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Prologando un una nueva vida activa

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Por una nueva vida activa: prólogos a cada discurso posible sobre un futuro mejor

Para que los discursos sobre un futuro mejor después del final de la pandemia no sean ilusorios, es necesario pensar en un cambio real de paradigma en el orden social y cultural del mundo. En esto, la tecnología tiene un papel auxiliar, no uno central. El verdadero progreso humano pasa por una nueva «vida activa» que reemplaza el modelo (im) productivo del presente y una nueva relación con los habitantes no humanos del planeta.

Aunque es prematuro, cualquier reflexión sobre el mundo que seguirá al final de la pandemia de Covid-19, la más grave que la humanidad ha enfrentado desde 1918, no debe tratar tanto con las semillas del futuro presente hoy, sino con Nuestra visión del mañana. Nunca como en este momento, el paso del futuro previsible al futuro preferible es indispensable; porque es fácil imaginar que, cesó la emergencia y encontrar los medios para limitar los futuros ciclos a través de las vacunas contra la gripe, terapias o prácticas de salud pública, todo puede volver a la normalidad, mientras que es obvio que una parte creciente de la población mundial no quiere en absoluto una mero retorno al pasado .

Navega en un presente incierto

La epidemia de peste que se desencadenó en Europa a mediados del siglo XIV cambió radicalmente las estructuras sociales de finales de la Edad Media, favoreciendo la apertura y el progreso cultural, económico, científico y político. Es de esperar que algo así también ocurra en el futuro cercano. Como en la sociedad belle époque , aunque dominada por innovaciones tecnológicas rápidas, transformaciones y prosperidad, hubo una amenaza abrumadora de una amenaza oscura, similar al iceberg que en 1912 hundió la mayor maravilla de la ingeniería naval de la época, el Titanic, y que se manifestó en toda su violencia con La Primera Guerra Mundial, que disolvió antiguos imperios y desencadenó una aceleración del cambio que tendría repercusiones durante todo el siglo XX, por lo que en los últimos años, aunque intoxicados y deslumbrados por el extraordinario progreso de la ciencia y la tecnología, sentimos que el camino tomado era, después de todo, el mejor, y que algunas incógnitas peligrosas corrían desde el futuro . Ahora que hemos llegado al punto de inflexión, percibimos cómo nunca antes la fragilidad del presente y la imponderabilidad del futuro.; nuestra forma de andar segura y decidida se ha vuelto incierta, estamos a tientas, sentimos que la sólida realidad está fallando bajo nuestros pies y tenemos la impresión de navegar por las arenas movedizas.

Esta percepción deriva del hecho de que lo que parece imposible e impensable ha reemplazado el futuro posible y pensable . En la vida de cada uno de nosotros, llega el momento en que nuestra realidad sólida se ve desafiada por la aparición de factores impredecibles e inesperados; La capacidad de aceptar estas incógnitas y adaptarse en consecuencia es una parte integral del proceso de maduración de cada ser humano. Esto es tanto más cierto para los equipos sociales. Observadores autorizados ya han demostrado que una pandemia viral como la que estamos experimentando no puede encajar completamente en la serie «cisne negro», porque tal escenario ya había sido ampliamente previsto por todos los expertos y las alarmas a este respecto se han lanzado durante años en todas las oficinas institucionales del mundo. Aun así, sin embargo, la crisis nos tomó por sorpresa, debido a la extensión del contagio y la velocidad con la que cambió radicalmente nuestras vidas. Es difícil argumentar que podríamos habernos preparado de otra manera; no hay planes compartidos e incluso en la emergencia actual hemos visto a la comunidad científica dividirse en las medidas a tomar. Esta incertidumbre se debe al hecho de que un virus sigue siendo un agente biológico, como tal dotado, aunque en su simplicidad intrínseca, con elementos de imponderabilidad con respecto a un fenómeno físico; y un contagio, en una sociedad complejacomo el global en el que vivimos, es, por definición, un «sistema complejo» que elude las leyes y los modelos predictivos.

Tecnología para una sociedad menos frágil.

Entonces es natural pensar en cómo hacer que el mundo del mañana sea menos vulnerable a crisis como esta, lo que los expertos nos aseguran que volverá a encontrarnos: especialmente desde las dos últimas epidemias, aunque contenidas, debido al coronavirus (SARS y MERS) verificado solo hace unos años, demuestra que la capacidad de este tipo de virus para atacar a los humanos se está acelerando de manera inquietante. Sin lugar a dudas, necesitamos que la humanidad sea capaz de captar nuevas crisis con mucha anticipación e implementar las contramedidas necesarias a tiempo. Aún más, necesitamos modelos sociales más resistentes contra pandemias de este tipo: para las cuales el trabajo inteligente es bienvenidopara mantener las actividades administrativas en funcionamiento, la automatización de fábricas para continuar la producción, el comercio electrónico para garantizar la continuidad del negocio, la eficiencia de la cadena de suministro para optimizar los suministros, la digitalización de la escuela y la universidad para Permitir que los estudiantes continúen entrenando.

La innovación tecnológica nos ha puesto en posición de amortizar parcialmente el daño.de esta crisis, por lo que es absolutamente necesario continuar en este camino para que el futuro no nos sorprenda sin preparación. Se ha señalado correctamente, por ejemplo, que se ha reducido el miedo a los efectos de la pandemia en un país como Estonia, donde la innovación digital se ha desarrollado por completo; Está claro que si una persona mayor puede pagar su pensión en una cuenta bancaria en línea y puede llevar a cabo otros tipos de servicios, desde pagar facturas hasta comprar alimentos, a través de una aplicación, tendrá menos necesidad poner en grave peligro su salud en una cola en las oficinas de correos o en el supermercado, minimizando también la incomodidad inexorable que conllevan las medidas de distanciamiento social. Más aún, una persona mayor que usa personas maduras y responsables.Las redes sociales y los canales de comunicación en línea con los seres queridos y el resto del mundo experimentarán la incomodidad de la soledad en menor medida. En una empresa de este tipo, también es más fácil para el gobierno introducir medidas de apoyo a los ingresos , ya que cualquiera puede solicitar en línea y recibir dinero directamente en su cuenta, sin tener que hacer cola en el banco o la oficina de correos o en el oficina de seguridad social. Todo esto debe convencernos de la necesidad de superar la reticencia natural al analfabetismo digital para crear una sociedad más inteligente capaz de gestionar de forma remota la gran mayoría de sus funciones, sin que nadie se quede atrás.

Auténtico progreso humano

Pero la tecnología por sí sola no es la respuesta. Al releer las crónicas de las epidemias de peste que azotaron cíclicamente a Europa durante casi cinco siglos, descubrimos que las soluciones adoptadas no eran muy diferentes de las actuales (aislamiento, sobre todo) ni el impacto social era diferente : “Detención de actividades familiares , silencio de la ciudad, soledad en la enfermedad, anonimato de la muerte, abolición de los ritos colectivos de alegría y dolor: todas estas fracturas agudas con usos cotidianos fueron acompañadas por una imposibilidad total de formular planes para el futuro «, escribe el historiador Jean Delumeau en su miedo en el oeste. La diferencia entre ahora y entonces viene dada, por un lado, por las posibilidades que la tecnología nos ofrece para sentirnos mucho menos solos y permitirnos continuar, en su mayor parte, nuestra rutina diaria dentro de nuestros hogares; por el otro, por el hecho de vivir en un sistema de bienestar que no deja a las personas en dificultades. No vemos y no veremos muertos en las calles que nadie pueda recoger, lazar de víctimas de la peste abandonadas a la muerte, personas enfermas clavadas en la casa sin comida, hambre y miseria en todas partes. Si es cierto, como dijo el Papa Francisco, que es «antes de sufrir» que «se mide el verdadero progreso de los pueblos», no hay duda de que ha habido un progreso genuino entre las epidemias de ese tiempo y las de hoy. Sentimos con mucha más responsabilidad la necesidad de proteger el derecho de todos a la vida y al cuidado, para garantizar incluso a aquellos que no tienen medios de subsistencia. El progreso tecnológico y el progreso social deben ir de la mano.

Los riesgos de un mundo en el que solo el primero, el progreso tecnológico, forja nuestro futuro son claros. Hoy en día, aquellos que trabajan en el trabajo inteligente a menudo se encuentran trabajando muchas horas más que antes, porque, con la excusa del trabajo ágil, el límite de horas de trabajo es menor . Los grandes volúmenes de datos se ponen al servicio de los proyectos de control social que, si se lleva a cabo por regímenes no democráticos, terminan muy pronto para convertirse en instrumentos de opresión . La hipertrofia de la producción industrial conduce a una reapertura rápida de fábricas, desafiando las obligaciones de salud pública, en virtud de una supuesta superioridad de las necesidades del mercado en comparación con las de los individuos, especialmente si las personas más expuestas son las«Fuerzas improductivas» , es decir, los ancianos.

La tentación de un retiro al ciberespacio

La tentación de retirarse de la vida social es abrumadora. Novelas famosas como The Naked Sun de Isaac Asimov o The Possible of an Island de Michel Houellebecq ya nos han confrontado con un posible resultado de medidas radicales y duraderas de distanciamiento social para salvaguardar nuestra seguridad. Estos escenarios post-humanos no parecen estar muy lejos, si es cierto que una parte importante de nuestra vida diaria ya tiene lugar en un entorno virtual (redes sociales, la web, herramientas de teleconferencia, etc.). Es totalmente concebible un mundo en el que nuestras relaciones cada vez más atomizadas tengan lugar totalmente a distancia, para salvaguardar nuestra longevidad.; aunque un pequeño virus fue suficiente para mostrarnos la ilusión de esos vagos proyectos radicales de longevidad de los que a menudo escuchamos.

Por otro lado, la respuesta colectiva a la pandemia, a pesar de algunas voces importantes en contrario, muestra que para nuestra sociedad no hay «desperdicio de vidas» , que la necesidad de proteger el derecho a la vida de una sola persona es suficiente para imponer medidas. precauciones extraordinarias, en oposición a un modelo social en el que la vejez o la enfermedad (sin mencionar la muerte) se relegan a los márgenes de lo existente. Un futuro inclusivo no solo puede beneficiar a los más jóvenes, los más productivos, los más integrados, los más saludables, sino que tiene en cuenta el hecho de que la parábola de la existencia humana se completa con la vejez (para muchos) y la muerte ( para todos) Ignorarlo significa crear una sociedad esquizofrénica, incapaz de comprender el significado de la existencia y, por lo tanto, aún más incapaz no solo de adaptarse a lo imposible e impensable, sino también de construir cualquier futuro con significado.

En su crónica de la plaga de 1348, Jean de Venette escribe: “Cuando cesaron la epidemia, la peste y la mortalidad, los hombres y mujeres restantes se casaron en competencia. Las mujeres sobrevivientes tuvieron una increíble cantidad de hijos (…). Pero, por desgracia, el mundo no salió mejor de esta renovación: de hecho, los hombres eran aún más codiciosos y tacaños, porque querían tener mucho más que antes «. De ahí la naturaleza ilusoria de los discursos de aquellos que creen que, como por arte de magia, el mundo del mañana será diferente al anterior. Está claro que este no será el caso a menos que insistamos en un cambio de paradigma real en el orden social y cultural del mundo . En esto, la tecnología tiene un papel auxiliar, no uno central. Si, para obligar a las personas a quedarse en casa, un gobierno tiene que usar drones, los sistemas de reconocimiento facial y las aplicaciones de control de movimiento, además de prestar su lado a las desviaciones autoritarias, empujan hacia la responsabilidad del individuo. Por el contrario, el progreso auténtico necesariamente pasa por una mayor responsabilidad para cada uno . Solo si somos capaces de introducir en nuestros comportamientos la obligación de limitar nuestra libertad en beneficio de la supervivencia de los más débiles, demostraremos que somos capaces de construir un futuro mejor e inclusivo. De lo contrario, delegaremos cada vez más nuestra libertad de toma de decisiones a las máquinas.

Repensar la condición humana.

Aquí Hannah Arendt viene al rescate . La filósofa y politóloga estadounidense, en su libro The Human Condition (1958), traducida por nosotros con el título Vita activa , nos ofrece importantes consejos para el futuro. Cuando la desorientación que nos afecta a la mayoría de nosotros deriva del hecho de que no podemos llevar a cabo nuestras actividades diarias, ese es nuestro trabajo, porque todos se reconocen e identifican a sí mismos en el trabajo que hace, Arendt nos recuerda que el trabajo no coincide con la actuación. , en efecto: el » homo faber , el hombre la producción , lleva a cabo su trabajo de manera aislada, incluso cuando él se encuentra en un entorno de mucha gente, como una fábrica o una oficina de espacio abierto. La otra ilusión del trabajo es que siempre es productivo, «por inútil y no duradero que sean sus productos». La suspensión de todas las obras no esenciales, impuestas por el gobierno italiano, nos hizo darnos cuenta, tal vez por primera vez, que una parte no indiferente de nuestras obras no es, de hecho, necesaria,si no para garantizar nuestro sustento. Como una parte preponderante de la producción está automatizada, surgen nichos de empleo completamente auxiliares, que encuentran justificación solo en el círculo vicioso del capital necesario para mantener la relación entre productores y consumidores, sin la cual nuestra sociedad industrial colapsaría. Como explica Arendt en cambio: «La realidad y la fiabilidad del mundo humano se basan principalmente en el hecho de que estamos rodeados de cosas más permanentes de la actividad con la que se producen, y potencialmente más permanentes que la vida de sus autores». Está claro entonces cómo, en un mundo basado en la productividad como un fin en sí mismo, la realidad se desintegra rápidamente cuando se interrumpe el proceso de producción,

Una vida activa , por el contrario, enfatiza el discurso y la acción, condiciones fundamentales de la pluralidad humana.. “La acción, a diferencia de la fabricación, nunca es posible de forma aislada; estar aislado significa ser privado del poder de actuar. La acción y el discurso requieren la presencia de otros «, escribe Arendt nuevamente. En el mundo actual, el «cómo» ha reemplazado al «por qué», el medio, el proceso de producción, se ha vuelto más importante que el final del producto terminado. De manera especular, la tecnología reemplaza a la ciencia, de modo que las soluciones técnicas a los problemas sociales se aplican sin preguntar primero si hay formas más simples y responsables de lograr el mismo fin. Si cedemos a la tentación de refugiarnos en el ciberespacio, donde ni los virus (aparte de los cibernéticos) ni las bacterias pueden alcanzarnos y donde podemos engañarnos a nosotros mismos de que vivimos eternamente,La misma dinámica en el trabajo en el mundo actual también nos llegará . Ya hoy, plataformas digitalescomo Facebook, en realidad nos piden que trabajemos para generar valor, en la forma de los datos que regalamos. A cambio, nos dan la oportunidad de mantener una vida social activa, pero incluso eso podría sacrificarse pronto: ante la posibilidad que se le da al usuario de llevar a cabo discursos significativos, Instagram y TikTok reemplazan los modos de fructificación cada vez menos estructurados, a lo que solo es muy minucioso y al doblar la lógica nativa de esas redes sociales, algunos usuarios pueden pasar mensajes capaces de actuar en el mundo (piense en los memes). El trabajo físico se traslada al mundo digital y se libera cada vez más de la producción física, acelerando la alienación social. Podemos y debemos tener el coraje de imaginar un mundo nuevo donde la vida activa volver a ser centrales para la existencia humana y hacerlo a través de nuestra vida social.

Un nuevo modelo de bienestar para la sociedad post-empleo.

Ante el bloqueo de la producción, la solución más fácil, porque idéntica a la lógica del pasado, es pedir un rápido retorno a la normalidad reactivando fábricas, empresas y establecimientos comerciales. Pero, ¿por qué no imaginar algo igualmente simple, pero innovador, cómo garantizar a todos aquellos que no tienen ingresos una base económica con la que reiniciar la economía? ¿Por qué no pensar en liberar el trabajo del apoyo económico ? Si esto representa una solución de emergencia para la que incluso los políticos y economistas más desenfrenados consideran una opción concreta, mañana podría convertirse en una práctica. Si lo pensamos bien, lo que genera más angustia hoy es la impresión de que, al no funcionar, uno está inactivo, improductivo, no vivo. Pero es una ilusión generada por la identificación incorrecta, continuada durante siglos, entre la acción y el trabajo. Un futuro en el que todos los medios de subsistencia están garantizados es un mundo en el que desaparecerá una miríada de trabajos improductivos, inútiles y sin sentido y en el que la acción social en su forma más noble volverá al centro de la sociedad. Luego se liberarán los potenciales necesarios para el progreso humano auténtico, inclusivo y solidario ; incluso más que hoy podemos poner nuestro tiempo y nuestras habilidades al servicio de propósitos más nobles, como ayudar a los que se quedan atrás, los desfavorecidos, los pobres del mundo, los que viven y sufren lejos de nosotros.

Si hay algo que la crisis que estamos experimentando hoy nos enseña, es que el progreso no coincide con la innovación . Para que la innovación tecnológica y científica produzca un progreso real, deben fortalecerse los vínculos entre los seres humanos; El progreso real que percibimos hoy, en comparación con las crisis pandémicas similares del pasado, radica en la empatía que nos empuja a sacrificar el interés de hoy en el bienestar del futuro, la vida de los jóvenes para la supervivencia de los mayores, en un enfoque transgeneracional , la única forma posible de construir un futuro que no sea en detrimento de los más débiles, entre los cuales también debemos contar las generaciones venideras, que hemos privado de muchos de los medios que se nos otorgan.

Desde este punto de vista, las tecnologías son extraordinariamente útiles, ya que no podríamos lograr todo esto sin la automatización de los procesos de producción, la digitalización de los servicios, la desmaterialización de la burocracia; y ni siquiera sin las herramientas que nos permiten hoy aumentar nuestra esfera social, construyendo nuevas redes de interacción. Pero las tecnologías solo son preparatorias para esta transformación: son un medio, no un fin. Si actuar significa, escribe Hannah Arendt, tomar una iniciativa, comenzar, mover algo, la acción, desde este punto de la vida, está muy lejos del trabajo, lo que implica un proceso repetitivo. La diferencia entre la fuerza del proceso de producción, «completamente absorbido por el producto terminado en el que se agota», y la fuerza del proceso de acción, radica en el hecho de que este último «puede crecer a medida que sus consecuencias se multiplican», y estos Los procesos son independientes «del deterioro de los materiales y la mortalidad de los hombres tanto como la duración de la humanidad misma». La acción, por lo tanto, entendida como la esencia auténtica de la condición humana, es lo que nos permite reabrir un futuro cerrado por la estasis de repetición del mundo en el que vivimos.. Para usar una hermosa frase de Marcel Proust, «se les impone la inmovilidad de las cosas que nos rodean (…) por la inmovilidad de nuestro pensamiento hacia ellos».

Un nuevo modelo de convivencia en la Tierra.

Y, sin embargo, la coexistencia de aliados, en la que se desarrolla nuestra vida colectiva, se nos presenta hoy como una amenaza para nuestra supervivencia. Mañana como hoy, nuestro prójimo podría representar un riesgo de contagio ; Este miedo es lo que más nos impulsa hacia un futuro en el que el aislamiento de emergencia se convierte en una práctica diaria. Pero el razonamiento es incorrecto: porque hay una manera de anticipar nuevas pandemias, y es prevenir las zoonosis, es decir, evitar el salto del patógeno del animal al hombre. ¿Cómo podemos hacerlo? Al mejorar radicalmente nuestra relación con la biosfera . No olvidemos que siempre tenemos un gran problema por delante que nos impone una fuerte hipoteca en el futuro. El coronavirus pasa, yoEl cambio climático permanece. Hay, sin duda, una conexión entre los dos; o más bien, la aceleración de los procesos de transformación de los coronavirus (y no solo ellos) es posible gracias al Antropoceno , a partir de esta nueva era en la que el dominio del ser humano se ha extendido a todo el planeta y a toda la vida que contiene. Todos somos conscientes de que nuestra relación con la naturaleza se ha deteriorado irremediablemente.; la quema de bosques destruye hábitats esenciales para especies animales que ni siquiera sabemos que existen, y también nos priva de la posibilidad de acceder a sustancias contenidas en plantas, árboles, hongos y otras plantas que pueden ser esenciales para nuestra supervivencia, como nuevos principios activo contra bacterias resistentes a los antibióticos tradicionales. Al privar a otras especies vivas del futuro, a su vez comprometemos nuestras posibilidades para el futuro. En este contexto, entornos como el de los mercados húmedosLos animales chinos, donde los animales son sacrificados mientras aún están vivos, y cuyos fluidos corporales se mezclan con otras especies humanas, se convierten en incubadoras de bombas bacteriológicas con un potencial extintor para la especie humana. Las granjas intensivas donde nacen y se desarrollan enfermedades del ganado son otras fuentes primarias de saltos de especies de enorme peligro.

Hablando del progreso humano, se ha dicho que el progreso auténtico consiste en la capacidad de empatizar con la vida de los demás , sentir compasión por ellos y actuar para mejorar sus condiciones. Ha llegado el momento de extender esta consideración al dominio de los no humanos, para «hacer nuevas alianzas entre humanos y no humanos», como escribe el filósofo Timothy Morton. La retirada al mundo digital solo nos da la ilusión de poder vivir sin el resto de la biosfera , quizás incorporándonos a la realidad virtual que, sin embargo, se ejecutan en servidores que son parte de este mundo y que se ven afectados por las condiciones del planeta. Además, ahora la neurología y la filosofía cognitiva nos han demostrado que no puede haber inteligencia incorpórea: la encarnaciónes decir, la encarnación de la mente en un cuerpo físico es un requisito previo esencial para el nacimiento de la autoconciencia, porque solo a través de la interacción sensorial con el mundo llegamos a comprendernos a nosotros mismos . Por lo tanto, abandonamos cualquier ilusión de un escape a la trascendencia tecnológica y aceptamos la necesidad de un acuerdo con el mundo del que formamos parte. Solo a través de este proceso evitaremos que la naturaleza, que hoy representa la otredad más radical e inconcebible para nosotros, se convierta en una amenaza real para nuestra supervivencia.

El mito del darwinismo social sigue dominando hoy en día , lo que nos empuja a creer que, en esencia, la existencia es la supervivencia, por lo que ante un riesgo directo para nuestra seguridad, cada estructura social se ve obligada a ceder y llevarnos de vuelta a la «vida desnuda». « homo homini lupus» . Es una idea equivocada y pseudocientífica; La selección natural, más allá de cierto nivel de complejidad, premia la cooperación, no la competencia . Esto se aplica a la especie humana, como lo demuestra la historia reciente; pero también se aplica a otras especies y a las relaciones entre nosotros y ellos. Somos capaces de superar las limitaciones de las leyes de la naturaleza e impulsar la evolución hacia un futuro de cooperación y reconciliación con la biosfera. Esto no tiene nada que ver condiscursos primitivistas o retroutopistas . No se trata de volver a un ideal como estado imaginario de la naturaleza, al «mito del buen salvaje». Las tecnologías y la innovación desde este punto de vista serán una vez más indispensables para mitigar nuestro impacto ambiental, salvaguardar la biosfera y entrar en comunicación con la vida no humana.

Son quizás objetivos tan ambiciosos que es fácil confundirlos con utopía. Pero no hay necesidad de llegar mañana; se trata de indicar un horizonte dentro del cual estructurar la acción de esta y las próximas generaciones, hacia un futuro diferente de la mera proyección del presente, que promueve un cambio auténtico, no una fachada. Obviamente, habrá otros «futuros preferidos» que difieran de esto y sus posibles variaciones. Tomar conciencia de ello es un requisito previo indispensable para comprender que es la acción del individuo forjar un mundo nuevo, no la marcha implacable de las fuerzas impersonales.. Una vez más, el primer paso es el empoderamiento personal: no delegar el destino de nuestro mundo a la tecnología, sino comprometernos a realizarlo personalmente. Ningún discurso sobre el futuro es posible sin esta primera conciencia esencial.

Traducción del Italiano, Lucio Henao Abril 10 2020

Cuando ya no esté: Yuval Noah Harari (Parte 1/2)

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Ver video: Yuval Harari en el programa Cuándo ya no esté: Pensar en dentro de 25 años, nos enfrentamos a una gran incertidumbre.

https://youtu.be/hxuKo_VdM9o

“El futuro de la humanidad no son los niños, son los mayores”: Humberto Maturana

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Maturana: “El futuro de la humanidad no son los niños, son los mayores”

De visita en la Región del Biobío, el Premio Nacional de Ciencias conversó sobre la importancia de que los niños crezcan en un espacio que acoja, escuche, se diga la verdad y donde sus preguntas sean contestadas. “Sólo así se transformará en una persona reflexiva, seria y responsable”, aseguró.

Alejandra Jara

 “Cuando uno aplaude a alguien sin haber escuchado nada, entonces uno aplaude las expectativas”, dijo un sorprendido Maturana apenas subió al escenario de la escuela Hipólito Toro y Salas de Chiguayante, en la región del Biobío, donde fue invitado ayer miércoles a inaugurar el año académico.

La noticia de que visitaría la región se masificó rápido y decenas de personas, ajenas a la comunidad educativa del establecimiento, llegaron hasta el colegio para escuchar al Premio Nacional de Ciencias, arriesgándose incluso a que no las dejaran entrar.

Bastó que lo mencionaran como el invitado de honor de esta ceremonia, donde también se premió a los profesores destacados de Chiguayante, para que el público estallara en aplausos mientras las cámaras, que transmitieron en directo su presentación vía streaming, enfocaron a varios jóvenes y adultos que se acomodaron como podían al interior del auditorio donde reinó el silencio durante los poco más de 20 minutos que duró su presentación.

“Pero las expectativas nunca se cumplen, ni las propias, ni las ajenas. Lo cual es bueno. Uno puede escuchar sin prejuicios, sin supuestos, sin exigencias y uno puede hablar también desde la espontaneidad”, recordó el biólogo y autor de El árbol del conocimiento (1984), antes de comenzar a hablar de “Amar educa”, el tema central de su ponencia.

El futuro de la humanidad

“Los niños, niñas y jóvenes se van a transformar con nosotros, con los mayores, con los que conviven, según sea esa convivencia. El futuro de la humanidad no son los niños, somos los mayores con los que se transforman en la convivencia”, dijo Maturana en la mitad de su presentación.

El biólogo se dio cuenta de lo sorprendidos que quedaron los auditores con esta aseveración y continuó: “Nosotros hoy somos el futuro de la humanidad. Los niños se transforman con nosotros. Van a reflexionar, van a mentir, van a decir la verdad, van a estar atentos a lo que ocurre, van a ser tiernos, si nosotros los mayores, con los que conviven, decimos la verdad, no hacemos trampa, o somos tiernos”, explicó.

Por lo tanto, el enseñar, como parte de la convivencia, es indicar, apuntar la mirada, guiar la reflexión, pero “en cualquier caso los niños se van a transformar con los mayores con los cuales conviven”, agregó el biólogo.

“Cuando decimos que amar educa, lo que decimos es que el amar como espacio que acogemos al otro, que lo dejamos aparecer, en el que escuchamos lo que dice sin negarlo desde un prejuicio, supuesto, o teoría, se va a transformar en la educación que nosotros queremos. Como una persona que reflexiona, pregunta, que es autónoma, que decide por sí misma”, sostuvo.

Maturana explicó que una de las cosas que surge del lenguaje es la conciencia. Y que existen dos preguntas fundamentales que los niños viven. Una de ellas es “¿mamá cómo se hace?, lo que revela que el niño quiere hacerlo bien. “Todos queremos hacer bien las cosas que sabemos y por eso preguntamos”, aclaró el biólogo.

Y la otra pregunta es la que le hace la mamá o el papá al niño: “¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?”. “Esa es una pregunta maravillosa, lleva la mirada sobre sí mismo. Abre el espacio de la reflexión”, dijo Maturana.

Y enfatizó: “Amar educa. Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas, nos damos tiempo para estar allí con el niño o niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable que va a escoger desde sí”.

Porque el acto de escoger es fundamental y constituye un acto de conciencia, aseguró el Premio Nacional de Ciencias Exactas. “El poder escoger lo que se hace, el poder escoger si uno quiere lo que escogió o no, ¿quiero hacer lo que digo que quiero hacer?, ¿me gusta estar dónde estoy?”, son algunas de las preguntas que aparecen”, explicó Maturana.

El origen de los problemas

En su ponencia, Maturana también abordó que los problemas humanos nunca son de inteligencia, sino corresponden a conflictos de emociones. “Son todos conflictos de deseos y se resuelven con la reflexión”, dijo el experto.

También explicó que los humanos hacemos teorías, es decir, constructos lógicos que se fundan en premisas básicas aceptadas a priori desde la emoción. Y para resolver las discrepancias con los otros “hay que ver las coherencias del ámbito en el cual estamos hablando”, agregó el Premio Nacional de Ciencias.

Si no nos podemos poner de acuerdo, es porque estamos en ambos teóricos distintos. Estamos argumentando desde premisas básicas diferentes. “Y la única solución es mirar desde donde estamos diciendo lo que estamos diciendo”, sostuvo Maturana.

En este tema, el ex académico del MIT fue consultado por uno de los asistentes sobre cómo transformar la política pública en educación que está volcada a los indicadores.

“Conversando”, respondió el experto y agregó que “El colegio de profesores se transformó a lo largo de la historia en un sistema gremial, pero en su origen era un sistema de reflexión académica sobre la educación. Un modo de conversar sobre lo que hacemos. Porque si no conversamos ¿qué diremos ante las autoridades gubernamentales?”, se preguntó.

Por lo tanto, lo que hoy hay que responder es “¿qué queremos con la educación”, dijo el biólogo. Es decir, saber si queremos formar jóvenes que se preparen para la competencia del mercado laboral o para una convivencia democrática, honesta, de mutuo respeto, en la colaboración, en la reflexión.

“Ese es nuestro tema, tenemos que conversar. Pero no tenemos que tratar la conversación como algo banal (…) Tenemos que atrevernos no en una huelga, sino en la conversación y la reflexión”, aseguró el Premio Nacional de Ciencias.

Amar educa

“Para que el amar eduque hay que amar y tener ternura. El amar es dejar aparecer. Darle espacio al otro para que tengan presencia nuestros niños, amigos y nuestros mayores”, sostuvo Maturana.

Por eso, la educación es la tarea más importante de un país. “Define el ámbito de convivencia en el que ese país se va constituyendo, momento a momento, día a día”, agregó el biólogo.

Como yo lo había mencionado anteriormente, en este ámbito la reflexión juega un rol fundamental porque permite mirar dónde estamos. “Si no reflexionamos vamos a caer en un fanatismo, en un ámbito de autoridad absoluta para el que otro obedezca”, aseguró Maturana.

Pero a nadie le gusta obedecer, porque es una negación de sí mismo. Sin embargo, en el colaborar “tengo presencia, soy libre, escojo”, lo que recordó que es importante aplicar en la crianza de los niños.

“La educación es una transformación en la convivencia y seguirá un camino u otro según la teoría desde las cuales actuemos. Las teorías no son superfluas, definen el espacio en el que nos movemos y las aceptamos. Pero si aceptamos las teorías aceptamos las premisas básicas desde donde se constituyen, de modo que tenemos que ser siempre, o deberíamos ser capaces, de preguntarnos las premisas básicas desde donde se construyen las teorías, el sistema lógico con el cual fundamentamos lo que hacemos”, concluyó el Premio Nacional de Ciencias.

Después de la guerra

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Todas las guerras acaban. Incluso cuando son contra un enemigo invisible que amenaza a los humanos como especie. La cuestión es cómo, cuándo, con qué sufrimiento y cuáles serán sus consecuencias.

Es difícil pensar en el día después cuando estamos sumidos en la angustia, confinados, enmascarados, sintiendo enfermedad y muerte alrededor. Y sin embargo, sabemos que en algún momento habrá un brote de alegría, de volver a sentir el placer del paseo, del juego, del abrazo, de la vida en las calles, en los parques, en las playas, en los bosques y en restaurantes a rebosar de fiesta. La vida, ahora en suspenso, retornará. Con el añadido de una nueva filosofía espontánea del placer infinito de las pequeñas cosas. Sentir la belleza de la vida sin más, apreciar el simple hecho de ser y de estar, de amar y ser amados, con un sentimiento nuevo de solidaridad como si siempre estuviéramos aplaudiendo a las ocho. Volverá la luz. Con sus ­tonos rosados de amanecer y rojizos de atardecer, con un aire fresco renovado porque dejamos de contaminar por un tiempo.

Podemos ir a una crisis económico-social o a una nueva cultura del ser, que es necesaria para sobrevivir

Nada volverá a ser como antes. Nosotros, todos, saldremos transformados de esta experiencia. Pero ¿habremos aprendido algo sobre nuestro modo de vivir, de producir, de consumir, de gestionar? ¿Sabremos interpretar esta brutal advertencia para prevenir otras pandemias, claramente posibles por nuestra interconexión global? ¿Y la catástrofe ecológica predicha por los científicos y cuyos signos se multiplican mientras los congresos se divierten? ¿Podemos rectificar colectivamente e institucionalmente la dinámica de autodestrucción en la que nos ­hemos metido? Nunca hemos tenido tanto conocimiento y nunca hemos sido tan irresponsables con su uso. Tal vez la posguerra sea el punto de inflexión que estábamos ­esperando.

Pero la posguerra será dura, todas lo son. Pasado el momento de euforia de disfrutar de las risas y juegos de nuestros niños en libertad habrá que enfrentar la realidad de una crisis económica y financiera que podría ser tan grave como la del 2008, con un aparato productivo dañado, un sistema sanitario exhausto, una cooperación europea en entredicho, una economía global desglobalizada de forma caótica, un resurgimiento del nacionalismo primitivo del cierre de fronteras contra el mal que viene de fuera, una proliferación de bulos dañinos, difundidos por poderes fácticos o mentes calenturientas, un orden geopolítico trastocado por la superioridad china en la respuesta a la crisis, mientras que la errática política de otros países habrá mostrado los destrozos de la ideología neoliberal en la vida de la gente.

Esa posguerra hay que prepararla desde ahora, porque la forma en que gestionemos la crisis, con prioridad absoluta a la salud de la población, hará más o menos difícil la reconstrucción. A una economía de guerra tendrá que sucederle una economía de posguerra, en la que el gasto público sea el motor de la recuperación, como lo ha sido en todas las posguerras. Pero que sólo se consolidará si se genera empleo y si la gente se siente segura y recupera su vida cotidiana.

La financiación de esa política expansiva, más allá del obligado endeudamiento, requerirá imaginación para crear una nueva arquitectura financiera y capacidad de gestión para operar una economía distinta, que no caiga en la trampa secular de una austeridad de servicios esenciales. Porque el Estado de bienestar es la fuente de productividad que es la fuente de riqueza. Pero también ­sería el momento de ensayar modelos no consumistas que conduzcan a la transición ecológica y cultural que tanto se proclama pero que se practica aún tímidamente. ¿Puede reactivarse la economía disminuyendo el consumo superfluo? Sólo si hay un cambio en los patrones de gasto, que faciliten la inversión, mantengan empleo e incrementen productividad.

Los servicios básicos (lo que se recortó en las políticas de austeridad destructivas) deberían ser no sólo el motor de la inversión sino también de la demanda. Y no habrá otra forma de financiarlo a largo plazo que mediante un aumento de la carga fiscal a grandes bolsas de acumulación de capital que hoy día tributan poco o nada. Reinventar la fiscalidad quiere decir superar el enfoque de gravar sobre todo a las personas o a las empresas para centrarse en una regulación impositiva del mercado global de capitales que hoy día ha perdido gran parte de su función productiva para incrementar sus ganancias mediante creación de valor virtual y crecientemente inestable. Una fiscalidad inteligente adaptada a nuestro tiempo podría a la vez generar recursos para gasto público de manera no inflacionista y regular los flujos globales de capital. Entre la desglobalización aventurada y la globalización descontrolada de capital hay margen para iniciativas coordinadas de los estados que asuman un control estratégico de la economía en un marco al menos europeo.

Esa economía debería, además de ser sostenible, incluir un Estado de bienestar desburocratizado y preparado para los choques venideros. Choques que serán tanto menos dañinos cuanto que vayamos encontrando un equilibrio entre producir, vivir y convivir. Convivir entre nosotros y con este maravilloso planeta azul que seguimos maltratando. Después de la guerra podemos desembocar en una espantosa crisis económico-social o en una nueva cultura del ser, sin la cual no sobreviviremos mucho tiempo.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20200328/48119609179/despues-de-la-guerra.html?fbclid=IwAR2D4IMm0n-AEYeNHCuqh23rZbRWoPlg8rSX1_zh821t560QsSsCklX5gkM

Descubren el sistema cerebral que anticipa el futuro

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Un modelo de pensamiento rápido y la lógica difusa procesan la probabilidad

El cerebro dispone de un sofisticado sistema para anticipar el futuro: necesita prepararnos para reaccionar ante cualquier eventualidad y, según una investigación realizada en el Instituto Max Planck (Alemania), lo consigue de forma rápida y con un consumo mínimo de energía.

Saber lo que va a pasar, ya sea inmediatamente o algo más tarde, es un factor crítico para la supervivencia, pero también algo cotidiano: necesitamos saber si va a llover mañana o estamos atentos al disparo que anuncia la salida en una carrera deportiva.

De forma no consciente, el cerebro realiza matemáticas complejas para procesar la información que procede del entorno a través de los sentidos.

Pero cuando se enfrenta a la eventualidad de prepararnos para el futuro, apura sus cálculos: no solo necesita saber qué va a ocurrir, sino también, y no menos importante, cuándo.

La nueva investigación ha descubierto cómo se las ingenia el cerebro para anticipar el futuro, ya sea en circunstancias normales o excepcionales: recurre a un sistema de pensamiento rápido y a la lógica difusa para que reaccionemos adecuadamente.

Pensamiento rápido y lógica borrosa

El sistema de pensamiento rápido es la forma más corriente que usa el cerebro para procesar información. Es instantáneo y consume muy poca energía. Es el sistema intuitivo y emocional.

Descrito por primera vez en 2011 por el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, este sistema nos permite, por ejemplo, saber que una cosa está más cerca que otra, caminar sin fijarnos, detectar alegría en la expresión de una persona, o leer, sin pretenderlo, un mensaje publicitario sencillo.

El cerebro recurre también a la lógica borrosa o difusa, una propiedad que es muy difícil de replicar informáticamente, pero que permite procesar información a partir de datos imprecisos: por ejemplo, cómo va a ocurrir algo y cuándo.

La lógica borrosa regula también la mayor parte de nuestras vidas: frecuentemente recibimos instrucciones como “gira un poco más a la derecha” y “no vayas tan rápido”.

Gracias a la lógica borrosa, nadie nos dirá: “muévete 28 cm en rumbo verdadero de 136º” o “reduce en 3,8 metros por segundo tu velocidad”. Aunque esos enunciados son genéricos, somos capaces de reaccionar con precisión y ajustar la marcha del coche en el sentido pretendido.

Densidad de probabilidad

Los investigadores del Instituto Max Planck han descubierto además que el cerebro se vale un modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad (FDP o PDF en inglés) para anticipar el futuro.

Este modelo permite al cerebro precisar con exactitud lo que va a pasar y cuándo. Asume que va a ocurrir independientemente del momento y realiza una estimación de cuándo va a tener lugar.

Distribuye la probabilidad de ocurrencia a través del tiempo en que puede producirse, para obtener una mayor seguridad en la precisión y disipar así la incertidumbre: ha determinado que el tiempo de reacción a un evento estocástico (no determinista) es proporcional al recíproco de su probabilidad.

Así nos prepara para cualquier eventualidad presente o futura, ya sea que la información sensorial proceda de la visión, de la audición o del sistema somatosensorial, que procesa estímulos relacionados con el tacto, la temperatura, la propiocepción (posición del cuerpo) y la nocicepción (dolor).

Entresijos cerebrales

El éxito del cerebro en la anticipación del futuro no depende solo del modelo utilizado, sino de la selección previa que ha debido realizar para cumplir su cometido.

En primer lugar, eligió el modelo de pensamiento rápido frente al modelo de pensamiento lento, también descrito por Kahneman.

Este segundo modelo es lógico y deliberativo, funciona muy despacio y consume mucha energía. Asociado a la experiencia, lo usamos para actividades mentales difíciles como los cálculos matemáticos complejos.

Cuando va a anticipar el futuro, el cerebro descarta este modelo y prefiere el sistema de pensamiento rápido porque lo que prima es acertar con rapidez algo que puede ocurrir.

En segundo lugar, el cerebro debió elegir también entre el modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad y una alternativa también disponible: el modelo tasa de riesgo, más conocido por su expresión inglesa Hazard ratio.

Cálculos complejos

Este segundo modelo, empleado comúnmente para medir el riesgo financiero, sirve para calcular la probabilidad solo ante una situación inminente. Hasta ahora se creía que era el usado por el cerebro para anticipar el futuro.

La nueva investigación ha comprobado sin embargo que el cerebro escoge la función de densidad de probabilidad porque le permite añadir a la información de qué va a ocurrir, el cuándo tendrá lugar.

Por último algo no menos sorprendente: a pesar de que el cerebro escoge un sistema de pensamiento rápido para anticipar el futuro, calcula algo muy complejo (el factor tiempo a través de la probabilidad), una función que corresponde al sistema de pensamiento lento.

Lo consigue a través de la lógica borrosa y confirma así que este sistema de pensamiento rápido es muy eficaz.

Es tan potente que sirve incluso para las tribus amazónicas que no conocen los números: su sistema de pensamiento rápido es capaz de procesar también una compleja información de probabilidad tal como lo hace nuestro cerebro, a pesar de que sus miembros no pueden saber si quiera la edad que tienen.

Fuente: https://invdes.com.mx/ciencia-ms/descubren-el-sistema-cerebral-que-anticipa-el-futuro/

¿Qué es una señal débil?

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What is a weak signal?

A weak signal is an indicator of a potentially emerging issue, that may become significant in the future. Weak signals supplement trend analysis and they can be used to expand on alternate futures.
WRITER

Author’s profile page:Mikko Dufva
LEADING SPECIALIST, FORESIGHT, SITRA
Fuente: https://www.sitra.fi/en/articles/what-is-a-weak-signal/

There are three ways to approach the future. The first is to identify the development trends that are clearly evident in the present and to consider their consequences. The assumption then is that some type of future can already be seen from the present and that we should currently focus on preparing for the coming changes. Therefore, it is appropriate to refer to this approach as preparing for the future.  is an example of this approach.

But what if the conceptual basis is that there is no clear picture of the future yet and that we are to build it together? This allows us to discuss the desired alternate futures and how they should be constructed. This approach can be referred to as the planning futures.  is an essential part of planning futures.

The third approach, which often receives less attention, is expanding on the futures. Its goal is to expand on the selection of futures and to challenge the assumptions made about the future. This is beneficial both to planning futures and preparing for them. With more identified futures, one encounters fewer surprising situations and preparing for them becomes easier. From a vast selection of futures, it may also be possible to discover desirable futures that one had not considered before.

Weak signals as expanders of futures

A weak signal is the first indicator of a change or an emerging issue that may become significant in the future. Weak signals are often identified as a part of horizon scanning (environmental scanning) that supplements trend analysis and can be used as a foundation for defining wild cards. In such instances, they are a part of preparing for the future.

Weak signals can also be used to highlight future assumptions, challenge our perceptions of futures and to expand the selection of alternate futures. In Sitra’s Weak Signals work, we emphasise this aspect of weak signals. Although weak signals also supplement Sitra’s megatrend and vision work, the specific aim is to imagine different types of futures, challenge our assumptions about the future and to increase future capacity (the ability to use foresight information and to consider several alternate futures).

Therefore, in addition to the analysis of weak signals that we detected and interpreted in 2018, we have also aimed to make the methods of adopting weak signals available for others’ future work. The methods may include, for example, questions that have been proved to be effective for challenging familiar futures, work templates for collective interpretation or methods for recognising and interpreting weak signals.

What actually is a weak signal?

A weak signal is an existing thing or phenomenon that can be interpreted as an indicator of potential greater change. It is useful to consider a weak signal as having three components:

  1. The thing or phenomenon itself
  2. The signal – the news items, photo, service, object, story or event that describes the subject
  3. The interpretation, which refers to how the signal is received, how it is linked to the interpreter’s own view and world view and how it is used.

Weak signals comprise the following characteristics:

  • Novelty: a weak signal is an indicator of something new or a new perspective on a known subject
  • Surprising: a weak signal is surprising to its interpreter
  • Challenging: a weak signal forces one to challenge existing assumptions and is therefore often difficult to detect or easy to overlook
  • Significance: a weak signal describes something that may have an impact on the future
  • Delay: a weak signal describes something that is not yet significant but requires time to mature

Similar concepts to weak signals include silent signals, seeds of change and advance warning indicators. Occasionally, wild cards and black swans are also associated with weak signals. However, they are more about a sudden event or phenomenon that may have generated weak signals.

How was the analysis of the weak signals completed?

There were three partly overlapping phases in analysing weak signals: collection, interpretation and packaging. The collection of weak signals began early in 2018. The signals were collected through media monitoring, workshops, blogs and Twitter accounts that cover the future and previously collected signal data. A more detailed listing of the sources is available at the end of this text. The goal was to compile a vast scale of different types of signals. Sitra’s foresight function played a big role in the collection.

The collected signals were classified and saved in a database. The classification was implemented using PESTEC categorisation (political, economic, social, technological, environmental and cultural signals), VERGE categorisation (signals associated with defining, relating, interacting, production and consumption) and free-format subject identifiers. The database is available here.

In addition to the work done by experts, signals were interpreted at three internal Sitra workshops, two foresight workshops, one workshop at a regional foresight seminar and at a National Foresight Network Foresight Monday event. The goal of the interpretation was to dive deeper into what an individual signal or collection of signals would mean from different perspectives. Additional signals were also collected at the workshops. The following different methods were used for interpretation and at the workshops:

  • Analysis of the cross-effects of the signals and formulating the results into “What if?” questions
  • The Thing from the Future game
  • Interpretation of the future using a person of the future
  • Future window method
  • Analysing signals based on surprise value, novelty and significance, using online software and discussing the results.

The results of the interpretation were packaged according to the PESTEC categories. The goal was to highlight the signal clusters and their potential impacts that were the most thought-provoking and expanded the most on futures. Diversity was also a focus when selecting signals and subjects. However, the selection is not intended to be a comprehensive description of all the potential weak signals.

In addition to the signals, the online articles and Weak Signals report to be published in early 2019 will include the questions, perspectives and methods that proved to be useful during the process. The aim is to help with the collection and interpretation of weak signals.

Database and sources

All collected signals are available for review in this Kumu database. The signals can be organised based on their PESTEC categories, articles and free-format subject identifiers. The signals include the link to the original news story or other written content about the topic.

The signals were collected from the following sources:

Signals collected by others

Magazines and reports

News and blogs

Social media

Events

Weak signals

The article is a part of Sitra’s Weak Signals work, which introduces surprising, indistinct but possible future paths of development. The aim of the work is to highlight assumptions about the future, challenge future perceptions and to expand the selection of potential future scenarios – and to offer tools for utilising weak signals. Read more here.

La distopía nuestra de cada día

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La distopía nuestra de cada día

En vez de comprender la verdad de nuestros errores, empujamos la basura bajo la alfombra

DAVID TRUEBA

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/03/09/opinion/1583761497_924258.html

Un policia antidisturbios griego desaloja las inmediaciones del puerto de Mitelene, Lesbos.

Un policia antidisturbios griego desaloja las inmediaciones del puerto de Mitelene, Lesbos. ÁLVARO GARCÍA

Se llevan las distopías, esas representaciones de un futuro alienado y hostil que invitan a mirar el presente como un eslabón doloroso entre un pasado ficticio pleno de felicidad y el porvenir fatal. Esa reinvención de lo vivido, que se filtra en las formas narrativas, invade también la esfera política, donde la nostalgia se ha convertido en un reclamo para el voto de los infelices. Parecen decirle a la gente: nosotros hemos fabricado la máquina del tiempo y te vamos a devolver al lugar que te mereces. Y no, la madurez consiste ni más ni menos en la aceptación del tiempo que te toca vivir. Por eso la distopía solo es interesante si se maneja como un juego de espejos con la realidad, a favor de la decencia y en contra de ese mirar para otro lado en el que nos hemos dejado arrastrar. Es decir, aceptar que toda ciencia ficción, todo relato histórico, toda pieza de época, de lo que habla es del presente en el que fue llevado a cabo.

Imaginen que el contagio del coronavirus se extiende por Europa de manera incontrolada mientras que en el continente africano, por las condiciones climáticas, no tiene incidencia. Aterradas, las familias europeas escaparían de la enfermedad de manera histérica, camino de la frontera africana. Tratarían de cruzar el mar por el Estrecho, se lanzarían en embarcaciones precarias desde las islas griegas y la costa turca. Perseguidos por la sombra de una nueva peste mortal tratarían de ponerse a salvo, urgidos por la necesidad. Pero al llegar a la costa africana, las mismas vallas que ellos levantaron, los mismos controles violentos y las fronteras más inexpugnables invertirían el poder de freno. Las fuerzas del orden norteafricanas dispararían contra los occidentales sin piedad, les gritarían: vete a tu casa, déjanos en paz, no queremos tu enfermedad, tu miseria, tu necesidad. Si los guionistas quisieran extremar la crueldad, permitirían que algunos europeos, guiados por las mafias extorsionadoras, alcanzaran destinos africanos, y allí los encerrarían en cuarentenas inhóspitas, donde serían despojados de sus pertenencias, de sus afectos, de su dignidad.

A esto se le llama la tragedia revertida y consiste sencillamente en tratar de ponerte en los zapatos del otro, del que sufre, del que huye, de los que no tienen nada porque las guerras y la miseria les han arrebatado el suelo donde crecieron. Todo el mundo sabe que la crisis sanitaria europea no tiene relación directa con el drama migratorio, y sin embargo, el estado de ánimo de los europeos sí relaciona ambas cosas. Por ello, toleramos la mano dura y la degradación de los valores humanos en la crisis de refugiados de la frontera greco-turca. La privatización del control migratorio, consumada con la entrega de millones de euros para que Turquía ejerza de muro previo, se ha vuelto en nuestra contra. Somos rehenes de una mafia que nos pide más dinero y nos chantajea con enviarnos las masas hambrientas en plena crisis de contención y autocontrol de movimientos. De la misma manera, mientras se lucha de manera esforzada y coherente desde los servicios públicos de salud por frenar el contagio, la privatización de hospitales, laboratorios e higiene sanitaria evidencia el error de bulto en nuestros cálculos sobre lo que significa el concepto de salud pública. Por ahora, en vez de comprender la verdad de nuestros errores, empujamos la basura bajo la alfombra.
El video que comenta este artículo La opinión de Carles Francino/ Virus y distopìa: https://www.youtube.com/watch?v=rE7BQLMLHlw

7 Nuevos modelos de negocio de la próxima década

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7 Nuevos modelos de negocio de la próxima década

Algunas de las innovaciones más potentes que se están produciendo hoy en día no implican tecnologías de vanguardia… sino más bien la creación de modelos de negocio fundamentalmente nuevos.

Durante la mayor parte de la historia, estos modelos fueron notablemente estables, dominados por unas pocas ideas clave, mejoradas por unas pocas variaciones importantes en estos temas.

En los años 20, fueron los modelos «cebo y anzuelo», en los que se atrae a los clientes con un producto inicial de bajo coste (el cebo: una navaja gratis) y luego se les obliga a comprar recambios interminables (el anzuelo: recambios de cuchillas).

En los años 50, fueron los «modelos de franquicia», de los que fue pionero McDonald’s. O tomemos los años 60, donde tenemos «hipermercados» como Walmart.

Pero con la llegada de Internet en los años 90, la reinvención del modelo de negocio entró en un período de crecimiento radical.

En menos de dos décadas, hemos visto cómo los efectos de la red han dado lugar a nuevas plataformas en un tiempo récord, el bitcoin y la cadena de bloques han socavado los modelos financieros existentes de «terceros de confianza», y la financiación en masa y las OIC han hecho fracasar las formas tradicionales de captación de capital.

Ahora estamos presenciando 7 modelos emergentes que redefinirán el negocio en las próximas décadas.

Y hoy en día, mientras que innumerables empresas están ancladas por una mentalidad de mantenimiento -competencia únicamente en la ejecución operacional- es más vital que nunca aprovechar estos modelos de negocio para el éxito en la década de 2020.

Cada uno de ellos es una nueva y revolucionaria forma de crear valor; cada uno es una fuerza de aceleración.

Vamos a sumergirnos

7 Modelos de Negocios para Gobernar la Década

(1) La Economía de la Multitud: Crowdsourcing, crowdfunding, ICOs, activos apalancados y personal a demanda, todos los desarrollos que apalancan los miles de millones de personas que ya están en línea y los miles de millones que están por llegar.

Todos ellos han revolucionado la forma en que hacemos negocios. Sólo hay que considerar los activos apalancados, como los vehículos de Uber y las salas de Airbnb, que han permitido a las empresas escalar a gran velocidad. Estos modelos de economía de masas también se apoyan en el personal a demanda, que proporciona a la empresa la agilidad necesaria para adaptarse a un entorno rápidamente cambiante. Y es todo, desde los microtrabajadores que están detrás del Turco Mecánico de Amazon en el extremo inferior, hasta los servicios de científicos de datos a pedido de Kaggle en el extremo superior.

Ejemplo: Airbnb se ha convertido en la mayor «cadena de hoteles» del mundo, pero no posee ni una sola habitación de hotel. En su lugar, aprovecha (es decir, alquila) los activos (habitaciones de repuesto) de la multitud, con más de 6 millones de habitaciones, pisos y casas en más de 81.000 ciudades de todo el mundo.

(2) La economía de la gratuidad/datos: Esta es la versión de plataforma del modelo «bait and hook», esencialmente cebando al cliente con el acceso gratuito a un servicio genial y luego haciendo dinero con los datos recogidos sobre ese cliente. También incluye todos los desarrollos impulsados por la gran revolución de los datos, que nos está permitiendo explotar la micro-demografía como nunca antes.

Ejemplo de ello: Facebook, Google, Twitter: hay una razón por la que este modelo ha transformado a las nuevas empresas de dormitorios en superpotencias globales. Las consultas de búsqueda diarias de Google han aumentado de 500.000 en 1999, a 200 millones en 2004, a 3.000 millones en 2011, a 5.600 millones en la actualidad. Aunque cada vez más usuarios son conscientes de los valiosos datos que intercambian a cambio del servicio de búsqueda «gratuito» de Google, es probable que este modelo de probada eficacia siga teniendo éxito en la década de 2020.

(3) La economía de la inteligencia: A finales del siglo XIX, si se quería tener una buena idea para un nuevo negocio, todo lo que se necesitaba era tomar una herramienta existente, digamos un taladro o una tabla de lavar, y añadirle electricidad, creando así un taladro eléctrico o una lavadora.

En la década de 2020, la IA será la electricidad. En otras palabras, tomar cualquier herramienta existente y añadir una capa de inteligencia. Así, los teléfonos móviles se convertirán en teléfonos inteligentes y los altavoces estéreo en altavoces inteligentes y los coches se convertirán en vehículos autónomos.

Ejemplo: Todos conocemos los grandes nombres que incorporan la IA a sus modelos de negocio, desde Amazon a Salesforce. Pero cada día surgen más empresas de IA: 965 compañías relacionadas con la IA en Estados Unidos recaudaron 13.500 millones de dólares en capital de riesgo en los primeros nueve meses del año pasado, según la Asociación Nacional de Capital de Riesgo. La más valorada de todas ellas es Nuro, un servicio de reparto de comestibles sin conductor valorado en 2.700 millones de dólares. Se espera que la IA continúe transformando la mayoría de los negocios en la década de 2020.

(4) Economías de circuito cerrado: En la naturaleza, nada se desperdicia. El detritus de una especie siempre se convierte en la base para la supervivencia de otra especie. Los intentos humanos de imitar estos sistemas totalmente libres de desechos han sido apodados «biomimetismo» (si se habla de diseñar un nuevo tipo de producto) o «cradle-to-cradle» (si se habla de diseñar un nuevo tipo de ciudad) o, más simplemente, «economías de circuito cerrado». Estos modelos serán cada vez más frecuentes con el aumento de los consumidores conscientes del medio ambiente y los beneficios de coste de los sistemas de circuito cerrado.

Ejemplo: El Banco de Plástico, fundado en 2013, permite a cualquiera recoger residuos de plástico y dejarlos en un «banco de plástico». Al recolector se le paga por la «basura» en cualquier cosa, desde dinero en efectivo hasta tiempo de WiFi, mientras que el banco de plástico clasifica el material y lo vende al reciclador apropiado, cerrando así un bucle abierto en el ciclo de vida del plástico.

(5) Organismos Autónomos Descentralizados (OAD): En la convergencia de la cadena de bloques y la IA se encuentra un tipo de compañía radicalmente nueva, sin empleados, sin jefes y con una producción ininterrumpida. Un conjunto de reglas preprogramadas determina cómo funciona la empresa, y las computadoras hacen el resto. Una flota de taxis autónomos, por ejemplo, con una capa de contratos inteligentes respaldados por una cadena de bloques, podría funcionar las 24 horas del día, los 7 días de la semana, incluyendo la conducción al taller de reparaciones para su mantenimiento, sin ninguna participación humana.

Ejemplo de ello: Mientras que los DAOs apenas están empezando a surgir, la plataforma DAOstack está trabajando para proporcionar a estos negocios herramientas para el éxito, incluyendo incentivos criptoeconómicos confiables y protocolos de gobernabilidad descentralizados. DAOstack tiene como objetivo crear negocios donde la única influencia externa es el cliente.

(6) Múltiples Modelos Mundiales: Ya no vivimos en un solo lugar. Tenemos personajes del mundo real y personajes en línea, y esta existencia deslocalizada sólo se va a expandir. Con el surgimiento de la realidad aumentada y la realidad virtual, estamos introduciendo más capas en esta ecuación. Tendrá avatares para el trabajo y avatares para el juego, y todas estas versiones de nosotros mismos son oportunidades para nuevos negocios.

Ejemplo: Second Life, el primer mundo virtual creado en 2003, dio lugar a una economía multimillonaria. La gente pagaba a otras personas para que diseñaran ropa digital y casas digitales para sus avatares digitales. Cada vez que añadimos una nueva capa a los estratos digitales, también estamos añadiendo una economía entera construida sobre esa capa, lo que significa que ahora estamos llevando a cabo nuestro negocio en varios mundos a la vez.

(7) Economía de la Transformación: La Economía de la Experiencia se trataba del intercambio de experiencias, así que Starbucks pasó de ser una franquicia de café a un «tercer lugar». Es decir, ni casa ni trabajo, sino un «tercer lugar» en el que vivir tu vida. Comprar una taza de café se convirtió en una experiencia, una especie de parque temático cafeinado. La siguiente iteración de esta idea es la Economía de la Transformación, donde no sólo estás pagando por una experiencia, sino que estás pagando para que tu vida sea transformada por esta experiencia.

Ejemplo: Las primeras versiones de este modelo pueden verse en el auge de los «festivales de transformación» como Burning Man, o las compañías de fitness como CrossFit, donde la experiencia es generalmente mala (te ejercitas en viejos almacenes), pero la transformación es grande (la persona en la que te conviertes después de tres meses de ejercitarte en esos almacenes). Los consumidores ya no buscan experiencias meramente placenteras, sino que buscan desafíos que transformen.

Pensamientos finales: Lo que todo esto nos dice es que el negocio de siempre se está convirtiendo en algo inusual.

Y para las empresas existentes, como explicó Clayton Christensen de Harvard, esto ya no es opcional: «La mayoría [de las organizaciones] piensan que la clave del crecimiento es el desarrollo de nuevas tecnologías y productos». Pero a menudo esto no es así. Para desbloquear la próxima ola de crecimiento, las empresas deben incorporar estas innovaciones en un nuevo modelo de negocio perturbador».

Y para los que estamos fuera de estos modelos disruptivos, nuestra experiencia será mejor, más barata, más rápida.

Los nuevos modelos de negocios con mejor significado hacen lo que todos los modelos de negocios hacen: resolver los problemas de la gente en el mundo real mejor que nadie.

Más barato es obvio. Con la desmonetización en marcha, los clientes – y eso significa todos nosotros – esperan más por menos.

Pero el verdadero cambio es el cambio final: más rápido. Los nuevos modelos de negocio ya no son fuerzas para la estabilidad y la seguridad. Para competir en el clima acelerado de hoy en día, estos modelos están diseñados para la velocidad y la agilidad.

Lo más importante es que nada de esto está en peligro de desaceleración.

(Nota #1: Este blog proviene de The Future is Faster Than You Think – mi próximo libro, que se publicará en DOS DÍAS el 28 de enero de 2020. Inscríbete aquí para recibir actualizaciones!

Fuente: email recibido de Peter Diamandis peter@diamandis.com 26 ene. 2020 14:07, tambien puede leerlo en  Diamandis.com

Traducción realizada por Lucio Mauricio Henao

Anticipación del futuro

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Descubren el sistema cerebral que anticipa el futuro

Un modelo de pensamiento rápido y la lógica difusa procesan la probabilidad

El cerebro recurre a un sistema de pensamiento rápido para calcular la probabilidad de que algo ocurra y cuándo tendrá lugar. Realiza cálculos complejos de forma intuitiva gracias a la lógica difusa. Por Eduardo Costas y Eduardo Martínez (*).

El tiempo de reacción a un evento estocástico (no determinista) es proporcional al recíproco de su probabilidad. Imagen: Georgios Michalareas. Max Planck Institute for Empirical Aesthetics.
El cerebro dispone de un sofisticado sistema para anticipar el futuro: necesita prepararnos para reaccionar ante cualquier eventualidad y, según una investigación realizada en el Instituto Max Planck (Alemania), lo consigue de forma rápida y con un consumo mínimo de energía.

Saber lo que va a pasar, ya sea inmediatamente o algo más tarde, es un factor crítico para la supervivencia, pero también algo cotidiano: necesitamos saber si va a llover mañana o estamos atentos al disparo que anuncia la salida en una carrera deportiva.

De forma no consciente, el cerebro realiza matemáticas complejas para procesar la información que procede del entorno a través de los sentidos.

Pero cuando se enfrenta a la eventualidad de prepararnos para el futuro, apura sus cálculos: no solo necesita saber qué va a ocurrir, sino también, y no menos importante, cuándo.

La nueva investigación ha descubierto cómo se las ingenia el cerebro para anticipar el futuro, ya sea en circunstancias normales o excepcionales: recurre a un sistema de pensamiento rápido y a la lógica difusa para que reaccionemos adecuadamente.

Pensamiento rápido y lógica borrosa

El sistema de pensamiento rápido es la forma más corriente que usa el cerebro para procesar información. Es instantáneo y consume muy poca energía. Es el sistema intuitivo y emocional.

Descrito por primera vez en 2011 por el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, este sistema nos permite, por ejemplo, saber que una cosa está más cerca que otra, caminar sin fijarnos, detectar alegría en la expresión de una persona, o leer, sin pretenderlo, un mensaje publicitario sencillo.

El cerebro recurre también a la lógica borrosa o difusa, una propiedad que es muy difícil de replicar informáticamente, pero que permite procesar información a partir de datos imprecisos: por ejemplo, cómo va a ocurrir algo y cuándo.

La lógica borrosa regula también la mayor parte de nuestras vidas: frecuentemente recibimos instrucciones como “gira un poco más a la derecha” y “no vayas tan rápido”.

Gracias a la lógica borrosa, nadie nos dirá: “muévete 28 cm en rumbo verdadero de 136º” o “reduce en 3,8 metros por segundo tu velocidad”. Aunque esos enunciados son genéricos, somos capaces de reaccionar con precisión y ajustar la marcha del coche en el sentido pretendido.

Densidad de probabilidad

Los investigadores del Instituto Max Planck han descubierto además que el cerebro se vale un modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad (FDP o PDF en inglés) para anticipar el futuro.

Este modelo permite al cerebro precisar con exactitud lo que va a pasar y cuándo. Asume que va a ocurrir independientemente del momento y realiza una estimación de cuándo va a tener lugar.

Distribuye la probabilidad de ocurrencia a través del tiempo en que puede producirse, para obtener una mayor seguridad en la precisión y disipar así la incertidumbre: ha determinado que el tiempo de reacción a un evento estocástico (no determinista) es proporcional al recíproco de su probabilidad.

Así nos prepara para cualquier eventualidad presente o futura, ya sea que la información sensorial proceda de la visión, de la audición o del sistema somatosensorial, que procesa estímulos relacionados con el tacto, la temperatura, la propiocepción (posición del cuerpo) y la nocicepción (dolor).

 

Entresijos cerebrales

El éxito del cerebro en la anticipación del futuro no depende solo del modelo utilizado, sino de la selección previa que ha debido realizar para cumplir su cometido.

En primer lugar, eligió el modelo de pensamiento rápido frente al modelo de pensamiento lento, también descrito por Kahneman.

Este segundo modelo es lógico y deliberativo, funciona muy despacio y consume mucha energía. Asociado a la experiencia, lo usamos para actividades mentales difíciles como los cálculos matemáticos complejos.

Cuando va a anticipar el futuro, el cerebro descarta este modelo y prefiere el sistema de pensamiento rápido porque lo que prima es acertar con rapidez algo que puede ocurrir.

En segundo lugar, el cerebro debió elegir también entre el modelo de pensamiento rápido llamado función de densidad de probabilidad y una alternativa también disponible: el modelo tasa de riesgo, más conocido por su expresión inglesa Hazard ratio.

Cálculos complejos

Este segundo modelo, empleado comúnmente para medir el riesgo financiero, sirve para calcular la probabilidad solo ante una situación inminente. Hasta ahora se creía que era el usado por el cerebro para anticipar el futuro.

La nueva investigación ha comprobado sin embargo que el cerebro escoge la función de densidad de probabilidad porque le permite añadir a la información de qué va a ocurrir, el cuándo tendrá lugar.

Por último algo no menos sorprendente: a pesar de que el cerebro escoge un sistema de pensamiento rápido para anticipar el futuro, calcula algo muy complejo (el factor tiempo a través de la probabilidad), una función que corresponde al sistema de pensamiento lento.

Lo consigue a través de la lógica borrosa y confirma así que este sistema de pensamiento rápido es muy eficaz.

Es tan potente que sirve incluso para las tribus amazónicas que no conocen los números: su sistema de pensamiento rápido es capaz de procesar también una compleja información de probabilidad tal como lo hace nuestro cerebro, a pesar de que sus miembros no pueden saber si quiera la edad que tienen.

(*) Eduardo Costas es Catedrático de Genética en la Universidad Complutense de Madrid. Eduardo Martínez de la Fe, filósofo y periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

 

Referencias

The anticipation of events in time. Matthias Grabenhorst et al. Nature Communications volume 10, Article number: 5802 (2019). DOI :https://doi.org/10.1038/s41467-019-13849-0

Numbers and the Making of Us: Counting and the Course of Human Cultures. Calet Everett. Harvard University Press. 2019.

Thinking, Fast and Slow. Daniel Kahneman. Farrar, Straus and Giroux. 2011.

Creada la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de España

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LA PROSPECTIVA DE PAÍS COMO TRANSFORMADOR DEL PRESENTE

Firmado por: ANDRÉS MONTERO   viernes 17 enero 2020 Presidente de la Fundación Concepto. Prospectivista, ha dedicado 20 años al estudio del futuro y la innovación. Pionero en la implantación de metodologías…

 El recién constituido Gobierno de Pedro Sánchez en España ha abordado entre sus primeras decisiones la creación de una Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País, que dependerá directamente de la Presidencia del Gobierno. Es una de esas iniciativas llamativas en la forma, y seductoras por la mística que siempre rodea a los conceptos de prospectiva y de estrategia, que puede traducirse en un desarrollo meramente testimonial y cosmético, o bien convertirse en un motor para la transformación social, un mecanismo poderoso para elaborar el andamiaje sobre el que empezar a construir futuribles alineados con los intereses estratégicos de un país a largo plazo.

El mero concepto de las oficinas nacionales de prospectiva, denominadas genéricamente en inglés foresight units, no representa una novedad radical, aunque la utilización que se haga de ellas sí puede aportar sustantivos avances no sólo en la manera que tiene un país de conducirse en los escenarios globales sino, aunque parezca sorprendente a primera vista, en la propia definición que tenga ese país de sí mismo en el presente: para construir un futuro deseado, primero hay que partir de un diagnóstico del presente, de una definición del punto desde el que arrancarán los futuribles que la prospectiva ayudará a proyectar.

Las oficinas de prospectiva incardinadas en las administraciones públicas ya llevan años funcionando en países de Europa o Latinoamérica, con mayor o menor influencia en la materialización de políticas transformadoras. Es cierto que muchas de las experiencias han estado demasiado ancladas en la prospectiva tecnológica y científica, sin alcanzar (como parece ser la nueva intención española) a conformar una visión transformadora de todo un país.

Por lo que respecta a unidades con propósito integrador y comprehensivo de políticas públicas, y no sólo tecnológicas o científicas, en Francia disponen desde 2013 del Comisariado General de Estrategia y Prospectiva; en Reino Unido tienen el Horizon Scanning Programme Team, que integra esfuerzos prospectivos de varios departamentos ministeriales; en la Comisión Europea opera desde 2014 el European Political Strategy Centre, con misiones de prospectiva estratégica.

En el terreno más científico y tecnológico, donde ha sido más habitual encontrar estas oficinas asociadas a la gobernanza de un país, en Colombia ha venido funcionando el Programa Nacional de Prospectiva, adscrito al organismo público Colciencias; en Argentina, la Subsecretaría de Estudios y Prospectiva, adscrita al Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación; en Brasil iniciaron en 1998 el Proyecto Brasil 2020, dirigido por la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República.

El nuevo proyecto español se plantea un horizonte más relacionado con el progreso transformador para aportar valor diferencial a escala global que con la dedicación de la prospectiva exclusivamente al progreso tecnológico y científico; por más que este progreso sectorial, igual que otros, formen parte de las innovaciones que deben incumbir a cualquier iniciativa de prospectiva de país. De hecho, la tecnológica o científica, como vemos, ha venido siendo protagonista en la mayoría de los países, y España en eso no ha sido distinta, por ejemplo, a Colombia o Argentina, al disponer del Observatorio de Prospectiva Tecnológica Industrial, entre otras iniciativas departamentales.

Ahora, por tanto, la novedad es asumir la prospectiva no como un esfuerzo específico de una dimensión concreta del conocimiento y del progreso sociales (ciencia o tecnología), sino como un conjunto de metodologías para vehicular políticas transformadoras que contribuyan, primero, a definir, y después a servir de brújula en la construcción de un futuro para el país; es decir, para llevarlo de un escenario de partida en el presente a otro de progreso en el futuro, futuro que en el proyecto español se ha establecido con un horizonte de 30 años.

En este contexto, aparece un elemento que probablemente no ha sido planificado ni explícito, siquiera imaginado, en la ideación de la nueva Oficina Nacional, pero que muestra trazas de ser todo menos casual, de haberse gestado como resultado de dinámicas transformadoras que ya están subyacentes en el país y que están pidiendo mirar al futuro no para contemplarlo, sino para construirlo. Ese elemento es que el proyecto anunciado aparece en un momento que muchos observadores y analistas están contemplando en lo social y lo político como una ‘segunda transición’. No parece que sea casualidad que el primer Instituto Nacional de Prospectiva en España se constituyera, también con adscripción a Presidencia del Gobierno, durante el mandato de Adolfo Suárez, quien fuera llamado a pilotar la denominada Transición española a la democracia, que siempre ha sido reconocida como un modelo para países hermanos en Latinoamérica que atravesaron procesos político-sociales similares.

Es cierto que la oficina de Suárez estaba más centrada en la planificación económica, y que la iniciativa del presidente Sánchez tiene, al menos intencionalmente, un enfoque integral de políticas transformadoras; también que la transición a la democracia desde la Constitución Española de 1978 no es equiparable a la alegoría presente de la segunda transición, vinculada sobre todo al modelo territorial, a un nuevo escenario productivo-laboral, a la transición ecológica, a los nuevos derechos civiles y, principalmente, a una nueva política centrada en la justicia social.

Sin embargo, no deja de ser evocador contemplar cómo la primera foresight unit integral de la Presidencia del Gobierno 2020 llega en un momento de visible transición, igual que emergió en 1979 la Oficina de Prospectiva del Gobierno: entonces en la transición a la democracia; ahora, en un momento en el que en España están debatiéndose intensamente modelos de transformaciones sociales y políticas hacia un futuro más o menos cercano.

Es interesante este paralelismo, aunque sea simbólico, entre los gobiernos de Suárez y Sánchez; entre la transición a la democracia de 1978 y la transición al futuro de 2020; porque la elaboración de una ‘Estrategia España 2050’, que probablemente será el primer producto a cargo de la nueva oficina, tendrá que comenzar definiendo al país en el presente pero, sobre todo, cómo se pretende que vaya transitando hacia el futuro. Y esa tarea puede hacerse limitándose a cubrir el expediente, elaborando una estrategia que sea correcta y admisible en lo formal; o puede desarrollarse con profundidad metodológica y alcance transformador.

Puede parecer paradójico, pero la prospectiva es más una transformación del presente que del futuro, pues el futuro todavía está por venir y el presente, en cuanto se define, ya se está transformando. Porque es, ante todo, un conjunto de metodologías dispuestas para construir un futuro, no únicamente para planificarlo. En esa construcción, mediante una serie de técnicas se recrean varios futuros posibles (futuribles), y se pone la brújula rumbo al más deseable; pero sobre todo se establece qué recursos, de qué manera y mediante qué actores se maximizará la probabilidad de que al final del camino el futuro planificado como objetivo deseable sea, efectivamente, el futuro posible. Esto implica, por tanto, tener un idea inicial de país y una visión más o menos nítida del horizonte hacia el que se le pretende conducir, articulando las políticas transformadoras necesarias para lograrlo, así como los mecanismos para gestionar las desviaciones e imponderables que toda construcción del futuro desde un presente debe, en la medida de lo factible, intentar anticipar.

De esta forma, el reto puede no ser tan formidable mirando hacia el futuro al que se quiere llegar como definiendo el presente desde el que se pretende partir. Pongamos, por ejemplo, el modelo territorial como un eje vertebrador de la transición de España (o de cualquier otro país) hacia su futuro; también podrían traerse a colación la transición ecológica, o la evolución de la propia democracia como espacio de ejercicio de derechos y libertades.

Es evidente que el futuro de España en un escenario global, por ejemplo en sus relaciones con cuatro de sus polos prioritarios de política exterior (Latinoamérica, Norte de África/Mediterráneo, Unión Europea y espacio transatlántico), estará condicionado por cómo defina y articule la prospectiva de su modelo territorial. La eventual Estrategia España 2050 lo tendrá relativamente sencillo para definir el punto de partida en este modelo (el Estado de las Autonomías), ¿pero será capaz de establecer cómo evolucionará ese modelo en el corto y medio plazo? Este eje evolutivo de España no es baladí y, al igual que otros, tiene que ser al menos vislumbrado en un ejercicio de prospectiva, puesto que los actores políticos e institucionales, además de sus estrategias, intenciones y capacidades, son ingredientes ineludibles en cualquier modelo prospectivo que tenga unas mínimas pretensiones metodológicas de capacidad predictiva y transformadora.

Es bien posible introducir escenarios diversos que contemplen las posibles evoluciones de las políticas transformadoras a aplicar en función de si el modelo territorial evoluciona hacia un autonomismo ampliado y reforzado, hacia una monarquía federal o hacia cualquier otra propuesta. Lo más relevante es no dejarse ninguna posibilidad fuera del marco de planificación, al menos de las que sean visibles, puesto que los sucesos imprevistos siempre acaban llegando para poner a prueba la capacidad anticipativa del juego de escenarios que se ha proyectado.

Fuente: Agenda Pública / Agenda Política / El País