyectos aún le queda camino por recorrer. Pero ya por 1910, se intuía que la movilidad iría por estos derroteros. No con un avión, desde luego, sino con un zeppelin personal en el que cabrían tres personas.

1910 – Carteros voladores

Cartero volador

Las postales han dado mucho de sí. En 1910, se pensaba que en el año 2.000 los carteros nos entregarían las cartas montado en una especie de montura voladora personal que recuerda irremediablemente al avión de los Hermanos Wright. La realidad es que, hoy en día, las cartas en papel han quedado relegadas a un segundo plano, aunque ya estamos empezando a ver los primeros drones autónomos repartiendo paquetes.

1910 – Chimeneas de radio

Chimeneas De Radio

A todos nos gusta estar calentitos en invierno y disfrutar de una chimenea que no deja de chispear, pero ya por 1910, la gente pensaba que usaríamos chimeneas de radio. Como idea tiene sus flecos, no por nada, sino porque es un millón de veces más radioactivo que el uranio.

1912 – Video chats

Modern Electrics 1912

A pesar de que la primera demostración de una videollamada no llegó hasta 1964 gracias a AT&T, eso no fue un obstáculo para que en 1911, Hugo Gernsback, editor de la revista ‘Modern Electrics’, imaginará un dispositivo bautizado como “telephot”, que permitiría realizar llamadas de larga distancia viendo a nuestro interlocutor por medio de una pantalla. Esta edición, a pesar de haberse escrito en noviembre de 1911, fue publicada hasta el mes de febrero de 1912.

1916 – El tanque de guerra eléctrico

Electrical Experimenter 1916

En plena Primera Guerra Mundial, las publicaciones se dedicaban a predecir cómo serían las armas del futuro. En este ejemplo, tenemos la portada de la revista The Electrical Experimenter, que muestra un tanque que usa un sistema giratorio para moverse, pero lo más importante es que era eléctrico, para así no depender de combustibles y puedan sufrir accidentes por explosiones.

1932 – Robots y casas inteligentes

Robots Y Casa Inteligente

Esta imagen publicada en diciembre de 1932 en el diario San Antonio Light, muestra como una persona desde la cama puede controlar varios aspectos de su vida, desde ver a su esposa haciendo las compras, hasta un robot mayordomo que le acerca la ropa del día.

1943 – El videotélefono

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La compañía canadiense Seagram Company mostraba en un anuncio publicitario, como hacían negocios globales, para ello presentaban el uso del videotélefono, del que nunca hubo constancia de que lo usaran, pero sin embargo era muy atractivo como ciertas empresas usaban la publicidad, mostrando tecnología del futuro para dar un aspecto de vanguardia.

1945 – Conexiones inalámbricas

Wireless World

En 1945 la señal de televisión aún no era usada para transmisiones comerciales, sólo algunos países y algunas cadenas, como la BBC, tenían ese privilegio. Reinaba el uso de la radio y las comunicaciones estaban limitadas, a pesar de esto, la revista Wireless World ya imaginaba un mundo lleno de satélites, que serian capaces de comunicarnos de forma intercontinental y con transmisiones en directo a todo el mundo desde un punto del planeta.

1950 – El abuelo del smartphone ¿o smartwatch?

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A inicios de la década de 1950, la revista Mechanix Illustrated mostraba un prototipo creado en Estados Unidos de un teléfono móvil con pantalla, sí, la obsesión por ver con quien hablábamos estuvo presente por muchos años. Apodado simplemente «el teléfono del futuro» presentaba un diseño circular, por un lado teníamos botones físicos para marcar, mientras que por el otro una pantalla a todo color, además de que se podía operar por medio de la voz y hasta contaba con antena para recibir la señal de televisión.

1953 – Las ciudades del futuro

Mechanix Illustrated Home Of Tomorrow
Retrofuturistic Cities Of Tomorrow

Estas imágenes son increíbles (y favoritas personales), en ellas podemos ver una visión de cómo sería la vida en el siglo XXI. La vida en suburbios sería en vecindarios llenos de domos, la casas dejarían de existir y tendríamos nuestro propio ecosistema, donde podríamos escoger la temperatura y forma de vivir. Pero la portada de la edición especial de ‘Future Cities’ es memorable, en ella imaginan colonias en el espacio, casas con paneles solares, televisiones en una pulsera, vamos, unos verdaderos visionarios.

1957 – Llamadas frente a frente

Tronoton

Ya lo he comentado, en el pasado existía una extraña fijación por las videollamadas y en este anuncio de marzo de 1957, publicado en la revista Scientific American, la compañía Hughes, famosa hoy en día por el desarrollo de satélites de banda ancha, anunciaba su nuevo dispositivo Tonotron, con el que, según la publicidad, podríamos hacer llamadas como si estuviéramos viendo la televisión. Finalmente el producto no fue lanzado debido a sus altos costes, además de que se necesitaba una compleja infraestructura.

1958 – El coche impulsando por energía solar

Sunray Sedan

En la época dorada de la industria americana del motor, Chrysler, por medio de su vicepresidente James C. Zeder, lanzaba una importante predicción de cómo serian los coches en el futuro. Éstos estarían impulsados por un sistema solar que abastecería una batería por medio de convertidores de silicon. El Sunray Sedan de Chrysler, del que sólo existía un boceto, sería la apuesta del fabricante, quien aseguraba que ya estaban trabando en él y vería la luz en los siguientes años.

1958 – Educación a distancia

Push Button

Arthur Radebaugh, famoso ilustrador futurista, publicaba un domingo de 1958 su visión de cómo serían las aulas del futuro. Los profesores ya no deberían preocuparse por asistir a los colegios, podrían dar clases a varios grupos al mismo tiempo desde una ubicación remota, cada estudiante tendría a su alcance un dispositivo con cámara, pantalla y teclado para poder participar y hacer preguntas. Todo esto surgió gracias a una entrevista con el Dr. Simon Ramo, catedrático del Instituto de Tecnología de California.

1959 – La casa solar

Solar House

La idea de las casas que hicieran uso de energía solar fueron muy populares en la segunda mitad del siglo XX. Esta ilustración que apareció en el diario Toronto Star Weekly, mostraba como funcionarían las casas por medio de energía solar, pero ojo, la energía solar sólo servía como calefacción en épocas de frío.

1963 – Gadgets conectados al televisor

Gadget Tv

El televisor era el dispositivo por excelencia, así que muchos de los pronósticos iban en torno a él. En esta edición de la revista Popular Science, se veía cómo existirían dispositivos externos que se conectarían al televisor para así interactuar con lo que estaba en pantalla. Vamos, una especie de antecedente a las consolas de videojuegos.

1968 – El teléfono ya tenía televisión y videollamadas (otra vez)

Picturephone Set

La compañía Western Electric desarrollaba junto a Bell Telephone Laboratories el «Picturephone set», un dispositivo que se conectaba a teléfonos (Bell únicamente) y permitía ver la televisión por medio de un mando alámbrico, pero su innovación radicaba en que el monitor (en blanco y negro) tenía una cámara para poder hacer videollamadas. Su precio era muy elevado para la época y sólo alcanzaron a vender la primera línea de producción, además de que nunca especificaron que se necesitaban dos dispositivos para hacer videollamadas, por lo que recibieron una buena cantidad de demandas, sí, la gente llegó a pensar que con un sólo dispositivo podrían ver a la otra persona.

1965 y 1970 – El televisor

Retrofuturistic Tiny Tvs
Retrofuturistic Popular Science Four Screen Tv

La revista Popular Science, un referente en esa época, apostaba por importantes avances en el campo de los televisores. En 1965 aseguraban que éstos disminuirían su tamaño de forma considerable para volverse portátiles, mientras que para 1970, pronosticaban una explosión de sistemas multipantalla, lo que nos permitiría «ver» varios programas al mismo tiempo.

1879 – La primera predicción de internet

Internet

Edward Page Mitchell escribió en 1879 ‘The Senator’s Daughter‘, un relato que se desarrollaba en 1937, donde precisamente hablaba de cómo la hija del senador imaginaba el futuro de la política mundial. En este cuento se habla de de una tecnología fantástica que permite leer noticias desde cualquier parte del mundo, la cual se basa en un tira de papel impreso infinitiva que proporciona todo tipo de noticias sobre eventos que ocurren en tiempo real, una especie de Twitter o red social con conexión permanente.

1984 – Ciudades en domos

Bubble Top Cities

En plena Guerra Fría, The Billings Gazette, una publicación de Montana, Estados Unidos, publicó predicciones de cómo sería el futuro cuando llegáramos al año 2020. En ellas se destaca la idea de vivir en ciudades cubiertas por domos, las cuales cuentan con su propio ecosistema y no se preocupan por las condiciones meteorológicas externas. Una idea más bien motivada por el supuesto peligro de una guerra nuclear.

1960 – Hospitales voladores

Flying Hospitals

La atención médica urgente era un problema en Estados Unidos hacia finales de la década de 1950. Es así como una tira semanal de nombre ‘Closer Than We Think‘ imaginó la llegada de hospitales voladores, los cuales serían capaces de brindar atención médica en áreas remotas. Una idea que hoy día no suena tan descabellada al ver por ejemplo el reciente proyecto de UNICEF.

1904 – Máquinas para volar

maquina para volar

En 1904, el periódico Minneapolis Journal estrenó una sección que se llamaba ‘Journal Junior’, la cual se dedicaba a mostrar predicciones de lo que ocurriría en 1919 y 2019, la mayoría de ellas creadas por niños y adolescentes. La primera de ellas fue imaginar que para 1919 todos podríamos volar por medio de una máquina personal, la cual nos permitiría viajar a cualquier parte de una manera sencilla. Dicha idea surgía tras el primer vuelo exitoso de los hermanaos Wright de 1903.

1904 – Escoba eléctrica

Electric Scrubbing

Hoy día tenemos robots que aspiran y friegan nuestras casas, pero en 1904 creían que antes de que terminara el siglo verían escobas eléctricas y casi automáticas, las cuales aún dependerían de una persona que les diera dirección y les indicara donde tenían que limpiar.

1968 – Ciudades submarinas

Bases Submarinas

El libro ‘Explorers of the Deep: Man’s Future Beneath the Sea‘ de 1968, exploraba las posibilidades de que el ser humano viviera en los océanos tras crear edificaciones y estructuras que nos permitirían vivir bajo el agua. Nuevamente se trata de una idea impulsada por el temor a la guerra y el incremento en los indices contaminantes que empezaban a estar presentes a finales de la década de 1960.

1958 – Patrullas voladoras

Copter Cops

La idea de los coches voladores ha estado presente en nuestra vida desde hace varias décadas atrás, y en 1958 la revista Modern Mechanix ofrecía las primeras pinceladas de cómo se imaginaban el futuro de la seguridad a través de policías a bordo de patrullas voladoras. Viendo bien la imagen, no estaban tan lejos de lo que hoy día se ha planteado en este campo, donde se tiene un aspecto de drones gigante más que de coche volador.

1945 – La casa del futuro sería un todo-en-uno

Este vídeo es una joya, en él podemos ver propagada militar estadounidense en la que se muestran cómo serían las casas del futuro, estructuras prediseñadas con todo incluido, las cuales se podrían mover de un sitio a otro e incluso contarían con waflera y hasta máquina para asar pollos. Eso sí, en el vídeo advierten que las casas estaban en etapa experimental, por lo que el diseño y prestaciones finales podría ser distinto al mostrado.

1939 – Televisión personal

Monoculo De La Television

Sí, parece un casco de realidad virtual, pero en realidad se trata de algo que bautizaron como ‘monóculo de la televisión’, el cual permitiría ver la televisión de forma personal y sin interrupciones. Se trata de un concepto que nace en Inglaterra por parte de la compañía Gramophone Co., y que sería retomado por la revista Radio-Craft en 1939. Este dispositivo permitiría ver una imagen de 1,5 x 1 pulgada gracias a dos espejos colocados en su interior a 45 grados, los cuales proyectarían la imagen proveniente de un televisor, ya que este dispositivo no sería inalámbrico.

1958 – Taxis con capacidades enormes

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Otra vez una divertida predicción de ‘Closer Than We Think’, que en 1958 imaginó como serían los taxis del futuro. La idea nos mostraba un vehículo con capacidad para más de 20 pasajeros, mascotas incluidas, donde además se incluirían televisores y lujo. En este caso, el conductor estaría en una especie de cabina independiente en la parte superior.

1987 – Vacaciones en la Luna para 2018

Luna Vacaciones

El sociólogo Daniel Bell escribió en 1987 un interesante artículo que hacía pronósticos de lo que veríamos en 2018. A pesar de que acertó en algunos temas, como la nanotecnología y el crecimiento de la población, Bell aseguraba que habría viajes espaciales que nos permitirían pasar unas vacaciones en la Luna o en la Estación Espacial Internacional. Algo que evidentemente aún no se cumple, aunque parece que no estamos muy lejos.

Fuente: https://www.xataka.com/historia-tecnologica/16-ejemplos-de-como-se-veia-el-futuro-en-el-pasado  / Actualizado en marzo de 2019 con más predicciones futuristas del pasad

7 Nuevos modelos de negocio de la próxima década

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7 Nuevos modelos de negocio de la próxima década

Algunas de las innovaciones más potentes que se están produciendo hoy en día no implican tecnologías de vanguardia… sino más bien la creación de modelos de negocio fundamentalmente nuevos.

Durante la mayor parte de la historia, estos modelos fueron notablemente estables, dominados por unas pocas ideas clave, mejoradas por unas pocas variaciones importantes en estos temas.

En los años 20, fueron los modelos «cebo y anzuelo», en los que se atrae a los clientes con un producto inicial de bajo coste (el cebo: una navaja gratis) y luego se les obliga a comprar recambios interminables (el anzuelo: recambios de cuchillas).

En los años 50, fueron los «modelos de franquicia», de los que fue pionero McDonald’s. O tomemos los años 60, donde tenemos «hipermercados» como Walmart.

Pero con la llegada de Internet en los años 90, la reinvención del modelo de negocio entró en un período de crecimiento radical.

En menos de dos décadas, hemos visto cómo los efectos de la red han dado lugar a nuevas plataformas en un tiempo récord, el bitcoin y la cadena de bloques han socavado los modelos financieros existentes de «terceros de confianza», y la financiación en masa y las OIC han hecho fracasar las formas tradicionales de captación de capital.

Ahora estamos presenciando 7 modelos emergentes que redefinirán el negocio en las próximas décadas.

Y hoy en día, mientras que innumerables empresas están ancladas por una mentalidad de mantenimiento -competencia únicamente en la ejecución operacional- es más vital que nunca aprovechar estos modelos de negocio para el éxito en la década de 2020.

Cada uno de ellos es una nueva y revolucionaria forma de crear valor; cada uno es una fuerza de aceleración.

Vamos a sumergirnos

7 Modelos de Negocios para Gobernar la Década

(1) La Economía de la Multitud: Crowdsourcing, crowdfunding, ICOs, activos apalancados y personal a demanda, todos los desarrollos que apalancan los miles de millones de personas que ya están en línea y los miles de millones que están por llegar.

Todos ellos han revolucionado la forma en que hacemos negocios. Sólo hay que considerar los activos apalancados, como los vehículos de Uber y las salas de Airbnb, que han permitido a las empresas escalar a gran velocidad. Estos modelos de economía de masas también se apoyan en el personal a demanda, que proporciona a la empresa la agilidad necesaria para adaptarse a un entorno rápidamente cambiante. Y es todo, desde los microtrabajadores que están detrás del Turco Mecánico de Amazon en el extremo inferior, hasta los servicios de científicos de datos a pedido de Kaggle en el extremo superior.

Ejemplo: Airbnb se ha convertido en la mayor «cadena de hoteles» del mundo, pero no posee ni una sola habitación de hotel. En su lugar, aprovecha (es decir, alquila) los activos (habitaciones de repuesto) de la multitud, con más de 6 millones de habitaciones, pisos y casas en más de 81.000 ciudades de todo el mundo.

(2) La economía de la gratuidad/datos: Esta es la versión de plataforma del modelo «bait and hook», esencialmente cebando al cliente con el acceso gratuito a un servicio genial y luego haciendo dinero con los datos recogidos sobre ese cliente. También incluye todos los desarrollos impulsados por la gran revolución de los datos, que nos está permitiendo explotar la micro-demografía como nunca antes.

Ejemplo de ello: Facebook, Google, Twitter: hay una razón por la que este modelo ha transformado a las nuevas empresas de dormitorios en superpotencias globales. Las consultas de búsqueda diarias de Google han aumentado de 500.000 en 1999, a 200 millones en 2004, a 3.000 millones en 2011, a 5.600 millones en la actualidad. Aunque cada vez más usuarios son conscientes de los valiosos datos que intercambian a cambio del servicio de búsqueda «gratuito» de Google, es probable que este modelo de probada eficacia siga teniendo éxito en la década de 2020.

(3) La economía de la inteligencia: A finales del siglo XIX, si se quería tener una buena idea para un nuevo negocio, todo lo que se necesitaba era tomar una herramienta existente, digamos un taladro o una tabla de lavar, y añadirle electricidad, creando así un taladro eléctrico o una lavadora.

En la década de 2020, la IA será la electricidad. En otras palabras, tomar cualquier herramienta existente y añadir una capa de inteligencia. Así, los teléfonos móviles se convertirán en teléfonos inteligentes y los altavoces estéreo en altavoces inteligentes y los coches se convertirán en vehículos autónomos.

Ejemplo: Todos conocemos los grandes nombres que incorporan la IA a sus modelos de negocio, desde Amazon a Salesforce. Pero cada día surgen más empresas de IA: 965 compañías relacionadas con la IA en Estados Unidos recaudaron 13.500 millones de dólares en capital de riesgo en los primeros nueve meses del año pasado, según la Asociación Nacional de Capital de Riesgo. La más valorada de todas ellas es Nuro, un servicio de reparto de comestibles sin conductor valorado en 2.700 millones de dólares. Se espera que la IA continúe transformando la mayoría de los negocios en la década de 2020.

(4) Economías de circuito cerrado: En la naturaleza, nada se desperdicia. El detritus de una especie siempre se convierte en la base para la supervivencia de otra especie. Los intentos humanos de imitar estos sistemas totalmente libres de desechos han sido apodados «biomimetismo» (si se habla de diseñar un nuevo tipo de producto) o «cradle-to-cradle» (si se habla de diseñar un nuevo tipo de ciudad) o, más simplemente, «economías de circuito cerrado». Estos modelos serán cada vez más frecuentes con el aumento de los consumidores conscientes del medio ambiente y los beneficios de coste de los sistemas de circuito cerrado.

Ejemplo: El Banco de Plástico, fundado en 2013, permite a cualquiera recoger residuos de plástico y dejarlos en un «banco de plástico». Al recolector se le paga por la «basura» en cualquier cosa, desde dinero en efectivo hasta tiempo de WiFi, mientras que el banco de plástico clasifica el material y lo vende al reciclador apropiado, cerrando así un bucle abierto en el ciclo de vida del plástico.

(5) Organismos Autónomos Descentralizados (OAD): En la convergencia de la cadena de bloques y la IA se encuentra un tipo de compañía radicalmente nueva, sin empleados, sin jefes y con una producción ininterrumpida. Un conjunto de reglas preprogramadas determina cómo funciona la empresa, y las computadoras hacen el resto. Una flota de taxis autónomos, por ejemplo, con una capa de contratos inteligentes respaldados por una cadena de bloques, podría funcionar las 24 horas del día, los 7 días de la semana, incluyendo la conducción al taller de reparaciones para su mantenimiento, sin ninguna participación humana.

Ejemplo de ello: Mientras que los DAOs apenas están empezando a surgir, la plataforma DAOstack está trabajando para proporcionar a estos negocios herramientas para el éxito, incluyendo incentivos criptoeconómicos confiables y protocolos de gobernabilidad descentralizados. DAOstack tiene como objetivo crear negocios donde la única influencia externa es el cliente.

(6) Múltiples Modelos Mundiales: Ya no vivimos en un solo lugar. Tenemos personajes del mundo real y personajes en línea, y esta existencia deslocalizada sólo se va a expandir. Con el surgimiento de la realidad aumentada y la realidad virtual, estamos introduciendo más capas en esta ecuación. Tendrá avatares para el trabajo y avatares para el juego, y todas estas versiones de nosotros mismos son oportunidades para nuevos negocios.

Ejemplo: Second Life, el primer mundo virtual creado en 2003, dio lugar a una economía multimillonaria. La gente pagaba a otras personas para que diseñaran ropa digital y casas digitales para sus avatares digitales. Cada vez que añadimos una nueva capa a los estratos digitales, también estamos añadiendo una economía entera construida sobre esa capa, lo que significa que ahora estamos llevando a cabo nuestro negocio en varios mundos a la vez.

(7) Economía de la Transformación: La Economía de la Experiencia se trataba del intercambio de experiencias, así que Starbucks pasó de ser una franquicia de café a un «tercer lugar». Es decir, ni casa ni trabajo, sino un «tercer lugar» en el que vivir tu vida. Comprar una taza de café se convirtió en una experiencia, una especie de parque temático cafeinado. La siguiente iteración de esta idea es la Economía de la Transformación, donde no sólo estás pagando por una experiencia, sino que estás pagando para que tu vida sea transformada por esta experiencia.

Ejemplo: Las primeras versiones de este modelo pueden verse en el auge de los «festivales de transformación» como Burning Man, o las compañías de fitness como CrossFit, donde la experiencia es generalmente mala (te ejercitas en viejos almacenes), pero la transformación es grande (la persona en la que te conviertes después de tres meses de ejercitarte en esos almacenes). Los consumidores ya no buscan experiencias meramente placenteras, sino que buscan desafíos que transformen.

Pensamientos finales: Lo que todo esto nos dice es que el negocio de siempre se está convirtiendo en algo inusual.

Y para las empresas existentes, como explicó Clayton Christensen de Harvard, esto ya no es opcional: «La mayoría [de las organizaciones] piensan que la clave del crecimiento es el desarrollo de nuevas tecnologías y productos». Pero a menudo esto no es así. Para desbloquear la próxima ola de crecimiento, las empresas deben incorporar estas innovaciones en un nuevo modelo de negocio perturbador».

Y para los que estamos fuera de estos modelos disruptivos, nuestra experiencia será mejor, más barata, más rápida.

Los nuevos modelos de negocios con mejor significado hacen lo que todos los modelos de negocios hacen: resolver los problemas de la gente en el mundo real mejor que nadie.

Más barato es obvio. Con la desmonetización en marcha, los clientes – y eso significa todos nosotros – esperan más por menos.

Pero el verdadero cambio es el cambio final: más rápido. Los nuevos modelos de negocio ya no son fuerzas para la estabilidad y la seguridad. Para competir en el clima acelerado de hoy en día, estos modelos están diseñados para la velocidad y la agilidad.

Lo más importante es que nada de esto está en peligro de desaceleración.

(Nota #1: Este blog proviene de The Future is Faster Than You Think – mi próximo libro, que se publicará en DOS DÍAS el 28 de enero de 2020. Inscríbete aquí para recibir actualizaciones!

Fuente: email recibido de Peter Diamandis peter@diamandis.com 26 ene. 2020 14:07, tambien puede leerlo en  Diamandis.com

Traducción realizada por Lucio Mauricio Henao

Anticipación del futuro

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Descubren el sistema cerebral que anticipa el futuro

Un modelo de pensamiento rápido y la lógica difusa procesan la probabilidad

El cerebro recurre a un sistema de pensamiento rápido para calcular la probabilidad de que algo ocurra y cuándo tendrá lugar. Realiza cálculos complejos de forma intuitiva gracias a la lógica difusa. Por Eduardo Costas y Eduardo Martínez (*).

El tiempo de reacción a un evento estocástico (no determinista) es proporcional al recíproco de su probabilidad. Imagen: Georgios Michalareas. Max Planck Institute for Empirical Aesthetics.
El cerebro dispone de un sofisticado sistema para anticipar el futuro: necesita prepararnos para reaccionar ante cualquier eventualidad y, según una investigación realizada en el Instituto Max Planck (Alemania), lo consigue de forma rápida y con un consumo mínimo de energía.

Saber lo que va a pasar, ya sea inmediatamente o algo más tarde, es un factor crítico para la supervivencia, pero también algo cotidiano: necesitamos saber si va a llover mañana o estamos atentos al disparo que anuncia la salida en una carrera deportiva.

De forma no consciente, el cerebro realiza matemáticas complejas para procesar la información que procede del entorno a través de los sentidos.

Pero cuando se enfrenta a la eventualidad de prepararnos para el futuro, apura sus cálculos: no solo necesita saber qué va a ocurrir, sino también, y no menos importante, cuándo.

La nueva investigación ha descubierto cómo se las ingenia el cerebro para anticipar el futuro, ya sea en circunstancias normales o excepcionales: recurre a un sistema de pensamiento rápido y a la lógica difusa para que reaccionemos adecuadamente.

Pensamiento rápido y lógica borrosa

El sistema de pensamiento rápido es la forma más corriente que usa el cerebro para procesar información. Es instantáneo y consume muy poca energía. Es el sistema intuitivo y emocional.

Descrito por primera vez en 2011 por el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, este sistema nos permite, por ejemplo, saber que una cosa está más cerca que otra, caminar sin fijarnos, detectar alegría en la expresión de una persona, o leer, sin pretenderlo, un mensaje publicitario sencillo.

El cerebro recurre también a la lógica borrosa o difusa, una propiedad que es muy difícil de replicar informáticamente, pero que permite procesar información a partir de datos imprecisos: por ejemplo, cómo va a ocurrir algo y cuándo.

La lógica borrosa regula también la mayor parte de nuestras vidas: frecuentemente recibimos instrucciones como “gira un poco más a la derecha” y “no vayas tan rápido”.

Gracias a la lógica borrosa, nadie nos dirá: “muévete 28 cm en rumbo verdadero de 136º” o “reduce en 3,8 metros por segundo tu velocidad”. Aunque esos enunciados son genéricos, somos capaces de reaccionar con precisión y ajustar la marcha del coche en el sentido pretendido.

Densidad de probabilidad

Los investigadores del Instituto Max Planck han descubierto además que el cerebro se vale un modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad (FDP o PDF en inglés) para anticipar el futuro.

Este modelo permite al cerebro precisar con exactitud lo que va a pasar y cuándo. Asume que va a ocurrir independientemente del momento y realiza una estimación de cuándo va a tener lugar.

Distribuye la probabilidad de ocurrencia a través del tiempo en que puede producirse, para obtener una mayor seguridad en la precisión y disipar así la incertidumbre: ha determinado que el tiempo de reacción a un evento estocástico (no determinista) es proporcional al recíproco de su probabilidad.

Así nos prepara para cualquier eventualidad presente o futura, ya sea que la información sensorial proceda de la visión, de la audición o del sistema somatosensorial, que procesa estímulos relacionados con el tacto, la temperatura, la propiocepción (posición del cuerpo) y la nocicepción (dolor).

 

Entresijos cerebrales

El éxito del cerebro en la anticipación del futuro no depende solo del modelo utilizado, sino de la selección previa que ha debido realizar para cumplir su cometido.

En primer lugar, eligió el modelo de pensamiento rápido frente al modelo de pensamiento lento, también descrito por Kahneman.

Este segundo modelo es lógico y deliberativo, funciona muy despacio y consume mucha energía. Asociado a la experiencia, lo usamos para actividades mentales difíciles como los cálculos matemáticos complejos.

Cuando va a anticipar el futuro, el cerebro descarta este modelo y prefiere el sistema de pensamiento rápido porque lo que prima es acertar con rapidez algo que puede ocurrir.

En segundo lugar, el cerebro debió elegir también entre el modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad y una alternativa también disponible: el modelo tasa de riesgo, más conocido por su expresión inglesa Hazard ratio.

Cálculos complejos

Este segundo modelo, empleado comúnmente para medir el riesgo financiero, sirve para calcular la probabilidad solo ante una situación inminente. Hasta ahora se creía que era el usado por el cerebro para anticipar el futuro.

La nueva investigación ha comprobado sin embargo que el cerebro escoge la función de densidad de probabilidad porque le permite añadir a la información de qué va a ocurrir, el cuándo tendrá lugar.

Por último algo no menos sorprendente: a pesar de que el cerebro escoge un sistema de pensamiento rápido para anticipar el futuro, calcula algo muy complejo (el factor tiempo a través de la probabilidad), una función que corresponde al sistema de pensamiento lento.

Lo consigue a través de la lógica borrosa y confirma así que este sistema de pensamiento rápido es muy eficaz.

Es tan potente que sirve incluso para las tribus amazónicas que no conocen los números: su sistema de pensamiento rápido es capaz de procesar también una compleja información de probabilidad tal como lo hace nuestro cerebro, a pesar de que sus miembros no pueden saber si quiera la edad que tienen.

(*) Eduardo Costas es Catedrático de Genética en la Universidad Complutense de Madrid. Eduardo Martínez de la Fe, filósofo y periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

 

Referencias

The anticipation of events in time. Matthias Grabenhorst et al. Nature Communications volume 10, Article number: 5802 (2019). DOI :https://doi.org/10.1038/s41467-019-13849-0

Numbers and the Making of Us: Counting and the Course of Human Cultures. Calet Everett. Harvard University Press. 2019.

Thinking, Fast and Slow. Daniel Kahneman. Farrar, Straus and Giroux. 2011.

Peligros de las torres 5G

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Riesgos para la salud del 5G; La guerra entre la tecnología y los seres humanos


Por: Paul Wagner | 14 mayo, 2019

Más de 180 científicos y médicos en casi 40 países están advirtiendo al mundo sobre los riesgos para la salud que presenta la tecnología 5G. La respuesta de estos científicos a la “Resolución 1815 del Consejo de Europa” lo explica de manera sucinta:

“Nosotros, los científicos abajo firmantes, recomendamos una moratoria en el despliegue de la quinta generación, 5G, hasta que los riesgos potenciales para la salud humana y el medio ambiente hayan sido completamente investigados por científicos independientes de la industria. La tecnología 5G aumentará sustancialmente la exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (RF-EMF) … y se ha demostrado que esto es perjudicial para los humanos y el medio ambiente “.

Si no está alarmado por los peligros de la radiación 5G, debería estarlo…

Con velocidades de descarga de hasta 20 a 30 veces más rápidas que el 4G, el 5G promete un nuevo mundo, que incluye los autos sin conductor y al mismo tiempo causar una larga lista de potenciales riesgos para la salud. Las ciudades de Bruselas y Ginebra incluso bloquearon las pruebas y prohibieron las actualizaciones a 5G debido a esta preocupación.

La diferencia entre 4G y 5G en términos de gigahercios, la unidad de corriente alterna (CA) u ondas electromagnéticas (EM) que afectan las velocidades de transmisión de los dispositivos, es significativa. La tecnología 5G promete bandas de radio milimétricas en el rango de 30 a 300 GHz, mientras que 4G alcanza alrededor de 6GHz. Cuando se aplica a la latencia de video, esto se traduce en velocidades de hasta 60 a 120 veces más rápidas.
Antes de 2G, 3G y 4G, las frecuencias de radio eran benignas. Nunca nos preocupó si nuestros programas de radio en el tiempo de conducción freirían nuestros cerebros. Lamentablemente, una vez que se inició el concepto de tecnología inalámbrica “G”, comenzamos a exponer al público global a frecuencias similares a las microondas a mil millones de ciclos por segundo.

Los humanos, los animales y el medio ambiente han estado en riesgo durante años. Si bien el 4G era lo suficientemente malo, el 5G eleva el juego a un nivel completamente nuevo.

RESONANCIA: SERES DE FRECUENCIA

El primer documental que investiga los mecanismos actuales por los cuales la tecnología celular puede causar cáncer. La película muestra cómo la humanidad reacciona al cambio ambiental más grande que se ha visto en el planeta.

El 5G (o 5ª generación) se refiere al último avance en sistemas inalámbricos. El 5G promete canales más grandes, velocidades más altas, paquetes de datos más grandes, capacidad de respuesta exponencial y la capacidad de conectar una gran cantidad de dispositivos desde una sola ubicación. Al principio, las redes 5G no funcionarán igual. Algunas serán lentas y algunas de estas redes serán súper rápidas, pero con cobertura limitada. Eventualmente, formarán una parrilla global, diferente a todo lo que el mundo ha visto.

Sería lógico suponer que la tecnología 5G ha sido probada para detectar sus riesgos, pero esto simplemente no se ha producido. No hay datos convincentes sobre los riesgos para la salud. De hecho, cuando se lance el 5G, será la primera prueba real realizada en seres humanos. Esto no tiene precedentes para un lanzamiento de tecnología pública a gran escala.

Mientras que las longitudes de onda del 4G viajan a lo largo de la superficie de la piel, las ondas milimétricas del 5G son más insidiosas. Cuando se emiten longitudes de onda 5G, nuestra piel las absorberá automáticamente, lo que naturalmente hará que la piel suba de temperatura.
Ya activo en tres países, el 5G es la primera prueba de radiación electromagnética global en seres humanos en la historia del planeta Tierra. Si bien la mayoría de los ejecutivos de la industria inalámbrica rechazan la larga lista de preocupaciones legítimas sobre la salud que provoca el 5G, la mayoría de los científicos creen que el público está en peligro y que se necesitan más pruebas.

¿El 5G causa cáncer?

Muchos científicos entienden que la radiación electromagnética que se escapa a través de las puertas de nuestros hornos microondas es cancerígena y, por lo tanto, puede causar cáncer. La mayoría de estos científicos también creen que estas ondas son muta-génicas, lo que significa que cambian la estructura del ADN de los seres vivos.

El lanzamiento del 5G será similar a encender su microondas, abrir su puerta y dejarlo encendido durante el resto de su vida. Hay una buena razón por la cual cientos de científicos están tomando medidas contra la industria inalámbrica.

¿Son peligrosas las torres 5G?

Durante los últimos diez años, la tecnología 5G ha estado en proceso de desarrollo. Originalmente planificada como una capa sobre la 3G y 4G, la 5G se está convirtiendo rápidamente en un mundo propio.

Cada torre celular en su vecindario emite radiación de radiofrecuencia (RF). La radiación causa cáncer. Para el 2021, cada ciudad tendrá torres 5G y estaciones celulares. Estos dispositivos estarán en la parte superior o lateral de millones de edificios en todo el mundo.

La industria inalámbrica no solo está construyendo una infraestructura que proporciona descargas más rápidas; está construyendo un horno microondas mundial.
Sí, las torres 5G y las mini estaciones son extremadamente peligrosas. Las ondas milimétricas más cortas no solo son más peligrosas para los seres humanos, debido a la intensidad de la tecnología, sino que requerirán millones de mini torres más que antes, potencialmente una torre por cada 2 a 8 casas. Esto significa que la exposición a la radiación de RF de un ser humano no solo aumentará, sino que aumentará exponencialmente en unos meses.

Estas torres no solo son peligrosas; son letales y deberían considerarse un crimen de lesa humanidad.

Riesgos para la salud de la tecnología 5G

Si bien hay muchas conversaciones en contra de la comunidad anti-5G, también hay muchas discusiones convincentes entre los científicos que están librando una guerra contra la tecnología no probada.

En general, la radiación causa un gran impacto entre los seres humanos y los animales: destruye nuestro ADN, ya sea forzándolo a mutar o matando grupos específicos de células, todo lo cual conduce al cáncer.

Esto es lo que debe esperar si experimenta una exposición prolongada a la radiación:

  1. Náusea
  2. Hinchazón
  3. Pérdida de cabello
  4. Disminución del apetito
  5. Energía baja
  6. Médula ósea dañada
  7. Órganos dañados
  8. Depresión profunda
  9. Confusión
  10. Infecciones
  11. Incapacitación y muerte

 

Cómo protegerse del 5G

Aparte de mudarnos a Marte o la Luna, tenemos muchas limitaciones para protegernos de esta peligrosa tecnología. Los efectos en la salud de la radiación de las torres celulares son reales. Debido a que habrá miles de estas torres y estaciones en cada ciudad, será casi imposible evitarlas. Dado lo adictos que somos a nuestros dispositivos móviles, la tendencia irá dirigida a arriesgar nuestras vidas para apoyar nuestras adicciones relacionadas con las pantallas.

Dicho esto, hay algunas cosas que podemos hacer para protegernos de la radiación. Cuanto más nos centramos en nuestra salud y dieta, más puede defenderse nuestro sistema inmunológico contra los desafíos relacionados con la radiación 5G.

La espirulina, la hierba de trigo, la vitamina C y suplementos similares son formas consumibles de luz solar, que siempre mejorarán nuestra salud y elevarán nuestras vibraciones. El yoga, la meditación, el canto, los mantras y otras formas de oración también pueden ser beneficiosos para proteger nuestras energías vitales.

El Campo de Sanación

El Campo de Sanación explora cómo la comprensión del cambio cuántico está afectando a nuestra salud, nuestra sociedad y nuestro futuro. En este documental se aborda como empoderar a los individuos a participar en prácticas de auto-sanación, técnicas de la mente y el cuerpo y medicina energética para su propio auto-cuidado. Las prácticas de energía de auto-sanación son algo que todo el mundo de todas las edades pueden empezar a realizar.

Si bien, el miedo puede debilitar nuestros campos electromagnéticos, el amor, la intimidad y la vulnerabilidad social pueden fortalecerlos. Lo más importante que podemos hacer es enfocarnos en mejorar nuestra salud, estado mental y exposición a la naturaleza. Siempre tenemos control sobre nuestro futuro, incluso si el público en general se dirige en otra dirección.

Aquí hay algunas ideas para darnos una oportunidad y luchar contra esto:

  1. No viva cerca de una torre celular o mini estación.
  2. Compre un escudo EMF y continúe midiendo los niveles de radiación dentro de los 100 metros de su hogar.
  3. Coma saludablemente y tome suplementos inmunoestimulantes.
  4. Pase tiempo en el bosque.
  5. Abstenerse de usar su teléfono celular durante largos períodos, incluso tener su teléfono celular en su habitación.
  6. Cuando viaje con su teléfono celular, guárdelo en una bolsa protectora EMF.
  7. Considere comprar un poco de Orgonita, que supuestamente dispersa los campos electromagnéticos y los convierte en beneficiosos. El Dr. Wilhelm Reich desarrolló este compuesto único.
  8. Infórmese continuamente sobre la industria inalámbrica y el apoyo del gobierno a este insano esfuerzo.
  9. Mantenerse fuerte, alejado del miedo y continuar mejorando la vibración positiva a través del pensamiento positivo, el perdón y una mayor atención hacia la salud mental, emocional y física.

Paul Wagner es un lector intuitivo, clarividente y un escritor ganador del premio EMMY en 5 ocasiones. Creó “Las cartas de personalidad”, un poderoso Tarot que es útil en la vida, el amor y las relaciones. Paul estudió con los maestros de Lakota en Pecos Wilderness, quienes cultivaron sus habilidades empáticas y le enseñaron los rituales sagrados. Ha vivido en Ashrams con maestros iluminados, incluida Amma, la Santa Abrazante, a quien le proporcionó notas clave en sus eventos mundiales. Paul recorre el mundo dando conferencias sobre la liberación espiritual, y con amor ofrece lecturas intuitivas y entrenamiento inspirador para ayudar a otros con el autodescubrimiento, la toma de decisiones, la curación y el perdón. Obtenga más información en PaulWagner.com

Fuente: https://www.gaia.com/es/es/article/riesgos-para-la-salud-del-5g?fbclid=IwAR0WSoAvMH53gWn8xgR1srzcfnMRnN1XvvpB3LgVro7-QW0CUNVwhGCl2Tc#.Xijv2qTze9A.facebook